TRES POEMAS DE AMOR de VICTORIANO CRÉMER

Permalink 06.07.09 @ 06:00:00. Archivado en Mayores, Pareja, Sexualidad, Poesía

De toda la poesía de Victoriano Crémer (diciembre 1907 / junio 2009), en el homenaje de hoy seleccionaré tres poemas de amor. El amor y la muerte (eros y thanatos), los dos grandes temas de su vida. En plena guerra civil se enamoró perdidamente de una joven, Trinidad Leonardo, con quien matrimoniaría en marzo de 1939. Ocho años después publica en Adonais "Caminos de mi sangre", dedicado "A mi mujer. A mis hijos."

Los versos que acaso se hayan hecho más populares de toda su producción lírica corresponden a "Mi loba blanca", que presenta como su "primer poema de amor". Dedicado a Dámaso Alonso, introduce versos de Salinas: "Ella, tan vaga e indecisa antes, / tiene escogido cuerpo, sitio y hora. / Me ha dicho: “Voy”. Soy ya su destinada presa." El lenguaje es tremendista, como corresponde a aquella su primera etapa existencial.
    
"FUÍ PASTO DE SU FURIA..."

MI LOBA BLANCA
primer poema de amor

Me seguían sus ojos y yo era menos que un niño.
Bosques y primaveras me arañaban el pecho
brotándome en los cauces borbotones calientes
en los que el alma yergue su furia fundadora.

Su gran calma de esposa apretaba sus círculos
y me sentía centro de su raudal sangriento;
con el galope oscuro de la sangre apremiando
la altiva meta blanca de su dormida carne.

¿Fue su voz? De más hondo que el deseo, rompiendo
su corteza de plomo, me llegó aquel balido
que estrellaba su espuma, como un ala arrancada,
en mis rubias arenas palpitantes de soles.

¡Oh, sequedad del aire, oprimiendo el latido
con que la luz rehizo su primera llamada!
¡Fue su voz! Su inefable mensaje acordonado
por airados cuchillos de escarcha matutina.

El espanto y la tierra tiraban de mi cuerpo
y un altivo universo desgarraba mis hombros.
Sentí que entre los brazos florecían sus pechos
y que éstos me clavaban contra un aire reciente.

¡Huir! ¡Huir! Perderme por bruñidos desiertos.
Borrar de mis pupilas sus ojos insaciables
y sepultar su voz, su eterna voz marina
en mi hondón retorcido de caracola humana.

Su garra fue primero. Su garra, no su mano,
que dos fuentes de sangre llenaron mi costado
desbordándome en ellas como una madre nueva
a quien los mares dieran un hijo de su carne.

Y luego, fue su luz. Su inmenso mediodía
creciéndose en mis ojos como un bosque incendiado,
ardiéndose en las llamas mis tigres y mis dudas,
con sus flancos rotundos y su feroz aullido.

¡Oh, irremediable abrazo! ¡Oh, desolado beso!
¡Oh, arcángeles pastores de mi sangre en derrota!
¡Oh, cuerpo fulgurante apretándome el pecho
como un mármol o un mundo, y en él Dios empinado!

Fui pasto de su furia. Su mirada y sus dientes
implacables hicieron tajadas de mi alma.
Mis vestidos rodaron como musgos antiguos
y sentí deshacerme como un barco de niebla.

Yo veía sus manos sortearme las venas
y herir con sus cuchillos mi corazón menudo,
y azuzar mis dormidos afanes como galgos
llenando de ladridos mi apacible ribera.

Yo sentía -la siento- abrevar en mi sangre.
Romper mi dura piel. Darme muerte lentísima…
¡Y no eludo sus saltos de terciopelo y sueño!
¡Y no huyo! ¡No huyo!… ¡Mi feroz loba blanca!...

  

EL AMOR ES UN TEMPLO

Casi treinta años después, con el poemario "Los cercos" (1976), nos entrega nuevos versos de amor. "Canto de los esposos", subtitula el poema. Y, a lo Salinas, enfatiza el título: "TÚ Y YO". Nos encontramos lejos de la generosa verbosidad de "Mi loba blanca". Por su extensión, destacaré tan sólo el inicio y el final. La palabra "Serenidad" podría resumir su nueva respuesta a las urgencias de la vida:

TÚ Y YO
Canto de los esposos

 

El amor es un templo
hecho a la medida del corazón.
Aquí, a tu lado, siento
el fervor de las cúpulas, el aire
blasonado, el pálpito tranquilo
de la piedra.
                     Catedral florecida de mis sueños...

 

                    
Gastamos juventud sufridamente,
con paciencia y amor.
                                     De aquella historia
los hijos en el tiempo
y esta flotante soledad conjunta.

Nos miramos. Te miro. Densa, lenta
pronunciación:
                         "¡Esposa mía, esposa!"
digo y el corazón se invade
de resignado azul.
                              Sobre el recuerdo,
solos tú y yo, inmensamente,
únicos.

                    

 
SE ROMPE EL CIELO CON ESTRÉPITO

Los últimos versos de Victoriano Crémer se custodian, como en un relicario, en "El último jinete", Visor 2008, premio Jaime Gil de Biedma, recién impreso. Me voy a permitir el lujo de escoger, para cerrar post, el exotismo de un poema muy singular: "El vacío". El superabuelo Crémer introduce quejidos en la alcoba, convulsiones y lluvia... Se rompe el cielo con estrépito...

EL VACÍO

Nos hicieron con sangre,
con sombríos sonidos
y oscuras convulsiones.
Se rompe el cielo
con estrépito.

Algo sucede
en el mundo de la música.
Y entonces es cuando en el silencio
de la alcoba, alguien dice:
«Te amo».
Se escucha un quejido prolongado
y una lluvia
dulcemente musical
se derrama en la niebla.

      * * *

La larga caricia del agua
suena misteriosa
en la agonía de las sábanas.
El recortado beso
se cuaja, amargo, entre dientes.
Nos nacieron
para el amor y ardemos
como cañas secas.


POESÍA COMPLETA

Me dan la noticia de que Calambur acaba de publicar la Poesía Completa de Crémer, bajo el título "Los signos de la sangre". 1.500 páginas en dos volúmenes. Presenta la edición el catedrático de Literatura José Enrique Martínez. Resumiendo en pocas palabras la evolución existencial del centenario poeta, señala el editor que, a lo largo del tiempo, "se fue volviendo más trémulo, emotivo y reflexivo". Lo comprobaremos en sus escritos completos, muchos de ellos recogidos de revistas, periódicos, etc.


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Comentarios:
El poema de la loba es estremecedor. ¡Cuánto fuego en las imágenes!. ¿Oye los dibujos son de Alex Alemany?. Me recuerdan su estilo.
Enlace permanente Comentario por Carmen Bellver [Blogger] 06.07.09 @ 20:28

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