Francisco Garfias (3). "No podías morir", inmenso poema a la Asunción
25.11.10 @ 07:00:00. Archivado en Espiritualidad, Iglesia, Poesía
En 1951 publica Garfias, en Madrid, un retablo de extensos poemas líricos sobre la Asunción de María. Selecciona Leopoldo de Luis en su Antología de la Poesía Religiosa, dos de ellos: “No podías morir” y “Assumpta est Maria...” En verso libre y cultivando un delicioso jardín de metáforas, el autor, como lo hicieran Paul Claudel, Ricardo Molina o José Luis Martín Descalzo, recrea irisadas esferas de fantasía y sentimiento y las suelta a danzar al sol de la fe...
Todo nos llega muy bien bordado, con hilo teológico de exquisita calidad. En el escenario del poema de hoy, “No podías morir”, se relata hermosamente, a lo largo de 88 versos, la Anunciación, el Embarazo, la Navidad... Y hasta se sugiere, al final, la Dormición de María, víspera de su Asunción...
![]()

"NO PODÍAS MORIR..."

Como otras veces, soltaremos, muy despaciosamente, versos como palomas mensajeras, coloreados de sugerentes imágenes... Los buenos catadores de versos, como los sumilleres, como los pajaritos, gustan de disfrutar los caldos poquito a poco, sin prisas ni relojes. El primero de todos será hoy la Anunciación. Un ángel de Dios proclama el Ave María que, según el poeta moguereño, significa “Dios te salve”, que quiere decir en última instancia: Dios te salva, y te salvará tan definitivamente que ni siquiera conocerás la muerte, o la vencerás resucitando...
![]()
NO PODÍAS MORIR
Dios te salve, María...Las palabras del ángel subrayaron
lo que la eternidad te deparaba. No podías morir.Eras como una tierra,
como un luminoso barro que absorbiera
las fuentes de la Divinidad.
El Padre se hizo Amor
por fecundarte,
por engendrar en ti nació el Amor.
Y eras tú como un ánfora plena ya de la Gracia...
Los arroyos divinos conmovieron
la alta pulpa lechosa
igual que el viento una celinda breve.
El Espíritu Santo
sopló por tu oquedad; y tú sentiste
como un bullir de pájaros en las entrañas.
No podías morir.
En vano los escribas,
los sanedritas, el Tetrarca y el Sumo Sacerdote
pretendían llegar a la medula mesiánica.
Palideció, enfrióse, la vara de Aarón
en el Sancta Sanctorum;
se estremecieron las Tablas de la Ley
cuando tu sangre comenzó a cuajarse,
cuando tus pechos crecieron como frutos.
El Señor te caminaba,
te hendía,
te clareaba de una primavera única.
No podías morir.
![]()

"Y TE OLÍAN LAS MANOS A YERBA DE LOS CAMPOS..."

Me vais a permitir que reproduzca unos versos magníficos de Martín Descalzo en "Canto frutal al seno de María", de su poemario "Apócrifo" (Cultura Hispánica 1975): "Tu rayo de sol era redondo, y ya su carne / era caliente, y ya sus manos amasaban milagros, / y ya dentro de ti pataleaba / sacudiendo tu seno como Sansón las columnas. / Tú apenas lo creías. Cuando el ángel habló de la venida / de Dios, tú preparaste el alma, las profundas / galerías. Y he aquí que ahora estaba, / rojo en tu sangre roja, / pesado como un cantarillo que te naciera dentro..."
Por todas las Sinagogas
hubo un fragor de angustia.
Temblaban los papiros de las Escrituras.
Gamamiel y Nicodemus y los otros escribas
se mesaban la barba
buscando en lo perecedero el reino de Dios,
mientras tú florecías de divino silencio.
y por tu sangre sobresaltada
–libro de Dios, acaso–
el Verbo iba tomando carne y sangre
de humana criatura.
Te sentías transida de ventura,
de lumbre, aprisionada en ti misma,
arrodillada en el pasmo,
como en tu propia esencia,
estrella en tu regazo,
al recordar las palabras del ángel.
Y aquel Ave María fue un borbotón de sangre
dentro de tus entrañas.No podías morir.
Fue un trémulo jadeo
que te engarzaba a lo divino.
Un dulce hervir de vida prisionera...
Y cantabas, cantabas:
Cielos, enviad el rocío de lo alto
y las nubes lluevan al Justo,
ábrase la tierra
y germine el Salvador.
Te sonaba la voz a lluvia sobre rosas
y te olían las manos a yerba de los campos.
No resistiré el placer de acercaros unos pensamientos más de Descalzo: “¿Era / Dios / aquello / que se movía en ti? / Respirabas / en la noche / temblando. / Oías / el correr / de su sangre, / sagrada como el templo de Jerusalén. / Tu vientre se abombaba como una fruta en primavera, / santo, santo, santo y bienoliente y dulce...”
![]()

