
Cerramos hoy el breve paseo de cuatro entregas por la vida y obra de Amado Nervo. Poeta singular, nunca ocultó su afiliación cristiana, tan poco valorada en los cenáculos modernistas. La lírica expresión de su fe se fue acentuando en los fecundos años de su estancia madrileña y, muy especialmente, a partir del fallecimiento de Ana Cecilia (7 de enero de 1912), su compañera inseparable y secreta.
Los siete últimos años de su vida, bíblico ciclo de hambre o abundancia, resultaron para el poeta mexicano un beneficioso período de gracia, como confiesa en el poema "Resurrección" de "La mujer inmóvil": "Yo soy tan poca cosa, que ni un dolor merezco... / Mas tú, Padre, me hiciste merced de un gran dolor. / Ha un año que lo sufro, y un año ya que crezco / por él en estatura espiritual, Señor. ¡Oh Dios, no me lo quites! Él es la sola puerta / de luz que yo vislumbro para llegar a Ti..."
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Del prólogo de "Un minuto para el absurdo", de Tony de Melo, seleccionamos, de entrada, un ilustrativo fragmento del verdadero sentido que tiene la antología del disparate (pero menos) que nos ofrece esta rolliza edición de 350 páginas:
"Sólo lleva un minuto leer cada una de las anécdotas que configuran este libro. Probablemente el lenguaje del Maestro resulte misterioso, exasperante y hasta completamente absurdo para el lector.
Desgraciadamente, éste no es un libro fácil. No ha sido escrito para instruir, sino para `despertar´. Lo que ocultan sus paginas (no las palabras impresas, ni siquiera los cuentos, sino su espíritu, su talante, su atmósfera) es una Sabiduría que no puede expresarse con palabras humanas..."
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Nos asomamos de nuevo al pozo de las palabras locas de Tony de Melo ("Un minuto para el absurdo"). En el precedente post, os acercamos cuatro pequeñas historias (pulsar); hoy nos sorprenden de nuevo otras cuatro. El sentido de todo ello lo explica muy bien el editor en el frontispicio de la presentación:
«Ese hombre no dice más que cosas absurdas», dijo el visitante tras oír hablar al Maestro.
«Tú también dirías cosas absurdas –le dijo un discípulo– si trataras de expresar lo Inexpresable».
Cuando el visitante tuvo ocasión de decírselo al propio Maestro en persona, éste se limitó a replicarle: «Nadie está libre de decir cosas absurdas. Lo malo es decirlas en tono solemne».
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Jugueteando por mi biblioteca, me topé con varios queridos libros de Anthony de Melo (1931-1987), discutido jesuita que asimiló, como casi nadie, la espiritualidad de Oriente y nos la acercó, sobre todo, más que con sus divertidos y amenos cuentecillos, con el testimonio transparente y provocador de su propia vida.
La publicación que, en este momento, más ha despertado mi curiosidad, ha sido "Un minuto para el absurdo" (Sal Terrae 1996, en su quinta edición), 350 páginas de liliputienses relatos que hacen pensar y sentir, sin título particular ni índice general. Un desordenado mosaico, extraña obra de madurez que antologiza pequeñas parábolas que, como Jesús en su catequesis, inquietan el corazón, enfervorizan el alma. Desvelemos ya cuatro de estas deliciosas fabulaciones que no nos dejarán, espero, indiferentes...
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Cuando nos encontramos, en un libro de versos, un poema largo, solemos aparcarlo para otra ocasión. Ocasión que no suele llegar nunca. Por eso intento en Nido de Poesía presentar títulos breves, fáciles de disfrutar y hacer nuestros. Pero a veces no hay más remedio que hincarles el alma. Así me ocurre con el poema de hoy, que Mauleón escribe para su hermano Eduardo, "muerto el 3 de diciembre de 2005", a dos meses del fallecimiento de la madre, que no logró sobrevivirle mucho tiempo (16 febrero de 2006).
Como un poema de casi 80 versos no suele ser cómodo para quien siempre anda corriendo en pleno siglo XXI, me he permitido reproducirlo en porcioncitas, a ver si así nos lo bebemos a sorbos como aves a orillas de la fuente.
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Entre los amigos de nuestro blog contamos con un misterioso personaje, muy culto y servicial, que nos regala permanentemente extensos y sabios comentarios a los poemas. Se ha venido llamando Epicteto y, a partir de ahora, parece que su nuevo nick será Leónidas, valiente héroe espartano del Paso de las Termópilas.

En el último post nos sorprendió con la confidencia de que habia vivido algunos poemas de Jesús Mauleón en dos dimensiones (lectura y audición musical conjuntamente). Como homenaje a su sensible y desinteresada participación, me permito incluir en el post de hoy algunos párrafos de su fascinante relato.
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Me gustaría concluir hoy la presentación del libro de poesía "Este debido llanto". Después de dos post (pulsar 1 y 2) con seis poemas, cerraremos la trilogía apretadamente, ofreciendo cuatro nuevos temas. El título "Y estás en el GRAN CORO" nos anuncia un hermoso primer poema que, según costumbre, ofrecemos completo.
Es fácil sentir los versos de Mauleón como escritos sólo para mí, para ti, para todos... Su sencilla expresión, su misticismo, su cotidianidad, su ternura, como fruto maduro en el árbol, alimentan el corazón y la alegría de quienes acercamos nuestros ojos y nuestras manos a recoger sus dones.
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En el pasado post, presentamos tres títulos del poemario de Jesús Mauleón "Este debido llanto" (pulsar). Y dejamos suspendida la lectura de la "Nota preliminar". Leamos hoy los últimos párrafos de la corazonada confesión del proceso de duelo del autor, más allá de teóricos esquemas ajenos por completo a su personalísima experiencia:
"Si mis versos fueron el producto de un duelo, éste fue un duelo mío, y halló una concreción literaria, dicho sea con toda la modestia del caso, única e irrepetible. Fueron los versos de alguien que sufre la muerte de la persona querida desde la raíz misma de la soledad y desde la noche, a un tiempo oscura y luminosa, que la fe proporciona.
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