"TODOS ESTÁN BIEN", sin mentiras, sin miedos...
06.01.10 @ 07:00:00. Archivado en Mayores, Espiritualidad, Psicología

Sentado cómodamente frente a una pantalla gigante, he tenido la suerte de disfrutar el film "Todos están bien" el día de su estreno en mi ciudad. Se trata de una nueva versión de la película italiana "Stanno Tutti Bene", de Tornatore, que fue exhibida en 1990 con gran éxito de público y crítica. Protagonizó la cinta, en aquella ocasión, un genial Marcello Mastroianni.
Diez y nueve años después, el británico Kirk Jones nos ha regalado un interesante remake protagonizado por un Robert de Niro en plenitud interpretativa. Posible candidato al Oscar, iguala, si no supera, la puesta en escena del italiano. Anotemos, de entrada, la diferente factura de ambas, aquella más mediterránea, más latina. Ésta típicamente made in USA.
Frank, jubilado y viudo desde hace escasos meses, ha invitado a sus cuatro hijos, ya treinteañeros, David, Amy, Robert y Rossie, a una celebración doméstica con motivo de la Navidad. Pero los cuatro se excusan con sutiles argumentos que dejan al padre tan preocupado que decide hacerles una visita, haciendo caso omiso de su mala salud, que le impide viajar en avión, y cerrando los ojos al alejamiento de los domicilios de sus hijos, dispersos por la amplia geografía de Estados Unidos.

AVENTURA DE CARRETERA Y RAÍLES
El primero en recibir su visita es David, pintor. Pero no está en casa. Y prosigue Frank su aventura de carretera y raíles, tan del gusto
americano. Es muy hermosa, por cierto, la escena en que, viajando en tren, juega a adivinanzas con viajeras que le acompañan en el vagón. La solución al enigma son los cables de teléfono, que se van dibujando como olas a lo ancho del paisaje. Y explica con emoción el venerable anciano que él ha dedicado su vida al revestimiento de esos cables, que tanto facilitan la comunicación entre la gente. Y que, gracias a este trabajo, ha podido dar buena carrera a todos sus hijos. Detalla, finalmente, a qué se dedica, con pleno éxito, cada uno de ellos.
El cartel del film refleja la ilusión del padre que acude, feliz, a conocer la realidad de cada hijo, cámara en mano, para dejar constancia gráfica del buen hacer, del buen vivir de cada uno de ellos.
Pero su viaje iniciático le va enseñando demasiadas cosas que ignoraba sobre su familia. Mientras el padre forraba de PVC los cables del teléfono, recibía la madre confidencias de todos ellos, animándoles a sobrevivir en la jungla del asfalto, la comida basura y el trabajo precario. Salva el humor y la humanidad a nuestro héroe vencido, que descubre, por fin, la más insospechada verdad sobre David, a quien no pudo encontrar en casa por un grave problema que desbordaría a todos. Y tiene que reconocer, desde la confesión más sanadora, cómo les imponía, sin escucharles, sus propios sueños.
Lo que en un principio era sólo una ilusión ("Todos están bien"), al final del drama, realizada la catarsis, descolgadas las caretas, ardiendo a tope los cables de la comunicación, se convierte un poco, por arte de varita mágica, en un solemne "¡TODOS ESTÁN BIEN!", con el que finaliza la película. Conservaremos en la memoria musical los compases de "(I eant to) come home", canción que Paul Mc Cartney compuso para el film, y está nominada para los Globos de Oro. 100 relajados minutos de emoción, entretenimiento y pañuelo que no olvidaremos.

