Alzhéimer (5). "El padre se ha quedado niño"
21.10.10 @ 07:00:00. Archivado en Mayores, Psicología, Poesía

En imagen, una mano cincelada de surcos recibe la caricia de dos afectuosas manos. Para una persona demenciada, el contacto físico es importante. Recordad aquellos versos de Panero que tan bien explicaban esta necesidad de contacto del enfermo (pulsar): "Cuando se apoya, al avanzar, como un soplo, / se diría que nos roza y nos palpa, / para que la ternura / haga callo en sus manos..." El abuelo, ahora niño, demanda caricias, abrazos, besos, para sentirse amado, para sentirse vivo. Aquel nieto que él un día sostuvo entre sus brazos, y acunaba y dormía, es quien le abraza ahora y da calor, quien le sostiene y cambia los pañales.
Acaso le esté cuidando, más que nadie, ella, su mujer, que le baña, le lleva de la mano, masajea su espalda, le regala ternura y besos por sábanas de amor... También el enfermo, desmemoriado de palabras y significados, necesita tocar, cuidar, estrujar, muñequitas de trapo o gatos mimosones de piel suave y dulce cabecita. Muy bien lo explica Joaquín Benito Vallejo en su delicioso trabajo de once páginas "Carencias sensoriales: tacto y movimieto" (pulsar aquí).

NIÑO QUE SUEÑA CON LA MUERTE

Los próximos versos están firmados por Ramón de Garciasol (1913-1994), "poeta de la otredad" apasionadamente interesado por todo aquello que procure felicidad al ser humano. Solidaridad, fraternidad: dos palabras centrales de su escritura. Como el poema presente, desgarrador y tierno.
Su padre se ha vuelto niño, pero ¿quién le riñe o castiga? No entiende nada, nada más que su soledad y su frío. Como estrella lejana que se apagó, nos llegan de su cielo últimos rayos. Es notable el encabalgamiento del verso, como batalla interior, como jadeo.
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PADRE ANCIANO
El padre se ha quedado niño,
débil. Casi un soplo, un aire
puede tirarle al suelo. Ahora
sus huesos son arcilla frágil
o tallos de cristal. Se queda
parado y nos pregunta por las
cosas más entrañables, como
si no las conociera. Niño
se me ha quedado el padre. ¿Pero
quién riñe al padre, quién le deja
sin postre o de rodillas? Llora
a veces como yo lloraba
entonces en sus brazos. Y no
puedo acunarle yo en los míos,
tal él a mí. ¿Cómo se dice:
que viene el coco, padre, ea,
que no resulte monstruosa
farsa? Estoy junto a la orilla
de este niño que ya no llega
a hombre, que no entiende nada
más que su soledad, su frío,
siempre su frío, aun en agosto.
Ya no recoge mi palabra,
perdida por un aire ambiguo.
¡Cercada soledad! ¿Es éste,
lejano, que se apaga como
se muere un astro, torna opaco,
misterioso de luz ya muerta?

En los penúltimos versos, todavía se evoca una infancia feliz, con un padre consolador y fuerte. Para, después, serenada la angustia, quedarse silencioso el poeta, amargo como el mar. Y confesar, al fin, su impotencia ante una muerte anunciada que ya no teme, y que hasta sueña, su padre niño.
¿Este es el padre, el fuerte, el muro
que contuvo la pena antigua,
el miedo niño, la alegría
nos regresaba siempre intacta?Una amargura vieja, el mar,
nos cubre de silencio el habla.Aquí estoy, padre. ¡Cómo ahoga
la impotencia de verte solo,
mascullando abandono, niebla,
niño que sueña con la muerte,
ya ni temor, de tan cumplido!

"HURGAR EN LA MEMORIA..."

Ginés Aniorte va más allá que Garciasol: se identifica con el enfermo y pone versos a su soledad, a su vacío, a su indefensión, a su silencio... (Ojalá se trate sólo de una ficción literaria, y en realidad el protagonista estuviera viviendo su enfermedad ajeno al sufrimiento, en un limbo feliz de anestesia y amodorramiento. Pero no lo veo claro...)
Estremecedor poema que debería incentivar nuestra creatividad para acercar cariño, risas, juego, estimulación física, humanidad... al hermano entre nubes, pero de cuerpo presente, con un corazón que late puntualmente y seguirá latiendo hasta la indeclinable hora del adiós que le marcó la vida... Si te gustaría conocer mil y una actividades divertidas para ellos, pulsa aquí.
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INDEFENSIÓN
Mirar el cielo con desidia,
y en la luz de la tarde
no ver la plata que atesora
sino el temor secreto de los años.
Llegar, tras el paseo,
más allá de los árboles aquellos
que siempre proclamaron
la paz bajo sus ramas,
y percibir en el silencio
un rumor vuelto súplica.Hurgar en la memoria
por encontrar algún vestigio
que venza este infortunio,
y hallar sólo vacío,
y una nada infectando las heridas.Y buscar, sin aliento,
una sola razón para volver
a la casa, y guardarse, sin angustia,
entre sus muros.
Ver, con indefensión, cómo arde su mundo.
Respirar la penumbra de la tarde,
y callar. Y esperar a que la noche llegue.
Y que el sueño redima.
Comentarios:
Aunque supongo que ya lo has comprado, me parece el más completo manual, a nivel popular, del mercado: "Cuando el día tiene 36 horas". Una guía para cuidar a enfermos con pérdida de memoria, demencia senil y alzheimer. Por Nancy L. Mace y Peter V. Rabins. Editorial Pax Mexico.
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Nicolás de la Carrera
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