CARTA DEL JEFE SEATTLE. Para disfrutar y pensar (1)
20.06.08 @ 13:00:00. Archivado en Naturaleza, Espiritualidad, Política

Como es conocido, el Jefe Seattle pronunció en enero de 1854 un memorable discurso, dando respuesta al Gobierno que exigía a su pueblo amerindio vender las tierras al Estado y aceptar su reclusión en reservas ...
Este discurso, o manifiesto, o carta ha sido, en varias ocasiones, actualizado a nuestra época. Lo hizo suyo la causa ecologista a partir de los 70. Y en la actualidad, el movimiento antiglobalización lo utiliza como recurso didáctico y arma política.
Recita Constantino Romero
En 1999 Joaquín Cardiel, bajista de "Héroes del silencio", compuso una expresiva música como fondo para que Constantino Romero recitase, con su hermosa y recia voz, la carta/manifiesto del Jefe amerindio. Pulsando en la flecha de la izquierda podéis disfrutar cómodamente el texto de hoy:
En la próxima entrega, tendréis la oportunidad de leer y escuchar simultáneamente la segunda y última parte del manifiesto del Jefe Seattle. Si os apetece escuchar el texto completo pulsad aquí, y accederéis a una interesante página...
LA CARTA DEL JEFE SEATTLE
El gran jefe de Washington ha mandado hacernos saber que quiere comprarnos las tierras junto con palabras de buena voluntad. Mucho agradecemos este detalle porque de sobra conocemos la poca falta que le hace nuestra amistad. Queremos considerar el ofrecimiento porque también sabemos de sobra que si no lo hiciéramos los rostros pálidos nos arrebatarían las tierras con armas de fuego. ¿Pero cómo podéis comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Esta idea nos resulta extraña. Ni el frescor del aire ni el brillo del agua son nuestros. ¿Cómo podrían ser comprados?
Cada trozo de esta tierra es sagrado

Tenéis que saber que cada trozo de esta tierra es sagrado para mi pueblo. La hoja verde, la playa arenosa, la niebla en el bosque, el amanecer entre los árboles, los pardos insectos son sagradas experiencias y memorias de mi pueblo. Los muertos del hombre blanco olvidan su tierra cuando comienzan el viaje a través de las estrellas. Nuestros muertos, en cambio, nunca se alejan de la tierra que es la madre. Somos una parte de ella. Y la flor perfumada, el ciervo, el caballo y el águila majestuosa son nuestros hermanos. Las escarpadas peñas, los húmedos prados, el calor del cuerpo del caballo y el hombre, todos pertenecen a la misma familia.

También los ríos son nuestros hermanos
El agua cristalina que corre por los ríos y arroyuelos no es solamente agua sino que también representa la sangre de nuestros antepasados. Si os la vendiésemos tendríais que recordar que son sagradas y enseñarlo así a vuestros hijos. También los ríos son nuestros hermanos porque nos liberan de la sed, arrastran nuestras canoas y nos procuran los peces. Además, cada reflejo fantasmagórico en las claras aguas de los lagos cuenta los sucesos y memorias de la vida de nuestras gentes. El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre.

Dejando detrás sólo un desierto
Sí, gran jefe de Washington, los ríos son nuestros hermanos y sacian nuestra sed, son portadores de nuestras canoas y alimento de nuestros hijos. Si os vendemos nuestra tierra tendréis que recordar y enseñar a vuestros hijos que los ríos son nuestros hermanos y que también lo son suyos. Y por lo tanto, deben tratarlos con la misma dulzura con que se trata a un hermano. Por supuesto que sabemos que el hombre blanco no entiende nuestra forma de ser. Tanto le da un trozo de tierra u otro, porque no la ve como hermana sino como enemiga. Cuando ya la ha hecho suya, la desprecia y sigue caminando. Deja atrás la tumba de sus padres sin importarle, secuestra la vida a sus hijos y tampoco le importan. Tanto la tumba de sus padres como el patrimonio de sus hijos son olvidados. Trata a su madre, la tierra, y a su hermano, el firmamento, como objetos que se compran, se explotan y se venden como ovejas o cuentas de colores. Su apetito devora la tierra dejando detrás sólo un desierto.
Amamos este país como ama el niño los latidos del corazón de su madre...
No lo puedo entender. Vuestras ciudades hieren los ojos del hombre de piel roja. Quizá sea porque somos salvajes y no podemos comprenderlo. No hay un solo sitio tranquilo en las ciudades del hombre blanco, ningún lugar donde se pueda escuchar en la primavera el despliegue de las hojas o el rumor de las alas de un insecto. Quizás es que soy un salvaje y no comprendo bien las cosas. El ruido de la ciudad es un insulto para el oído y yo me pregunto qué clase de vida tiene el hombre que no es capaz de escuchar el grito solitario de la garza o la discusión nocturna de las ranas alrededor de la balsa. Soy un piel roja y no lo puedo entender. Nosotros preferimos el suave susurro del viento sobre la superficie de un estanque así como el olor de ese mismo viento purificado por la lluvia del mediodía o perfumado con aroma de pinos. Cuando el último piel roja haya desaparecido de esta tierra, cuando no sea más que un recuerdo su sombra, como el de una nube que pasa por la pradera, entonces todavía estas riberas y estos bosques estarán poblados por el espíritu de mi pueblo porque nosotros amamos este país como ama el niño los latidos del corazón de su madre...
Comentarios:
http://es.wikipedia.org/wiki/Jefe_Seattle
Quienes esten interesados en la historia de este mito pueden utilizar la wikipedia inglesa como base para localizar más información al respecto
En esta ocasión la maravilla ha sido doble gracias al arte del Blogger. Enhorabuena Nicolás y gracias por tu trabajo.
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Los comentarios para este post están cerrados.
Nicolás de la Carrera
autor
Contacto


