Otoño 4. ERNESTINA DE CHAMPOURCIN, hoja que rueda en Sus Manos
15.10.09 @ 07:00:00. Archivado en Naturaleza, Espiritualidad, Poesía

Con satistacción propongo para hoy acercarnos a unos versos otoñales de Ernestina de Campourcin, presencia femenina indispensable de la generación del 27. Su desgracia, para la pequeña historia, fue que, a pesar de ser amiga de los grandes poetas de su generación y excelente escritora, se expresaba como creyente. Y se la ignoró, entonces y ahora, a pesar de su extraordinaria calidad lírica y humana. A Gerardo Diego, en su Segunda Antología "Poesía española contemporánea", de 1934, no se le escapó la poeta de Vitoria. Y la incorporó, con once primerizos poemas, del brazo de Luis Cernuda y Rubén Darío.
De su obra "Presencia a oscuras" (Adonais 1952) selecciono dos títulos. Con estos versos inició Ernestina ("Nina" para su familia) una nueva etapa, que José Ángel Ascunce bautizaría como "poesía del amor divino" (1940-1972).


COMO ESA HOJA DE FUEGO

De la sección "III. OTOÑO Y DIOS" transcribimos un místico poema de gran fuerza y compromiso. Como esa hoja del otoño, entregarse dócilmente al viento, abandonarse a las Manos divinas, "entre la lluvia y el polvo", sin hacerse preguntas..., renunciar al árbol y a la rama. Y volar a donde el Señor te lleve...
COMO ESA HOJA...
HAZME como esa hoja de otoño, Señor.
Como esa hoja de otoño,
llama dócil a tu viento,
sin inquietudes ni angustias,
que rueda sumisamente
al impulso de tus manos.Que no pregunta ni sabe;
que va donde Tú la llevas,
perdida, rodando, sola
entre la lluvia y el polvo.
Como esa hoja de fuego
que ha renunciado a su rama
y a la fuerza de su árbol.Hazme como ella, Señor;
que vaya entregada a Ti,
desprendida de mi misma,
ajena a todo: al camino,
al horizonte, a la sombra.Arráncame de este tronco
que me impide levantarme.


CUANDO YO TE ESPERABA

Asomémonos ya al segundo título del poemario, sección "I. HACIA LA LUZ". Después de una aparatosa tormenta, con rayos y truenos, y diluvio, y viento..., se pregunta Ernestina por qué no ha vislumbrado a Dios, si le han visto hasta los árboles, los niños, los enfermos...
Me viene al recuerdo aquello que leí de la vida de Lutero y que he redescubierto en un relato biográfico por internet:
"Al regresar a la universidad, Lutero fue alcanzado por una fuerte tormenta. Los cielos rugían en su contra. La torrencial lluvia caía y un fuerte relámpago tras otro le cegaba. Lutero estaba convencido de que el diablo lo perseguía, que su muerte se aproximaba y que su alma sería perdida. Tumbado al suelo por un relámpago que se clavó cerca de él, Lutero pidió auxilio. No a Dios. Ya sabía que Dios estaba enojado con él. No. Sus palabras fueron: "¡Santa Ana, ayúdame!" Y juró, que si Dios le salvaba, se haría monje."
¡Qué diferente actitud frente a una tempestad! La poeta vasca reconoce también la presencia poderosa de Dios en el brutal suceso. Pero desde el amor, la confianza, la relajada entrega... Me evoca la ingenua sabiduría de aquella niña que regresa de un tormentón empapada de lluvia, pero alegre, porque el buen Dios le ha estado haciendo fotos desde el cielo con su potente flash...
VISIÓN
HAS cruzado los cielos con tu rayo de oro
y has barrido la tierra cubierta de hojarasca.
¡Vendaval de tu paso implacable y seguro,
polvareda tupida que te esconde y ampara!Algunos te han sentido; quizá los moribundos
y los niños que miran con nitidez de espada...
Ahora llueve y sabemos que pasaste muy cerca.
La brisa que has alzado se enreda a mi garganta.Di, ¿por qué nos rozaste sin nombrarnos siquiera?
¿Temiste que la angustia de la pasión humana
te obligase otra vez a ofrendarnos la vida,
a echarnos nuevamente tu luz crucificada?Los árboles te vieron: un dulce escalofrío
recorre todavía el lomo de sus ramas.
Pero has atravesado el mundo sin mirarme.
Di, ¿por qué me esquivaste cuando yo te esperaba?


Comentarios:
Efectivamente la poesía de Ernestina Campourcin, merecía al menos por estos poemas estar recogida en alguna antología.
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Nicolás de la Carrera
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