"SE QUEDABA EN TU SANGRE LA ESTELA LUMINOSA DE LA DIVINIDAD..."

La Navidad se aproxima para nosotros, finales de noviembre. Y anticipamos, impacientes, en tiernos versos, la noche de la Luz y la Alegría ("Y lloraste de gozo cuando tus manos trémulas, / sostuvieron a tu Señor..."). Curioso: nos habla Curro Garfias de una Familia un poco especial: un Padre, un Esposo y un Hijo. ¿Tanto costaba feminizar a Dios y hablar de Esposa? Y una sugerencia: si a alguien le apetece preparar espiritualmente la Navidad, se le invita, pulsando aquí, a asomarse, encendidos los altavoces, al villancico y la zambomba de decenas de versos a orillas del Portal... Pero volvamos al diálogo que mantiene el joven poeta con la embarazada de Dios:
![]()
Y cuando fue sonada la hora,
la hora de Dios y la del mundo,
te arrodillaste, humilde,
para que floreciera el divino fruto
de tu vientre.
Y lloraste de gozo cuando tus manos trémulas,
sostuvieron a tu Señor.
Al Padre y al Esposo
en la carne humanada del Hijo.
Y la promesa de Jahvé a Abraham,
y las profecías de Miqueas,
y todas las impaciencias de Israel
se detuvieron en tus manos.Dios te salve, María...
Tu cuerpo quedó intacto
y la huella de Dios permaneció en tu vientre.
Se quedaba en tu sangre
la estela luminosa de la divinidad
y esa estela eras tú.
¡No podías morir!
No podían morir ni corromperse
las arterias que fueron
las fuentes de la vida;
ni el corazón que aprisionó en sus fibras
el latido de Dios;
ni el vientre poderoso que fue Sagrario vivo...
![]()

"TE QUEDASTE DORMIDA..."

El poema "Canto frutal al seno de María", donde Martín Descalzo se dirige evocativamente a la Madre de Jesús, se cierra con estos versos: "Cuando Él se fue / y sus pies empezaron a pisar en la historia / tú comenzaste a ser como una barca / en la que el hueco es más importante que el costado. / Llevabas jubilosa tu monte cargado de recuerdos / y sus caminos certificaban la presencia del Huésped: / Aquí estuvo. Por aquí entró. Aquí / se obró el milagro. Y tú, maravillada, / reías como una higuera al viento / mientras los hombres todos / comulgábamos su carne como una hermosa fruta."
"Cuando Él se fue..." Cuando ella se fue... ¿quedó como dormida? ¿O acaso muerta, como su Hijo? Pero después... ¿no resucitaría como Él? "La Asunción de María –nos recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica (966)– constituye una participación singular en la Resurrección de su Hijo y una anticipación de la resurrección de los demás cristianos..." Tres humildes versos cierran enigmáticamente el poema de hoy, anunciando sucesivas gestas de la mujer que un día diera cobijo y sangre al autor de la Vida...
![]()
... Y un día de Nisán,
cuando ya la semilla de la sangre germinaba,
te quedaste dormida.
Comentarios:
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Los comentarios para este post están cerrados.
Nicolás de la Carrera
autor
Contacto


