
Hablábamos, en el pasado post, del NIÑO que todos hemos sido y que llevamos dentro más o menos enterrado (pulsar aquí). Describíamos al Niño Natural o Niño Libre que, en su vertiente positiva, es afectuoso, sensual, impulsivo, imaginativo, curioso... Y en su vertiente negativa, irresponsable, egocéntrico, agresivo, rebelde... Es importante para los Adultos recuperar el Niño Natural que un día fuimos. Añade encanto y cordialidad a la personalidad del individuo.
Nos apoyábamos, y nos apoyamos hoy, casi al pie de la letra, en el best seller "Nacidos para triunfar" (el ejemplar de mi biblioteca corresponde a la 38 reimpresión).
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Celebramos hoy la festividad de los Santos Inocentes. La ambición política de un dictador le llevó a masacrar a una generación de recién nacidos belenitas. La escena del infanticidio ha sido reproducida gráficamente en dramáticos cuadros que hieren severamente nuestra sensibilidad (hoy también se conmemora el día del bebé que no llegó a nacer a causa de una intervención médica que en vez de curarle, le exterminó).
Ayer, en la fiesta de la Familia, se congregaron en Madrid varios centenares de miles de personas, familias completas –madre, padre, hijos– en la mayoría de los casos. Acontecimiento de gran relieve que nos anima a seguir trabajando por la familia, célula imprescindible de una nación solidaria y feliz.
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Hoy, 21 de diciembre, comienza el invierno. Se acerca la Navidad, y existe entre nosotros la devota costumbre de desempaquetar ya las figuras de barro de otros años y montar el Belén familiar, recordando a nuestros queridos antepasados que habitan ya el celeste Belén de la Paz y la Alegría. Del misterio de la Navidad se han escrito los más bellos poemas. Meditarlos, cantarlos, rezarlos, bailarlos... llena de gozo el alma y acerca al corazón calor y luz de otra orilla. Y siembra en nuestro pecho la bendita noticia de que Dios se ha hecho hombre y el hombre se hace amor.
A lo largo de varios años he ido antologizando versos sencillos y tiernos que, revestidos de luz, calor, sonido, convierten nuestro ordenador en vidriera de catedral, devocional estampa, mensaje de ángeles y, más allá del rayo y la tormenta, revelación de Dios en brisa de bits que acarician los ojos, los oídos, las entrañas del buscador (la imagen inicial de la muchacha abierta al misterio de la noche corresponde a la página índice de "Reír, Pensar, Rezar, Bailar la Navidad"; pulsar aquí).
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En el último post citábamos un fervoroso pensamiento de José Emilio Pacheco, recientemente galardonado con el Premio Cervantes: "Entre los libros poéticos de la Biblia, los más interesantes para un lector contemporáneo son el de Job y el Cantar de los Cantares, acaso el más grande poema de amor de todos los tiempos.”
De este hermoso libro de amor quisiera escribir hoy, porque me ha regalado estos días mil y una alegría. Os lo cuento. Publiqué en 1997 un emocionado texto comentando el Cantar de los Cantares ("Amor y erotismo del Cantar de los Cantares", Nueva Utopía). Se agotó la edición. Y, aficionado a la creación cibernética, edité en bits lo más sustancial del libro (cincuenta páginas web). Cada página venía ilustrada con imágenes y sonorizada con temas musicales. La técnica que se utilizaba entonces para el sonido era mediante "midis" (de menos peso que los "wav"), pero que lentificaban excesivamente la apertura de cada página.
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Con este post cerraré el improvisado excursus de homenaje al talante ecologista de José Emilio Pacheco, en su trato con la naturaleza y muy especialmente con los animales, que defiende éticamente frente a la avidez depredadora de los humanos.
Entre los poemas que presento hoy como fervoroso homenaje al último Cervantes, destacaré "Ballenas" y "Las moscas", en los que se entretejen sagrados textos con el discurso lírico, procedimiento estilístico frecuente en el escritor mexicano (pulsar aquí para una primera aproximación a "El lenguaje bíblico en la poesía de José Emilio Pacheco").
