Los últimos seis años de M. H. (y 3). Cancionero y romancero de ausencias
02.04.09 @ 06:00:00. Archivado en Pareja, Psicología, Poesía, Miguel Hernández

Al tiempo que va escribiendo, cercado por la sangre y el sufrimiento, los últimos versos de "El hombre acecha", su segundo libro de guerra, le nace un hijo, Manuel Ramón (diciembre de 1937), que desgraciadamente fallecerá sin poder celebrar el primer año de vida. Se deprime Miguel. La guerra está perdida y su esperanza de pervivir en el hijo que tanto se le parecía, se viene abajo. Y escribe desconsolados versos de angustia y desconsuelo. Pero unas semanas después recibe la noticia de que ha venido al mundo Manuel Miguel (enero de 1939), su segundo hijo, vivo retrato de la madre.
Derrotada la república, intenta Miguel huir a Portugal, pero, detenido, da con sus huesos de nuevo en Madrid, en la cárcel de Torrijos (15 de mayo de 1939). Allí escribe, aunque sea en papel higiénico, versos y versos que va reteniendo con excelente memoria, y entrega a amigos para pasárselos a Josefina: versos de arte mayor, o en romance, o cancioncillas simples, de talante esperanzado o amargo desconsuelo, retazos de biografía lírica de uno de los más grandes poetas del siglo XX. Sobre todo a raíz del fallecimiento del primer hijo, había ido escribiendo, como obsesionado por la tristeza, poemitas breves muy hondos, pequeños cantares cargados de dolor y sufrimiento.
Escribe a su esposa, desde la prisión de Torrijos, el 3 de agosto de 1939, refiriéndose a estos escritos:
"No quiero perderlos, porque son el trabajo de casi dos años y el pan de mañana vuestro, además del mejor recuerdo del hijo primero..."
A los cuatro meses, inexplicablemente es puesto en la calle y regresa ingenuamente a Orihuela a encontrarse con Josefina. Y allí la entregará un cuaderno gris, que Miguel titula precisamente "Cancionero y romancero de ausencias", donde, a lápiz, ha ido transcribiendo en la cárcel casi 80 poemas.
Contiene el cuaderno, además, otras mucha pérdidas que va describiendo gravemente en pequeños relatos intensamente tristes: muerte del hijo, ausencia de su mujer, derrota de la guerra, pérdida de libertad, etc.
Sangrando por tres heridas, está escribiendo Hernández su "Cancionero y romancero de ausencias": la herida de la muerte (fallece un hijo de meses), la del amor (separación de Josefina) y la de la vida (pérdida de libertad, condena a muerte, enfermedad terminal...). Su derrota política y social es absoluta. ¿Pero lo fue también su derrota humana, su aniquilación literaria? Rotundamente, no. Me atrevo a sugerir en este post que, a pesar de la sangre derramada, latía bravo su luminoso corazón grande, grande, y sus años finales no fueron de fracaso existencial sino de amorosa y fecunda conciencia de hombre libre...
TU RISA ME HACE LIBRE

Terrible fue para los padres el zarpazo de muerte de su primer hijo. Pero el río de la vida deslizó misteriosamente a orillas de la pareja otro cestito/cuna con un nuevo moisés. Recordemos con qué ternura se dirigía Miguel a la nueva criatura (Nanas de la cebolla):
Tu risa me hace libre, / me pone alas.
Soledades me quita, / cárcel me arranca.
Boca que vuela, / corazón que en tus labios
relampaguea...
Ya que no es posible en prisión la presencia física, ¿por qué no comulgar, al menos, con el pan moreno y blanco de la fotografía? Refiriéndose al hijo, informa a su mujer:
"Todos los días os saludo en la foto, y mirando sus ojos y los tuyos me doy ánimo. Es decir, que, además de la ración de zanahoria, como cada mañana una ración de ojos"...
ESTA SEPARACIÓN NOS UNE MÁS

El corazón del preso no está deshabitado. Una mujer y un niño lo pueblan de cálidos amores."Esta ausencia y separación nos unen más", confesará con orgullo Miguel.
En sus primeros años de cárcel ya demandaba:
“Veo pasar un día y otro día, esperanzado y deseoso de correr a vuestro lado y meterme en nuestra casa y no saber en mucho tiempo nada del mundo, porque el mundo mejor está entre tus brazos y los de nuestro hijo”.
Y a pocos meses del final, seguía anhelando:
“Bueno, tú puedes poner la esperanza donde quieras. ¿Por qué no la pones en mí totalmente? Por mi parte, todo lo bueno que me ha de pasar en este mundo lo espero de ti, Josefina. Toda mi confianza la tengo en ti y en nuestro hijo.”
La recatada novia de El rayo que no cesa (el rechazo que no cesa) se entregará por fin en corazón, cuerpo, labios... Besa el amante su boca llena de pájaros, en mística fusión con generaciones pasadas y venideras, con todo el universo (La boca):
Beso que rueda en la sombra:
beso que viene rodando
desde el primer cementerio
hasta los últimos astros...Hundo en tu boca mi vida,
oigo rumores de espacios,
y el infinito parece
que sobre mí se ha volcado...
Con sensibilidad eligió Serrat este poema entre los diez títulos de su repertorio hernandiano. A cuatro primaveras de mayo del 68, trasciende Joan Manuel los retozones labios de aquellos estudiantes que pedían imposibles, y los eleva a utopía de beso cósmico.
LIBRE POR AMOR

