¿Dónde enterrar a nuestros muertos? La "agricultura de la muerte" en Miguel Hernández (1)
08.11.10 @ 07:00:00. Archivado en Naturaleza, Psicología, Miguel Hernández
Con sólo quince años, se ocupa Miguel de pastorear cabras. Pero en su tiempo libre, y en el no tan libre, devora literatura que le prestan en la biblioteca pública y en el despacho del sacerdote vecino Luis Almarcha. Se queja doña Inocenta, la bibliotecaria, del mal trato que da a los libros ensuciándolos y doblando las hojas por el lomo. Pero el adolescente autodidacta de ojos muy abiertos va conociendo más y más buenos autores líricos que le estimulan y emocionan. Como jugando, va imitándoles con notable calidad.
Y no le faltan temas sobre los cuales escribir: su propia vida, ante todo, entre animales y naturaleza agreste. Y sobre personajes mitológicos de la cultura griega y latina, algunos de ellos también pastores. Y bien se cuida de tener siempre a mano el modesto diccionario de la Lengua, y otro, muy práctico, muy manoseado, de la Rima. Ilusionadamente va pasando a limpio, con buena caligrafía, complicados borradores que desaguan la nube de sus versos sobre las pautadas hojas de un apaisado cuadernillo escolar.

"NO QUIERO DORMIR MURIENDO EN UN ESTÉRIL JARDÍN..."

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Hace pocos años se ha descubierto, ya sin tapas, el primer cuaderno literario del jovencito poeta cabrero. Muchos de sus versos estaban ya publicados en revistas. Pero algún otro, como “Imposible”, ha sorprendido a los estudiosos por su precocidad y permanencia a lo largo de tiempo, como veremos. ¿Porqué no lo dio a conocer en sus años mozos? Sencillamente, porque no era tonto y sabía que no le convenía morder la mano del que le estaba ayudando y prometía hacerlo en el futuro, el poderoso Almarcha, interesado, sí, en su poesía, pero que no admitiría unos revolucionarios versos que ponían en cuestión la existencia y funcionalidad de los cementerios católicos.
Pero leamos ya tan sugerente y prematuro desahogo, recordando que la palabra “cementerio” significa etimológicamente dormitorio (“morir –dormir–“). Es muy notable que un chico tan joven nos hable con naturalidad de la muerte y arriesgue una irreverente tesis tan extraña a su tiempo y entorno oriolano. Otra observación: en el Olimpo de Miguel tenía lugar preferente el dios Pan, mitad humano mitad macho cabrío, venerado por pastores y doncellas voluptuosas, admirable intérprete de la flauta (de la flauta de pan, naturalmente).
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IMPOSIBLE
"Quiero morirme riendo,
no quiero morirme serio;
y que me den tierra pronto...
pero no de cementerio.No quiero morir –dormir–,
no quiero dormir muriendo
en un estéril jardín...
¡Yo quiero morir viviendo!Quiero dormir... ¿Dónde?.. Sea
donde lo quiera el Destino:
en un surco de barbecho,
a la vera de un camino...En una selva ignorada,
o a la orilla de un riachuelo
de esos tan claros, que están
venga a robar cielo al cielo.Que cuando mi carne sea
nada en polvo, broten flores
de ella, donde caiga escarcha
y escarcha de ruiseñores.Que resbale por mi cuerpo
la corriente cristalina
y ladronzuela, sacándole
alguna nota argentina.Que escuche mi oído armónico,
en cuanto el día se vuelva
ascua, la armonía virgen
del virgen Pan de la selva.Que nazcan espigas fáciles
con luminosas aristas
de mi pecho, que ama el arte,
para recreo de artistas...No quiero morir –dormir–,
no quiero dormir muriendo
en sagrada tierra estéril...
¡Yo quiero morir viviendo!"
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"PATIO DE VECINDAD QUE NADIE ALQUILA"

