

Recordábamos en el post anterior (pulsar aquí) la trayectoria vital y literaria del extraordinario poeta cubano Cintio Vitier, recientemente fallecido. La mejor celebración de un lírico ausente es comulgar con sus sagrados textos, y permitir que resuenen vivos por los íntimos claustros de nuestro corazón. Bien le definía Ricardo Gullón : “Poeta de interior, su intención queda a salvo en la constante pesquisa del milagro revelador, de las iluminaciones fecundas.”
En el breve espacio del post de hoy nos iluminará Vitier con el relámpago fugaz de cuatro intensos poemas. Preside su obra un halo misterioso de sabiduría y gracia. Con razón han señalado de él las autoras de “Hombre y Dios II. Cien años de poesía hispanoamericana”, BAC 1996, el destacado protagonismo de su inteligencia. «Una inteligencia “mística”, que parte del sentido del misterio en la vida, para desarrollar cada intuición hacia una forma laica y coherente. El pensamiento le lleva a la fe y al amor al prójimo, la solidaridad.»
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Acaba de fallecer en La Habana, a sus 88 años, el poeta cubano Cintio Vitier (septiembre 1921-octubre 2009), destacado humanista del grupo literario "Orígenes" (1944-1957) liderado por José Lezama Lima. Su adorada compañera de tantos años, Fina, también origenista, le sobrevive, en estos dolorosos momentos, con lucidez y fuerza espiritual (la presente fotografía de Fina y Cintio es reciente, fue tomada hace tan sólo un par de años). El crítico literario Blas Matamoro acaba de presentar en ABC un retrato de urgencia del poeta y su grupo literario, anterior a la revolución cubana. Transcribimos unas líneas:
"El lirismo abstracto y la religiosidad existencial del último Juan Ramón, el simbolismo muy destilado de Valery a través de Mariano Bruli, un barroquismo de exuberancia tropical pasado por Rubén Darío y la peculiaridad de un catolicismo muy ligado a las vivencias sensibles, al cuerpo, no ya como lugar del pecado y el dolorido sentir del destierro sino, al contrario, como escenario de la Encarnación, del Hijo de Dios hecho carne y de la palabra como carnal..."
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El título de la exposición procede del último libro publicado en vida por Georges Bataille, "Las lágrimas de Eros" (1961). Aquella fue la aportación final del autor sobre un problema que había indagado a fondo en su obra "El erotismo" (1957): la íntima relación entre Eros y Tánatos, entre la pulsión sexual y el instinto de muerte. Bataille, en su ensayo, sugiere trascendencia religiosa en intensas experiencias eróticas. Así lo explica Guillermo Solana, comisario de la muestra:
La identidad entre Eros y Tánatos sólo cobra sentido para Bataille en el contexto de la experiencia de lo sagrado. El erotismo es objeto de un tabú, de una prohibición (interdit) que ilumina lo prohibido “con una luz a la vez siniestra y divina: lo ilumina, en una palabra, con una luz religiosa”. En el erotismo, como en lo sagrado, la prohibición no existe sin la transgresión. La prohibición excluye lo natural, los impulsos animales, para instaurar el dominio de lo cultural. Pero desde el mismo momento en que es formulada, la prohibición desencadena el retorno de lo excluido, de lo que se había rechazado con horror. Los impulsos bestiales regresan en el sacrificio religioso, donde su violencia es moldeada como un material precioso y peligroso. El sacrificio es para Bataille el escenario último del erotismo.
En las 121 obras de la Exposición hay materia para el disfrute de múltiples miradas. También gays y lesbianas, por ejemplo, encontrarán imágenes de deseo en cada una de las dos grandes partes: "De la tentación al sacrificio", en el museo Thyssen, que acabo de visitar, y "El sueño eterno", en la Fundación Caja Madrid, que espero hacerlo en breve.
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Más de un millón de personas desbordaron ayer, 17-O, el corazón de Madrid. "Cada vida cuenta." También la del embrión, que es más que un simple ser vivo: es ya un ser humano en crecimiento. A detener su carrera biológica hacia el pezón de la madre, hacia la luz y el llanto, ¿por qué no llamarle infanticidio, salvaje y silencioso infanticidio? Me pregunto si la ética progresista de ZP y Aído, además de conceder a la madre y a las clínicas abortivas el derecho a eliminar un miembro de la comunidad, no han pensado nunca como prioritario el derecho a nacer del embrión.
He escrito también matricidio, porque, al interrumpir la vida que late por su vientre, renuncia la embarazada a la dignidad de ser madre. Se mutila además psicológicamente, porque no hay mujer que pierda un hijo de sus entrañas y no fantasee posteriormente el maravilloso tesoro que se le ha escapado de las manos y malogró su confundida inconsciencia (síndrome post aborto).
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Con satistacción propongo para hoy acercarnos a unos versos otoñales de Ernestina de Campourcin, presencia femenina indispensable de la generación del 27. Su desgracia, para la pequeña historia, fue que, a pesar de ser amiga de los grandes poetas de su generación y excelente escritora, se expresaba como creyente. Y se la ignoró, entonces y ahora, a pesar de su extraordinaria calidad lírica y humana. A Gerardo Diego, en su Segunda Antología "Poesía española contemporánea", de 1934, no se le escapó la poeta de Vitoria. Y la incorporó, con once primerizos poemas, del brazo de Luis Cernuda y Rubén Darío.
De su obra "Presencia a oscuras" (Adonais 1952) selecciono dos títulos. Con estos versos inició Ernestina ("Nina" para su familia) una nueva etapa, que José Ángel Ascunce bautizaría como "poesía del amor divino" (1940-1972).
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El pasado domingo celebramos la fiesta del santo de Asís, ofreciendo dos deliciosos poemas franciscanos (pulsar aquí). En el octavo día, soltamos hoy, desde lo alto de este palomar de poesía, otra pareja de curiosos romances que enjoyan la tradición franciscana con su ingenuidad y su misticismo.