"ELLOS SABRÁN POR SÍ Y A COSTA DE SU SANGRE..."
Presentaré, en el latido hondo de nuestro Nido de Poesía, unos interesantes versos seleccionados del poema de Dionisio Ridruejo
"Umbral de la madurez" (último tercio del extenso poema). Fue escrito en 1944, después de haber combatido en la guerra civil española y en la europea (1936-1942). A la vuelta de tanto sufrimiento, se dirige, con treinta y dos años, a su otro yo, a su conciencia, y le suplica que sea comprensiva con la juventud, "sin magisterio vano". "No clames tu experiencia..." "No quieras escarmentar ahora / al que viene detrás y va por su camino..." No te van a escuchar. "Ellos sabrán por sí y a costa de su sangre..."
Parece justo y necesario que un padre como Frank aconseje a sus hijos. Pero sin obligar, sin asfixiar. Sin jamás imponer una profesión o un matrimonio. Y después, siempre, de haberlos escuchado respetuosamente. Se trata de la vida del hijo, no de la del padre...
UMBRAL DE LA MADUREZ
Pero ahora recuerda, solamente recuerda.
Sea tu compasión sin llanto y sin reproche,
y sea, sobre todo, sin magisterio vano.
No clames tu experiencia.
Es tiempo de silencio y destreza piadosa.
Sobre todo no quieras escarmentar ahora
al que viene detrás y va por su camino.¡Oh!, no enseñes al joven;
no le digas mostrando tu pequeña impotencia:
«Mirad, jóvenes, ésta, la verdad de la vida.»
Que no sepan por ti... Pero no sabrán nada;
sus ojos no te ven, sus oídos no escuchan.
Míralos como llegan aureolados, puros:
aquel que se dispone como tú en otro tiempo
a vestir castamente la armadura,
y aquel que viene envuelto
en un manto de nieblas melancólicas, chispeando sus ojos,
y aquel que se ha vestido las mallas delicadas del placer sin cautela.Ellos sabrán por sí y a costa de su sangre.
Que transiten sin huella su pavimento de diamante virgen,
que impongan el esquife de oro a las ondas bravías,
que no emplome sus alas la prudencia ni el desengaño.
No ahorres dolor al que aún es omnipotente.
Tú sigue tu camino, construyendo,
hora a hora, brote a brote, grano a grano, alma a alma,
el penoso edificio de tus realidades.
Cree, espera y recuerda,
recuerda solamente, porque el recuerdo es claro,
y como piedra oculta va haciéndote en un ser indestructible.Y si has de llorar vertiendo las cenizas de tu sangre
sobre las cenizas del empeño maltrecho y remoto
busca la soledad y ríndete en silencio.
Clama a tu corazón de rodillas: ¡Dios mío!

Comentarios:
Saludos a ambos.
Dionisio Ridruejo, de lengua clara y limpia y según Dámaso Alonso creador de la " Poesía arraigada ".
Con una gran serenidad formal propia de la estética garcilasista, siendo un maestro en la forma del soneto, para el cual poseía una gran facilidad. Sus comienzos poéticos deben algo al modelo machadiano, y en general, su poesía es muy honrada, profunda y entrañable.
Saludos Nicolás.
El lector interesado en su hermosa poesía, quizá esperaba encontrar un poema en que lo descriptivo pesara sobre lo conceptual, en que el papel del recuerdo tuviera un tratamiento tópico, acordado a un título que nombra una geografía de su infancia. Pero los elementos, los objetos, las anécdotas de las calles en su trasiego diario e infantil son removidas en la quietud del presente. Y el recuerdo no se limita a recuperar un conjunto de escenas vividas. También involucra a cuanto en el momento de la operación del recuerdo se es en si, estando lejos ya de aquel pasado vivido.
Somos recuerdo, es cierto Nicolás, y lo dice el poeta; y escribe: Vuelve todo y mana / el para siempre ayer eternamente. Somos recuerdo, nos hacemos mayores sí, somos ya recuerdo. Somos cuanto hemos dejado de ser.
Somos cuanto hemos sido, como en ...
Como la nieve fluye y va sonora
de haber sido silencio, así mi olvido
de las cumbres del ser en que ha dormido
baja al tiempo natal y fluye ahora.
Ya es celeste el hollín en la herrería
y el chirriar de la rueda con estopa
del cordelero y riza la garlopa
una miel inmortal de todavía.
Vuelve la yunta de ganar el valle
con su lanza arrastrada y la campana
vuelve a pasar entre la luz y el puente.
Vuelve el mercado a empavesar la calle
con soportales. Vuelve todo y mana
el para siempre ayer eternamente.
Dionisio Ridruejo. ( 1934 )
***
Demasiado meloso melodrama. Una vez que el personaje principal visita a dos hijos, la fórmula de la película se repite y se convierte en un filme bastante tedioso. Lo mejor de la producción es el genial trabajo de Robert De Niro. Por fin podemos ver un lado de él, al que no nos tiene acostumbrados. Por momentos puede recordarnos al viejecito de "Up". Un actor con un personaje que hubiera encajado mejor en un drama diferente y menos absurdo y algo más original.
Pero resulta que al final, nos entretenemos sin más, y pasamos el rato.
Y el que elija verla probablemente es que quiere de eso mismo, ni gritos, ni muertes, ni misterios, ni sobreslatos, ni sangre, sino bondad edulcorada de clase media USA.
***
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Nicolás de la Carrera
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