Con las risas de fondo de un nuevo hijo, acuna el poeta el corazón y el cuerpo de su mujer en el más entrañable de los abrazos (Vals de los enamorados y unidos hasta siempre). Perdió la guerra, pero ha ganado el coraje de amar más allá del tigre, más allá del odio. “Alto, alegre, libre soy..., sólo por amor.” Apagados los rayos del poeta justiciero -"Viento del pueblo"- que destruye a sus enemigos con la santa indignación de un Yavé que aniquila, el nuevo Miguel relaja su puño cerrado del odio y ensaya palmas abiertas para el abrazo y la ternura.
Al venirse abajo la grandiosa construcción de la España republicana (Sepultura de la imaginación), sobre las ruinas de la guerra y el odio edificará, en su propia vida, un ser amoroso de nuevo aliento (ya no viento de ira, soplo ahora de paz), al abrazo de luz de cada hermano (Después del amor):
Amor: aleja mi ser
de sus primeros escombros,
y edificándome, dicta
una verdad como un soplo.
Ya no es el hombre DIOS para el hombre ("Viento del pueblo"). Tampoco LOBO o TIGRE ("El hombre acecha"). Acaso es sólo, ni menos, ni más, admirable MISTERIO abierto a la Trascendencia (Eterna sombra):
Soy una ventana abierta que escucha,
por donde ver tenebrosa la vida.
Pero hay un rayo de sol en la lucha
que siempre deja la sombra vencida...
PARA PROFUNDIZAR MÁS

Sugiero pulsar alguno de los siguientes enlaces, que desarrollan temas tan interesantes como:
Muerte del hijo
Nanas de la cebolla
Vals de los enamorados y unidos hasta siempre
Hijo de la luz y de la sombra
Antes del odio
Ascensión de la escoba
Comentarios:
No he leido toda su obra, pero sí lo más significativo. Y por supuesto insuperable la voz de Serrat con un manojo de poemas que hizo de Miguel Hernández y poeta vivo cuando sólo era conocido por muy pocos.
Para Nicolás de la carrera.
Con
aspecto
tosco.
Cara
de patata
recién
arrancada.
Corazón
de Oro
y el
alma
de plata.
Las manos
nudosas,
y huesos
huesudos
de andar
campesino.
Con
el pelo
ralo,
y la
tez
morena,
prieta,
descarnada.
Sandalias
de
esparto,
con camisa
blanca,
el cinturón
negro
y
el pantalón
raso.
Bueno
noble
y claro.
Limpio
serio
y llano.
Decente
POETA.
Oriolano.
* * *
Es un placer.
Machado es sin duda el poeta de más honda humanidad de la literatura española de todos los tiempos y tiene en Miguel Hernández un hijo legítimo que supo demostrar con su vida y obra la misma humanidad que el maestro sevillano en los momentos claves.
En su obra cumbre " El rayo que no cesa " creo existe una simbología clara con la fuerza divina y los rayos de Dios, los doce rayos de la creación.
Es el rayo atmosférico o el rayo solar como identidad cósmica inagotable de fuente de luz.
Soterradamente es la búsqueda incesante de la transcendencia y del amor.
Cordiales saludos.
encuentro en ocasiones se acerca al del autor entrañable de los campos de Soria ( mi poeta preferido ).
Escribe Miguel en ETERNA SOMBRA:
" Pero hay un rayo de sol en la lucha
que siempre deja la sombra vencida..."
" Yo que creí que la luz era mía
precipitado en la sombra me veo.
Ascua solar, sideral alegría
ígnea de espuma, de luz, de deseo".
* * *
Escribe Don Antonio en " Anoche cuando dormía ":
"
Anoche cuando dormía
soñé ¡bendita ilusión!
que un ardiente sol lucía
dentro de mi corazón.
Era ardiente porque daba
calores de rojo hogar,
y era sol porque alumbraba
y porque hacía llorar.
Anoche cuando dormía
soñé ¡bendita ilusión!
que era Dios lo que tenía
dentro de mi corazón".
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Nicolás de la Carrera
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