

Mañana, 1 de mayo, se abre una quincena que me gustaría dedicar al escritor cubano Gastón Baquero, porque arropa dos fechas importantes en la vida del poeta habanero: su nacimiento el 4 de mayo de 1914 (o de 1918, según algunos), y su fallecimiento en Madrid a 15 de mayo de 1997 (contaba 83 años). Me gustaría, en cuatro o cinco entregas, presentar algunos ejemplos de su sorprendente y plural creatividad. No sin olvidarme de informar que su nombre figura en las grandes antologías de poesía religiosa, como "Hombre y Dios II" (Cien años de poesía hispanoamericana) y "El salmo figitivo" (Una antología de poesía religiosa latinoamericana del siglo XX).
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Buscando material de reflexión sobre la poesía mística al presentar el comprometido poemario de María Ángeles Gómez Pascual "El manantial de la alegría" (pulsar), me apareció por la biblioteca otro fecundo libro místico, “Hora de la tarde” (2.010), del sacerdote salesiano Rafael Alfaro, lírico de la Generación de los 50 galardonado con el 28 Premio Mundial Fernando Rielo de Poesía Mística.
Otorgado por unanimidad, el Jurado afirmó de esta obra: “La poesía de "Hora de la tarde", escrita en verso blanco, bien urdido, es de hermosa factura, de gran madurez expresiva, sin improvisaciones. Ofrece una visión de la humanidad comprensiva y emocionada, con un discurso que fluye con placidez, sin emociones violentas ni turbulencias, en una búsqueda del sabor eterno de las cosas.”
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En esta hermosa fotografía, tomada por Eduardo Margareto el pasado viernes, el presidente de la Junta de Castilla y León Juan Vicente Herrera acompaña a Fernández Nieto que acaba de recibir, a sus 91 años, el Premio de las Letras de Castilla y León. En representación también de los demás galardonados, improvisó, desde su asiento, José María un breve discurso simpático y lúcido. Me gustaría reproducir en este post las emotivas palabras pronunciadas por el presidente autonómico al elogiar la persona y trayectoria del poeta palentino:
“Otro creador, José María Fernández Nieto, Premio de las Letras, es el decano de nuestros poetas, y autor de una obra variada, integrada tanto por poemas mayores, como por breves y luminosos relámpagos. En toda ella destaca sobre todo su inquietud espiritual y su serena hondura humana. También sabe mucho de esfuerzos y de futuros. Y por eso ha dejado escrito, con palabras bellas, que: “el sudor del hombre es el mejor regadío para que crezca el trigo de la esperanza.”
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La poesía de Fernández Nieto se ha ido publicando en numerosas ediciones pequeñas, imposibles de adquirir hoy. Por eso, en 1997, en vista de la dispersión de su obra, se editó en ediciones Cálamo un magnífico volumen de 192 páginas, cuya portada podemos apreciar a la derecha, realizado en presentación y selección por Marcelino García Velasco. Afortunadamente, esta misma semana la editorial ha relanzado el poemario (pulsar), que puede adquirirse por 9 euros. Me informan los editores que la distribución corre a cargo de Firex. Teléfono de Cálamo: 979 701 250. Mañana mismo, 20 de abril, recogerá su premio el nonagenario escritor palentino. Recordemos que se le ha otorgado el Premio Castilla y León de las Letras por unanimidad, por la dimensión de su obra poética, que concilia el intimismo de los temas con la amplitud de su mirada creadora.
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Hace unos días (el pasado 23 de marzo) ha sido galardonado el palentino José María Fernández Nieto con el Premio de las Letras de Castilla y León. Prestigioso honor que han ido recibiendo otros ilustres escritores, como Miguel Delibes en 1984, Antonio Gamoneda en 1985, Claudio Rodriguez en 1986, Julián Marías en 1987, José Jiménez Lozano en 1989, etc., etc... Y otros muchos líricos como José María Valverde, Victoriano Crémer, Antonio Colinas, Antonio Pereira, Eugenio de Nora y, el más reciente, Andrés Trapiello.
Digo mal: el más reciente es ya Fernández Nieto, a sus 91 años bien aprovechados en el amor a la literatura, a la poesía, en su doble vertiente de creación personal (lleva publicados una decena de importantes libros recopilatorios) y de animador de vocaciones literarias, como muy bien destaca el jurado del premio, al subrayar su “actitud generosa” hacia la obra de sus contemporáneos, “que se traduce en la puesta en marcha y sostenimiento de aventuras literarias como la revista y colección poética Rocamador...”
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Con este post cerramos, de momento, el asombrado descubrimiento de María Ángeles Gómez Pascual como poeta mística del siglo XXI. Lo curioso del caso es que alguno de sus sonetos, por ejemplo, no hubieran tenido dificultad en firmarlos autores consagrados del Siglo de Oro como Lope de Vega o Quevedo. (Nota: el retrato que preside el post nada tiene que ver con nuestra escritora mística, madre de ocho hijos. No he encontrado una sola fotografía de ella.)
La mejor sugerencia que podemos ofrecer a quien esté interesado por la aventura espiritual del amor divino, sería, por supuesto, conocer y meditar poemas y prosa de san Juan de la Cruz y otros interesantes místicos. Pero no me cabe duda de que los versos de María Ángeles son honestos y fervorosos. Y su lenguaje sencillo y luminoso, tan encendido de metáforas vivas, de símbolos, comparaciones, imágenes..., nacidas del corazón y la experiencia de fe, nos podría ayudar a descubrir caminos de oración y búsqueda de Absoluto, mejor que eruditos manuales de autoayuda espiritual.
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Hace balance de sus días la piadosa anciana. Qué veloz pasó la vida. Desde la reposada quietud de sus cansados años y su perdida mirada, regresa a la niñez, a su primer amor, a sus adolescentes sueños... Todo aquello pasó. Y al “sí quiero”(“mi amado es para mí y yo soy para mi amado”). Y a los besos y abrazos, y a la construcción del nido que iba poblándose, hasta ocho veces, de canciones y salmos y gorjeos. Recordaría el regalo irrepetible de cada hijo (“Pues únicos serán, y son, y han sido / cada mujer y cada hombre / que hemos poblado y poblarán la tierra...”). Tantos y tantos recuerdos del corazón...
Y el “adiós” al esposo terrestre. O, mejor, “hasta luego”. Porque el Esposo del cielo preparaba sin prisa el novillo cebado, la fiesta para el día del definitivo encuentro (“Me saciaré, Señor de tu Hermosura / cuando amanezca el día y me despierte, / liberada mi vida por la muerte, / en otra dimensión, en otra altura...” Tantos y tantos recuerdos del corazón... “Pero retuve / el presentido amor, el canto amigo, / el perfume del ánfora perdida...” Se fue escapando el tiempo. Pero retuvo María Ángeles en la memoria de todos los sentidos los momentos felices de su fecundo viaje por la cálida palma de la Mano de Dios (“una ofrenda de amor mi vida plena”).
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