


Sugiere Alejandro García Galán, en el Prólogo de “Poemas para hablar con Dios” (agosto de 1982), que, más que buscar el poeta a Dios, es Dios quien le busca a él: “Hoy vino Dios a hablar hondo conmigo...”. Después se quedará el Señor en su templo interior: “y miro a Dios y lo veo / dentro de mí florecido”. El poeta lo recibe gustoso: “y con Él me acompaño. Los dos juntos / hablamos con la hormiga y con la estrella...”.
Y es que, según García Galán, “su Dios está en el que trabaja, en el que lucha, en el que sufre..., o en el fruto que la tierra nos ofrece.” Por esta presencia divina en la naturaleza nos interesaremos hoy, a través de tres espirituales poemas: “Primavera”, “Padrestiércol” y “Ciprés”. No olvidemos que, aunque inicialmente los versos de Lencero fueron de elevada religiosidad, en su etapa combativa, de lucha profética contra la injusticia y la explotación, centró en el hombre el discurso y Dios se hizo el dormido en lo más recio de la tempestad. Nos aclara seguidamente el prologuista:
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La escultura con tres cabezas que estamos contemplando, llamada popularmente "LOS TRES POETAS", está situada, desde 2003, en la ciudad de Badajoz, a orillas del Guadiana. Su monumentalidad es notable: pesa más de 70 toneladas y está enclavada en el centro de una bella fuente y una amplia rotonda. Se compone fundamentalmente de tres bustos de bronce con pátina verde y relieve rugoso.
En esta original y dramática escultura de Luis Martínez Giraldo está representada la cabeza de tres queridos poetas extremeños de la segunda mitad del siglo XX: Jesús Delgado Valhondo (1909-1993), Manuel Pacheco (1920-1998) y Luis Álvarez Lencero (1923-1982). Como podemos observar por las fechas, Álvarez Lencero (el primero de la izquierda) era el más joven y murió el primero. Y un dato curioso: Manuel Pacheco, fallecido en 1998, pidió que sus cenizas fueran arrojadas al Guadiana ("mi río tiene nombre de mujer y se llama Guadiana").
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El mismo año que publica Lencero “Poemas para hablar con Dios" (1982), da a conocer otro interesante poemario. Su tema estrella son los versos que dan título al libro: “Humano”. Catorce cuartetos constituyen el sólido andamiaje de este extraordinario poema que tuvo que ser compuesto en fechas próximas a su publicación, pues por la estrofa 6ª se desliza el siguiente desahogo espiritual: “La paciencia es la humilde compañera / que con la enfermedad Dios me regala, / y en mi mano o mi pie me nace un ala / siempre que miro al cielo que me espera.”
A raíz del éxito obtenido en 1971 por sus versos (poemario “Juan Pueblo”) y su obra escultórica (exposición madrileña en la Sala Círculo 2) decidió trasladarse a la capital donde pensaba triunfar, sobre todo en la creación de esculturas de hierro. Como trabajador del Instituto Nacional de Previsión, le dieron plaza en Colmenar Viejo, muy próximo a Madrid, en 1973. Y allí, mortal cornada, el cáncer de pulmón le hirió de muerte.
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A Juan Antonio Espinosa, vecino y amigo, al ir conociendo, a través del blog, la poesía mística de María Ángeles Gómez Pascual (pulsar), no se le iban del pensamiento versos de su amigo pacense Luis Álvarez Lencero, escultor y poeta fallecido en 1983, que sobre todo en sus últimos años, herido por una enfermedad dolorosa y terminal, había regresado a la poesía espiritual de sus primeros poemarios: "El surco de la sangre" (1953) y "Sobre la piel de una lágrima" (1957); aunque se puede percibir una notable evolución desde la expresión surrealista de aquellos primeros versos y la escritura última, más serena, más popular, más cercana... Como la literatura de Lencero apenas es conocida, sobre todo la de sus últimos años, parece obligado dar a conocer en Religión Digital algo de su interesante obra, sobre todo la de temas trascendentes.
En fechas próximas a su fallecimiento, como testamento literario y amoroso, se publicaron en 1982 "Poemas para hablar con Dios" y "Humano". Me ha acercado Juan Antonio la edición del primer título, y conoceremos, ya hoy, alguno de sus hermosos poemas. El retrato de Álvarez Lencero que preside el post está escaneado de la fotocopia de uno de los dibujos que ilustran "Poemas para hablar con Dios", y es obra del excelente pintor Antonio Gallego Cañamero (Don Benito 1936).