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En octubre de 1935 inicia Pablo Neruda la publicación de “Caballo Verde para la Poesía”, donde, ya en el primer número, presenta Miguel el poema “Vecino de la muerte”, del que hablaremos a continuación, aunque sólo reproduciremos parcialmente, pues en su totalidad se compone de casi cien versos (para leer el poema completo, pulsar aquí). Deja aparcados Hernández los sonetos y, en comunión con su amigo Neruda, se lanza a la aventura del verso libre surrealista y el compromiso revolucionario.
Ya conocemos el tema: la muerte y el enterramiento. Y no hay para nosotros grandes sorpresas en el mensaje: que la muerte debe ser integrada en el ciclo natural de lo vivo. Subyace cierto misticismo panteísta, abundan imágenes de estercolamiento y germinación: la “agricultura de la muerte”. La tierra es una gran huerta, una enorme selva donde circulan sustancias vitales que mueren, abonan y, en proceso interminable, se transforman en nueva vida. El ser humano debería incorporarse a este virtuoso círculo de vida y muerte y vida...
Seleccionemos algunas estrofas de gran belleza y dramática expresividad. Ya en el primer verso nos topamos con una feroz sentencia: “Patio de vecindad que nadie alquila...” Ignorando la primera mitad del poema, accedemos al versículo 44 que nos habla del polvo, símbolo para Miguel de la destrucción total, de la nada. No hay circulación de vida en el difunto que se amuralla en la caja mortuoria, en un bunker de mármol o ladrillo que le aísla del ciclo vegetal del barro y del estiércol:
"Yo no quiero agregar pechuga al polvo:
me niego a su destino: ser echado a un rincón.
Prefiero que me coman los lobos y los perros,
que mis huesos actúen como estacas
para atar cerdos o picar espartos...Guárdate de que el polvo coloque dulcemente
su secular paloma en tu cabeza,
de que incube sus huevos en tus labios,
de que anide cayéndose en tus ojos,
de que habite tranquilo en tu vestido,
de aceptar sus herencias de notarías y templos."
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"QUE SE APOYEN EN MÍ SEMBRADOS Y VIÑEDOS"

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"El polvo no es tierra", porque la tierra verdaderamente es sagrada totalidad viva y el polvo aniquilación. Quien primero habló de “agricultura de la muerte” fue Quevedo que, en una de sus últimas cartas escribía: “Polvo somos, seremos. No defraudemos a la agricultura de la muerte; semilla es nuestro cuerpo para la cosecha del postrero día...” De lo que habla don Francisco, evidentemente, es de la resurrección, verdad teológica, no científica. El pastor poeta oriolano piensa en sus campos y sus rebaños y quiere también él bailar en la danza cósmica del amor y la muerte, la destrucción y renacimiento:
Proclama en voz muy alta Miguel su voluntad última, afirmando (verso 89): “No quiero que me entierren donde me han de enterrar.” Y si lo hacen..."La tierra es un amor dispuesto a ser un hoyo,
dispuesto a ser un árbol, un volcán y una fuente.Mi cuerpo pide el hoyo que promete la tierra,
el hoyo desde el cual daré mis privilegios de león y nitrato
a todas las raíces que me tiendan sus trenzas..."
"En esta gran bodega donde fermenta el polvo,
donde es inútil injerir sonrisas,
pido ser cuando quieto lo que no soy movido:
un vegetal sin ojos ni problemas,
cuajar, cuajar en algo más que en polvo,
como el sueño en estatua derribada;
que mis zapatos últimos demuestren ser cortezas,
que se produzcan cuarzos de mi encantada boca,
que se apoyen en mí sembrados y viñedos,
que me dediquen mosto las cepas por su origen."
La vida ha sido hermosa y lacerante. Me pido descansar bajo las cepas de una viña, abonando su azúcar y su agua, sus sales minerales, su ternísima pulpa, sus botellas de vino para que arriba canten los amigos, rían, amen todos la vida...
"Aquel barbecho lleno de inagotables besos,
aquella cuesta de uvas quiero tener encima
cuando descanse al fin de esta faena
de dar conversaciones, abrazos y pesares,
de cultivar cabellos, arrugas y esperanzas
y de sentir un yunque sobre cada deseo..."

O HAY ESPACIO para seguir hoy. El próximo jueves cerramos el tema (pulsar) hablando de un tercer superconocido poema de Miguel y actualizando todo ello al año 2010.
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Comentarios:
Nicolás
Nicolás
Además de recoger vivencias personales sobre el ciclo de la vida.
Nicolás, disfruto mucho de tú trabajo. Gracias por darnos a conocer tantos buenos poetas y tantas poesías bellas.
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Nicolás de la Carrera
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