Alzhéimer (6). No me gustaría, de mayor, ser como ellos
25.10.10 @ 07:00:00. Archivado en Naturaleza, Mayores, Psicología, Poesía

El post de hoy está dedicado a un solo poema, de Vicente Aleixandre: "A la salida del pueblo", versos que tienen relación con el sol y la vejez. (Para leer, ambientado musicalmente, otro poema de V.A., "El viejo y el sol", pulsar aquí.) En imagen, el espléndido claroscuro, a lo Ribera, de Mariano Fortuny, titulado "Viejo desnudo al sol". El artista catalán se ha esmerado, sobre todo, en la expresiva placidez del rostro. Me da la impresión de que el sol cae a plomo, en generoso mediodía de luz y fuego, sobre la fría y rugosa carne del anciano.
Andaba yo buscando en Google dos palabras para comentar el cuadro, "SOL" y "VEJEZ", cuando se encendió por la pantalla del ordenador, bajo las dos palabras, un delicioso artículo (pulsar). Claro que no se trataba ahora del sol de mediodía, sino del sol de atardecer... Pero leamos ya unos párrafos a lo Khalil Gibran:
"Hay tres cosas que producen pena: un “viejo” de cuarenta años, un viejo que se cree “joven” y un viejo que se cree “muerto”. Y una que produce alegría, un “joven” de ochenta años, es decir un viejo que asume la segunda parte de su vida con tanto coraje e ilusión como la primera. Pero para ser uno de esos, hay que aceptar que el Sol del atardecer es tan importante como el del amanecer y el del mediodía, aunque su calor sea muy distinto."

"PERO ELLOS DORMÍAN, O AJENOS MIRABAN"

Produce pena, leíamos, un viejo que se cree muerto. No es exactamente esa la fabulación del Nobel sevillano sobre un grupo de ancianos que, acaso en tarde de domingo, toman el sol y vegetan a la vera del camino. Se les describe como cantos rodados de la alta montaña, adormilados, meditativos, silenciosos, acariciados por la ternura de un sol amigo. Dispersos, pero próximos, protegidos por el calor de una bondadosa, invisible mano. La fotografía que preside esta descripción no está tomada en la cercana orilla del piadoso bosquecillo, como señala Aleixandre, sino en el frío muro de un caserón de aldea. Pero el sentimiento es el mismo: modorra y soledad, tristeza y sueño.
A LA SALIDA DEL PUEBLO
Todos ellos eran hermosos, tristes, silenciosos, viejísimos.
Tomaban el sol y hablaban muy raramente.
Ah el sol aquel dulce, que parecía cargado de la misma
viejísima vida que ellos.
Un sol casi melodioso, irisado, benévolo,
en aquellas lentas tardes de marzo.No había que hablar con ellos, sino ingresar, demorarse.
El ideal allí parecía ser dormir suavemente
bajo aquel sol y en aquella densísima compañía.
A veces mirándolos se pensaba
en una piedra dorada, arcillosa, quizá pulida por el paso de
las lluvias y de los soles.
Allí puesta la piedra repetida,
allí templada y existida, padecida,
victoriosa y comunicada bajo aquella piadosa luz solar.
Otros quedaban fuera del palio de las ramas
y estaban sentados, acurrucados y meditaban exactamente
como la piedra.
Otros dormían como rodados del monte hace siglos, allí,
en el borde de la inmóvil falda majestuosa.Pero todos agrupados, diseminados en el corto trecho,
callados y vegetativos, profundos y abandonados a la
benigna mano que los unía.
Poeta existencial, filosofa Aleixandre contrastando la metafísica tristeza, de piedra y bosque, de los viejos viejísimos con el bullicio, la canción y la risa de jóvenes y niños que pasan de largo sin mirarlos siquiera. Pero tampoco los viejísimos ancianos se fijan en el río de niebla que circula, borroso, por el pausado cauce del camino...
Mucho allí se podría aprender. De tristeza, de vida, de
paciencia, de limitación, de verdad.
Pasaban los jóvenes alborotando.
Cantaban las muchachas y se atropellaban riendo los niños.
Y nadie miraba.
A un lado del camino solían reunirse los viejos.
Próximo estaba el pueblo, y allí los domingos
era el tránsito y la vida, y la persecución y la agitada
inocencia.
Pero ellos dormían, o ajenos miraban.
Solo con una casi metafísica presencia ya para el sol.
Viendo el vaporoso transcurso de los que pasaban.
Sí, como un vapor increíble,
como un vago sueño en que a veces filosóficamente
se distraían.

VIVIR CREATIVOS Y LIBRES

¿Ser piedra, en la vejez, o vegetal durmiente? ¡No! ¿Agruparse con otros viejos zombis para vivir/morir arracimados, pero solos? ¡No! Todos tememos que nos caiga el marrón de una vejez demenciada, y no digamos nada de la más frecuente y terrible de las demencias, el alzhéimer. ¿Y no podríamos hacer algo para evitarla o retrasarla? Se están investigando, a contrarreloj, vacunas, dietas, fármacos, se realizan estudios sobre el genoma y el control del estrés, se lucha contra enfermedades que predisponen al alzhéimer, se sugiere la importancia de realizar actividades físicas y mentales, vida social activa... Se espera que en quince o veinte años esta enfermedad esté vencida, pero mientras tanto...
No queda espacio en el post para desarrollar este angustioso tema. Sólo me gustaría sugerir, desde mi propia experiencia, una actividad muy provechosa y entretenida: realizar un "Curso de entrenamiento de memoria". Yo lo aprendí como monitor, y viví como participante, con el método U.M.A.M. que organiza el Ayuntamiento Madrileño. El dibujo superior corresponde a la portada de un cuaderno de ejercicios de este método. En círculo, los participantes investigan, memorizan, dialogan... Ni piedras ni vegetales: ¡vivir creativos y libres los mejores años –¿porqué no?– de nuestra vida! La meta operativa de estos talleres es mejorar la memoria. Pero, al tiempo, estamos enriqueciendo nuestra mente con un mayor número y calidad de conexiones neuronales:
"Probablemente la demencia sea el resultado de la pérdida de las sinapsis que son parte del delicado sistema utilizado por las células cerebrales para transmitir información a todo el cuerpo. Cuanto mayor sea la cantidad de sinapsis que sea posible desarrollar a través de actividades de estimulación intelectual, menor será la pérdida al enfermar."

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A PROPÓSITO DEL ALZHÉIMER
1. “Bicicleta, cuchara, manzana”, el film
2. Pero el olvido, no, nunca el olvido
ESCÚCHAME, de Antonio Porpetta
FOTOGRAFÍAS, de Ginés Aniorte
4. “Te lo entrego hasta el día de la resurrección”
CALLADA CANCIÓN, de Leopoldo Panero
VIEJA SENTADA, de Gaspar Moisés Gómez5. “El padre se ha quedado niño”
PADRE ANCIANO, de Ramón de Garciasol
INDEFENSIÓN, de Ginés Aniorte6. No me gustaría, de mayor, ser como ellos
A LA SALIDA DEL PUEBLO, de Vicente Aleixandre
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Comentarios:
Pero la senectud le ha traido como regalo una somnoliencia que la hace capaz de dormir a cualquier hora del día.
Es increible, como la naturaleza sigue su curso. A pesar de sus múltiples achaques, ya firmaría por llegar a su edad con esa misma ilusión por la vida.
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Nicolás de la Carrera
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