La imagen que nos preside es una estampa indígena de exquisita sensibilidad. Una trinidad de palomas saltando por las manos y el hombro del hermanito universal. No sólo Francisco predica a las aves: las escucha, las siente, las admira, caricia del buen Dios.
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El pasado 4 de octubre ha celebrado la Iglesia la festividad de san Francisco de Asís. Todos los santos tienen octava, y en este Nido de Poesía empollamos hoy un par de poemas sobre el santo de la alegría, la sencillez, la fraternidad... Hermanos todos los hombres, hijos de un mismo Padre. Hermanos todos los seres de la Creación, en unidad de origen, en unidad de destino.
Tengo en mi biblioteca un grueso centón lírico, "Antología de poetas hispánicos. Homenaje a Francisco de Asís", dirigido por Jaime Fernández O.F.M., Coculsa 1982, de casi mil páginas y 421 poemas sobre el Poverello, su vida y obra. No son muy valiosos literariamente la mayoría. Pero están escritos todos ellos con sensibilidad y devoción. Me permito, en este apresurado homenaje, dar a conocer y disfrutar dos bonitos títulos simpáticos y edificantes...
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05.10.09 @ 07:00:00. Archivado en Naturaleza, Poesía

José Hierro, ya en su primer poemario "Tierra sin nosotros" (1947), fascinado por el Otoño, su mágica luz y sus dorados frutos, lo personifica en un ser misterioso que se acerca al visionario y le regala ternura y fresca fruta:
CABALLERO DE OTOÑO
Viene, se sienta entre nosotros,
y nadie sabe quién será,
ni por qué cuando dice nubes
nos llenamos de eternidad.
Nos habla con palabras graves
y se desprenden al hablar
de su cabeza secas hojas
que en el viento vienen y van.
Jugamos con su barba fría.
Nos deja frutos. Torna a andar
con pasos lentos y seguros
como si no tuviera edad.
Él se despide. ¡Adiós! Nosotros
sentimos ganas de llorar.
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No como hoja seca desprendida del árbol. Como rama cuajada de frutos, se desgajó del tronco hace unos días el poeta antequerano. Así lo pedía Andrés Trapiello al evocar, ante una rama caída, generosa de membrillos: "Yo entonces pensaba: / un día quisiera / para mí la suerte / de esta rama vieja. / Cargado de frutos / posarme en la tierra / silenciosamente / y dormirme en ella". Así se fue José Antonio Muñoz Rojas, silenciosamente como había vivido, denso de humanidad y anhelo trascendente.
Nos encontraremos de nuevo con él en el cuartito de estar de sus Poesías Completas. El mejor homenaje a un poeta acaso sea cosechar racimos de belleza y ternura donde un día sembró para nosotros su corazón y su esperanza.
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