¿Quién no ha cogido en sus manos una estrella de papel de plata o ha sacado del portal el Niño Jesús para besarle? ¿Quién no ha cantado villancicos ante el belén familiar o adelantado a los Reyes Magos unos centímetros para acercarlos a la cueva del milagro? Pues resulta que ahora se lleva el árbol de Navidad cargado de regalos de El Corte Inglés. Y el belén artesano de nuestra infancia se tira a la basura, como ordenan los adoradores del laicismo...
Y yo digo: si el Invisible se dejó ver en la ternura de un Niño, amasemos con plastilina o barro o miga de pan, o corazón, la representación del hijo de María. Entronicémoslo en el centro del hogar, cerca, muy cerca de las enmarcadas fotografías de nuestros seres queridos...
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Hace pocos días ha celebrado mi amigo, poeta mayor, José María Fernández Nieto su envidiable 90 cumpleaños (nació el 7 de diciembre de 1920). Todavía en el Centenario del nacimiento de Miguel Hernández, me ha enviado el poeta palentino, farmacéutico como León Felipe, un folleto de excelente presentación, dondo nos regala once inéditos, aunque premiados, sonetos. En la dedicatoria del librito, de su puño y letra para demostrar que, a pesar de los achaques ("cegato, sordo y patizambo como mis palabras"), conserva el humor y la inteligencia, me informa del envío de esta humilde edición.
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Con los brazos abiertos y sonrisa acogedora nos recibe hoy en la imagen Francisca Aguirre, rodeada de cuadros de su padre, pintor pamplonés afincado desde pequeño en Alicante, que logró traspasar a sus lienzos la divertida fiesta de la luz mediterránea junto con la mística sobriedad de rostros y paisajes navarros. También observamos en la fotografía profusión de cassettes dispuestos a ambientar la creación poética ("Yo no podría entender la vida sin la música", confiesa Paca).
En la segunda parte de "Historia de una anatomía" (Hiperión 2010, pulsar), que la poeta titula "Anamnesis", en los versículos iniciales de "Datos biográficos" puede leerse: "Fue mi padre un hombre / alegre donde los haya. / Nació para pintar y eso hizo. / Nació también para disfrutar / y también hizo eso. / Amó en su vida varias cosas: / la pintura, la justicia y a mi madre. / Tuvo tres hijas / y eso lo convirtió en un hombre feliz..."
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No quisiera cerrar el año del Centenario de Miguel Hernández sin dejar una pequeña reflexión en "Nido de Poesía" sobre el interesante poemario de la alicantina Francisca Aguirre: "Historia de una anatomía" (Hiperion 2010), premio Internacional de Poesía Miguel Hernández, dotado con 24.000 euros. Se presentaron al concurso 547 trabajos y fue muy reñida la selección.
Se trata de una obra original, con un lenguaje sencillo y directo, irónico y desenfadado a veces, sabio y hondo casi siempre, que tanto me recuerda a la escritora polaca Szymborska (Nobel 1996). Algunos títulos, más propios, a primera vista, de un manual de Fisiología que de un libro de versos, suenan así: Las manos, La cabeza, La boca, La mirada, La sed, El oído, El tacto... Y contabilizamos hasta cuarenta y cinco poemas que constituyen la totalidad de las cuartillas premiadas.
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Un Instituto de Secundaria moguereño lleva el nombre de "Francisco Garfias". Y es que su ciudad natal le ha honrado con los máximos honores: Hijo Predilecto y Medalla de Oro, además de poner su nombre a una calle del casco antiguo. Hablábamos del Instituto "Francisco Garfias" porque desde allí vamos a encontrar, en pdf, al alcance de un clic de ratón (pulsar), el poemario completo de "Pájaros de la Cañada" (Escuela Española 1989), de cuyas entrañables páginas escogeremos cuatro títulos que pueden darnos alguna idea del otro Francisco ("Curro" para los amigos), más sencillo, romántico, humilde, divertido...
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Un 6 de diciembre de 1921 nace en Moguer (Huelva), cuarenta años después de su paisano Juan Ramón Jiménez, el niño Francisco Garfias, que habría de ser, no muchos años después, compilador de una parte importante de los textos inéditos del poeta, y editor y crítico de toda su obra, en más de 20 volúmenes...
Con sólo 15 años, conoció casualmente la obra del futuro premio Nobel, porque un hermano del ilustre poeta, Eustaquio, visitando a Curro porque estaba enfermo, le facilitó un librito del autor de "Platero y yo" para que se distrajese. Y así comenzó su interés por la persona y obra de tan importante moguereño, y por su mujer Zenobia. Pero no solo fue Garfias imprescindible especialista en JRJ. Fue, sobre todo, gran poeta como él. A lo largo de cinco entregas nos hemos asomado a alguno de sus trabajos líricos. Descubriremos hoy lo importante que fue para él la aventura del verso como expresión de su infatigable búsqueda de claves últimas de la existencia, formulando preguntas esenciales para las que tantas veces encuentra respuesta de sentido en la fe cristiana.
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Hace cuatro años editó Francisco Garfias, en Arcibel editores, un curioso poemario. Daba a conocer el octogenario poeta un ramillete de 96 poemas de amor compuestos hacia 1946. ¡Sesenta años después de su escritura permanecían inéditos! ¿Y porqué inéditos? En la solapa del libro se sugieren dos razones que sin duda influyeron en tan insólita demora: "el justificado temor a la censura de entonces, y el propio pudor del poeta al dar a luz sus versos más íntimos..."
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