El intelectual posmoderno, por su desinterés y su desconocimiento de la revelación bíblica, apenas es capaz de saborear ya los grandes textos poéticos de consagrados autores de la lírica universal... Recomienda Pacheco un mayor acercamiento al mundo de la Escritura:
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Proseguimos el inventario lírico de personajes del mundo animal que iniciamos en pasados post (pulsar aquí y aquí). Existe una curiosa publicación en la que un artista, Francisco Toledo, a la vista de cincuenta y ocho poemas de Pacheco, divididos en varios espacios (de agua, de aire, de tierra, de fuego...), ha realizado veintiocho sugerentes dibujos. De esta obra, "Album de zoología", me permito reproducir algún párrafo, que sugiere las razones éticas que movieron la pluma y el corazón del poeta mexicano, y justifican su honda preocupación por el peligro mortal con que el "progreso" de nuestra civilización amenaza a los seres vivos y pone en riesgo nuestra propia supervivencia:
«Album de zoología» resulta así de una intensidad fulminante y de una lucidez vital, imperativa. Casi siempre víctimas, los animales son aquí los primeros desheredados y oprimidos de nuestro mundo: los hemos acosado y cazado durante siglos, hemos envenenado con nuestros desechos sus moradas.
Sin embargo, con un instinto que muchas veces supera a nuestra inteligencia destructora, ellos se las han arreglado para sobrevivir. Su lección es la misma que guarda este «Album de zoología»; no una moraleja sino una profunda llamada de atencíón hacia la vida.
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06.12.09 @ 07:00:00. Archivado en Naturaleza, Poesía

Sugerí en el anterior post (pulsar aquí) que José Emilio Pacheco dialoga, en su poesía, como Francisco de Asís, con todos los seres vivos de la creación. Dialoga o algo por el estilo, como observar amorosamente, sentir solidariamente, denunciar justicieramente... Aunque le percibo, en casi toda su obra, un poco pesimista y un mucho tristón, hasta llegar a comunicarnos literariamente, en repetidas ocasiones, su personal profecía de apocalipsis laico con que nos amenaza.
Como curioso naturalista, se aproxima a ejemplares de la fauna y flora más próxima, a su hermosura, a sus sabias estrategias de supervivencia. Y como ecologista lúcido, denuncia el comportamiento explotador del hombre contemporáneo, que no valora en su justa medida la maravilla que son tan increíbles seres. Casualmente ayer mismo me llegó de una amiga, vía email, un sugerente eslogan ecológico que firmaría entusiásticamente Pacheco, y pienso que resume el espíritu de su fervor zoológico:
"Nunca dejará de sorprenderme la inteligencia de los animales ni la bestialidad de los hombres."
Este pensamiento venía acompañado del dibujo de un burro, que acompaña este post. A lo mejor ni los burros son tan burros, ni los humanos tan humanos.
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El premio Cervantes de este año acaba de ser otorgado al mejicano José Emilio Pacheco, de 70 años, notable escritor, excepcional poeta. Los amantes de la lírica estamos de suerte porque, al auparle a lo alto del candelero, podrá llegar más intensamente a nosotros su luz, como un faro, en la procelosa oscuridad de nuestro desolado tiempo.
Como sabio pórtico, me permitiré citar un párrafo de la presentación, en contraportada, de la antología "La fábula del tiempo" (Chile 2007):
"Con una gran variedad de voces y de formas poéticas -del epigrama y el haikú al versículo y el poema extenso- aparecen en esta antología la tragedia, la violencia y la fugacidad, al lado del fulgor de la hermosura y la celebración del hecho incomparable de estar vivos. Pacheco ha demostrado que todo en el mundo puede ser tema de la poesía. No hay nada que no pueda decirse con el instrumento preciso y lacónico del verso."
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