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Cerraremos hoy la quincena que hemos dedicado a Gastón Baquero con motivo del aniversario de su nacimiento (4 de mayo de 1914) y muerte (15 de mayo de 1997). Conoceremos un nuevo importante poema, "El hombre habla de sus vidas anteriores", incluido en 1984 en la antología "Magias e invenciones".
En esta despedida, me gustaría transcribir unos párrafos de Francisco Brines, antólogo de sus versos (Pre-Textos 2002), cuando, refiriéndose al poeta cubano, apunta respuestas existenciales frente al tema de Dios, el sufrimiento, la muerte:
“Hay un misterio que se oculta en los sucesos de cada día o en las cosas más sencillas, y que se descubre desde el gozo... Pero está ese otro Misterio del desvanecimiento de nuestra existencia, la emocionante mirada que dirigimos, desde nuestra ignorancia, a ese cielo que puede ser Dios o la Nada, la presencia secular del sufrimiento humano, la rebeldía impotente ante la muerte inesquivable. Baquero no denuncia, testimonia el desconcierto, y nos dice que la soledad del hombre es, en su indefensión, merecedora de un respeto sagrado.”
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Mañana, 15 de mayo, se celebra el décimoquinto aniversario del fallecimiento, aquí en Madrid celebrando a san Isidro, de Gastón Baquero, que padeció los últimos 36 años de su vida exiliado definitivamente de su amada Cuba. Los que le conocieron le describen físicamente con rasgos muy precisos: "De talla gigantesca, moreno de piel..., alto, ancho generoso..." (Pedro de Lorenzo). "Alto, simpático y mulato. Un gran hombretón cordial..." (Luis Antonio de Villena).
Detrás de esa impactante fachada, reposaba plácidamente un ser muy sensible, magnífico periodista, excelente poeta. Le gustaba investigar la vida y la reflejaba con lucidez en sus crónicas. Pero, al escribir versos, se sentía desbordadamente libre: "Magias e invenciones" (1984) se ha titulado una importante antología de su obra lírica.
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En el interior del poemario al que nos hemos asomado últimamente, “Memorial de un testigo” (pulsar), destaca “Fanfarria en honor del Escorial”, al que dedicaremos el post de hoy. Residente Gastón Baquero, a lo largo de casi cuatro décadas, en Madrid y muy aficionado al arte y especialmente a la música, no es de extrañar que asistiese alguna vez en San Lorenzo de El Escorial, situado tan solo a cincuenta quilómetros de la capital, a conciertos musicales en su Basílica y, muy especialmente, a conciertos de órgano.
En los versos de hoy, aunque nos acercan a una época distante más de dos siglos, construye el poeta un vibrante himno (“¡Arriba está el Señor! ¡Todo es júbilo!”), dejándose llevar por alegría de adoración al Dios de la Vida, arrobamiento místico de quien, desde el alma, escucha armomías más celestes que humanas (“La música los ha tornado arcángeles”). Al fervoroso himno que vamos a conocer se le puede incluir en la descripción que leemos en la solapa de “Memorial de un testigo”: “Son, en su mayoría, poemas compuestos sobre una experiencia meramente auditiva o de fantasía, pero a la que no es ajena la sinceridad, el calor humano y el patetismo...”
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07.05.12 @ 07:00:00. Archivado en Pareja, Poesía


Comprometido con el gobierno de Batista, tuvo que exiliarse Gastón Baquero en 1959. Lo hizo a la España de Franco, que le acogió con respeto y oportunidades. El escritor cubano no abandona el periodismo y hasta colabora activamente en Radio Exterior de España... Pero lo más importante: regresa a la poesía, una poesía nueva “que da a su verso la mayor reciedumbre ética y metafísica.” (José Olivio).
Dará a conocer “Poemas escritos en España” (1960) y, sobre todo, “Memorial de un testigo” (Adonais 1966), cuyo punto de partida es, a juicio del editor en la solapa del poemario, “que el poeta actúa sencillamente como un testigo, que mezcla lo cotidiano y lo mágico”. Tan exquisita publicación pasó casi por completo ignorada. La izquierda antifranquista, que admiraba con ojos cerrados el proceso revolucionario de Cuba, prefirió desconocer los inteligentes, humanos, críticos versos de Baquero. Eso que siempre tuvo buen cuidado el poeta habanero de alejar sus versos de la batalla política.
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El año del triunfo de la revolución castrista (1959) Gastón Baquero, escoltado por tres embajadores, se exilia a España. Y el periodista escritor recupera la lírica, y da a conocer, en breve, un nuevo florilegio: "Poemas escritos en España" (1960).
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