Decoramos hoy la entradilla al post con la portada del poemario "Aunque es de noche" (Adonais), publicado en 1969, dos años antes de la concesión del Premio Nacional de Literatura por "La duda". Contiene sesenta sonetos en tres secciones: 1. Biografía, 2. Molino de mi sangre y 3. Casi Adviento. De este último conjunto seleccionamos tres poemas ("Está llorando", "La primera en la frente" y "A monic, a dos años de su muerte"); y, del primero, "Casi Adviento". La mejor presentación del libro, inspirado, ya desde el título y la cita inicial, en san Juan de la Cruz, nos la ofrecen los editores y aquí reproducimos:
"Garfias es un sonetista en el que se hermanan el primor de lenguaje y la hondura emocional, el estremecimiento y la belleza más depurada dentro de una temática de tono religioso, amoroso y, en general, autobiográfico."
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En 1951 publica Garfias, en Madrid, un retablo de extensos poemas líricos sobre la Asunción de María. Selecciona Leopoldo de Luis en su Antología de la Poesía Religiosa, dos de ellos: “No podías morir” y “Assumpta est Maria...” En verso libre y cultivando un delicioso jardín de metáforas, el autor, como lo hicieran Paul Claudel, Ricardo Molina o José Luis Martín Descalzo, recrea irisadas esferas de fantasía y sentimiento y las suelta a danzar al sol de la fe...
Todo nos llega muy bien bordado, con hilo teológico de exquisita calidad. En el escenario del poema de hoy, “No podías morir”, se relata hermosamente, a lo largo de 88 versos, la Anunciación, el Embarazo, la Navidad... Y hasta se sugiere, al final, la Dormición de María, víspera de su Asunción...
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La primera noticia que tuve de Francisco Garfias fue a través de la "Historia y Antología de la Poesía Española" de Federico Carlos Sáinz de Robles (Aguilar 1967). De los poemas allí reproducidos (siete) selecciono para hoy dos magníficos: "El mensaje" y "La frente". Como el tema religioso y las preguntas más hondas sobre el sentido de la vida y de la muerte son frecuentes en él, me permito transcribir unos párrafos de la "Poética" que escribió para la antología de Leopoldo de Luis:
"Creo, con Dámaso Alonso, que "si la poesía no es religiosa no es poesía. Toda poesía (directísima o indirectísimamente) busca a Dios". Esta búsqueda es, en el verdadero poeta, un hecho natural, consecuencia última de su ahondar, de la acumulación de sus experiencias vitales y estéticas, de su propio desasosiego existencial."
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El pasado 26 de octubre ha fallecido, a sus 89 años, en su ciudad natal Moguer, Huelva, el importante poeta religioso y existencial Francisco Garfias López. Entre los innumerables galardones recibidos a lo largo de su vida, destaca el Premio Nacional de Literatura, en 1971, por su poemario “La duda”.
He rastreado pacientemente Internet buscando poemas suyos y, a excepción de los publicados en la web del Instituto de Secundaria de Moguer que lleva su nombre, casi exclusivamente encontré dos títulos enlazados a mi web “Nido de Poesía” (pulsar aquí y aquí) que, para mi alegría, habían sido incorporados a la página de Wikipedia “Francisco Garfias López” (pulsar) y reproducidos en muchos portales de la red (encended los altavoces).
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EL POEMARIO “Las nubes”, “el libro más completo y armonioso de Cernuda” (L. F. Vivanco), dedicamos el post de hoy a presentar un emocionante poema escrito en difíciles tiempos (entre el final de la Guerra civil española y el inicio de la Segunda Guerra Mundial). Exiliado en Inglaterra, con el corazón muy herido por la orgía de sangre que se estaba derramando en tantos frentes de muerte y destrucción, buscando acaso luz y serenidad, se asoma curiosamente Cernuda al Libro Sagrado de los cristianos y descubre la emocionada belleza y fuerza de la resurrección de Lázaro (Juan 11, 1–44). Identificándose, sin duda, con el amigo de Jesús, muerto que vuelve a la vida, medita en un largo poema de 117 versos los fascinantes versículos de tan extrañísima historia.
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Leíamos en el último post (pulsar) dos poemas de Hernández de distintas épocas, “Imposible” y “Vecino de la muerte”. En ambos existían notables coincidencias en la visión filosófica de la muerte y el enterramiento.
Pero hay otro trascendente momento en su vida, el inesperado fallecimiento, en la Navidad de 1935, de su íntimo amigo José Marín (“ramón sijé”). Los impresionantes versos que escribió Miguel, conmovido por la muerte de su joven y culto maestro (aunque contaba solo 22 años recién cumplidos) pasarán a la historia junto a las Coplas de Jorge Manrique o el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías de García Lorca...
A la derecha, en imagen, podemos contemplar una extraña fotografía del oriolano Miguel en el cementerio de su pueblo, visitando la tumba de Pepito, probablemente en abril de 1936. ¿De qué se ríe? Se recuesta placidamente sobre la tierra, confiado acaso en su místico credo del ciclo vida, muerte, vida... O, abriendo vuelo a la trascendencia, en la que sí creía su amigo, celebra ya con él otra vida superior (ha clavado en el suelo un pequeño crucifijo...).
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Con sólo quince años, se ocupa Miguel de pastorear cabras. Pero en su tiempo libre, y en el no tan libre, devora literatura que le prestan en la biblioteca pública y en el despacho del sacerdote vecino Luis Almarcha. Se queja doña Inocenta, la bibliotecaria, del mal trato que da a los libros ensuciándolos y doblando las hojas por el lomo. Pero el adolescente autodidacta de ojos muy abiertos va conociendo más y más buenos autores líricos que le estimulan y emocionan. Como jugando, va imitándoles con notable calidad.
Y no le faltan temas sobre los cuales escribir: su propia vida, ante todo, entre animales y naturaleza agreste. Y sobre personajes mitológicos de la cultura griega y latina, algunos de ellos también pastores. Y bien se cuida de tener siempre a mano el modesto diccionario de la Lengua, y otro, muy práctico, muy manoseado, de la Rima. Ilusionadamente va pasando a limpio, con buena caligrafía, complicados borradores que desaguan la nube de sus versos sobre las pautadas hojas de un apaisado cuadernillo escolar.
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En el mes de los difuntos, parece oportuno recordar al singular poeta sevillano Luis Cernuda, que falleció un 5 de noviembre en el lejano México. Dedicaremos el post de hoy a presentar dos importantes títulos de su último poemario "Desolación de la quimera", publicado un año antes de su repentino final. Tenía sólo 61 años y se sentía desarbolado y viejo, injustamente tratado desde España. En los versos de hoy se enfrenta Cernuda a un tema central en su obra: la muerte. Obsesionado con el paso del tiempo, vivir era para él "estar a solas con la muerte".
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