Miguel Hernández y la sexualidad (5). La masturbación
14.05.08 @ 13:00:00. Archivado en Espiritualidad, Sexualidad, Miguel Hernández
A raíz de su fracasada estancia de casi medio año en la Capital, regresa Miguel a Orihuela el 15 de mayo de 1932 y se encierra en su huerto escribiendo obsesivamente, a imitación de los grandes poetas del 27 que acaba de conocer, gongorinas octavas reales. A finales de verano casi ha redactado su primer libro, "Perito en lunas", que editará en enero del año siguiente con el mecenazgo económico del canónigo Almarcha.
Al pastor autodidacta le estallan las metáforas en orgía de belleza, elevando a su dignidad las ubres de sus cabras, el retrete, la mesa pobre de casa..., y las chumberas, el pozo, el gallinero de su corral, la gran procesión de palmas del Domingo de Ramos..., y hasta esa caricia íntima y prohibida -adán sin eva- que su sexualidad le demanda.
SEXO EN INSTANTE
En todo proceso de maduración sexual, suele vivirse una etapa de autoerotismo, máxime cuando la expresión sexual de cariño hacia otra persona con la que uno no se ha comprometido sacramentalmente, está perseguida en la calle y en la conciencia. Refleja Miguel sus obsesiones masturbatorias en varios escritos. El Poema X de Perito en lunas, titulado posteriormente por el autor Sexo en instante 1, que se cierra con el verso: "sin vértice de amor, holanda espuma", nos describe, en enigmático lenguaje, la insólita viñeta de una autocaricia. Explica S. Vidal: "La mujer está aquí ausente..., por lo que la masculinidad se ejerce en solitario, mediante ese tic-tac sordo que desemboca en blanca espuma, en eufemística descripción de la masturbación." Aludiendo a esta octava, comenta el mismo autor, al hilo de una escena de La tragedia de Calisto (MH, 63): "El onanismo es presentado con imágenes muy parecidas, como quien hace rebullir entre los dedos una serpiente que muda semanalmente de calzoncillos, y se apoya en esas mismas emulaciones del planeta que son los testículos."

Si a alguien le apetece leer completa la adivinatoria composición, pulse aquí.
MANO, GUSTO, MENEO, DESEO...
A lo largo de toda su poesía católica, aparecen alusiones más o menos explícitas. Así se lamenta el protagonista del Auto Sacramental (I, 1194):
Yo soy como la cometa
que a los cielos se subió.
¿Por eso es celeste? ¡No!
Que está a la tierra sujeta.
Ella tan sólo interpreta
una voluntad extraña.
Y hay que ver que, si se ensaña
el papel en huir tranquilo,
lleva en contra el rabo, el hilo,
la mano, el gusto y la caña...Y ¡ay!, de pronto la destrona
de tan elevado empleo
como es volar, un meneo
simple en el hilo liviano,
sometiéndola una mano
al dictamen de un deseo.
Rabo, mano, gusto, meneo, deseo... El alma quiere ser pura, quiere volar a Dios, pero el cuerpo le traiciona y humilla. No podrá comulgar sin una nueva confesión. Vive en pecado mortal. En ciertos ámbitos religiosos, suele considerarse la masturbación como el pecado juvenil por excelencia (Diario de junio interrumpido):
Bajo la higuera, donde la lujuria
tiene sus potestades,
cotejo, sin andar yendo en tu busca,
higos con genitales.
"Sin andar yendo en tu busca..." Este sentirse sucio, impuro, por el solo pecado de deseo, y, lo que es peor, temer que no puede ser de otra manera, le llevará a alejarse de Dios ("evitaré, Señor, tu azul persona"). De una forma dramática lo expone en el Auto Sacramental (I, 1019), cuando la Carne aproxima la manzana. El hombre/niño... "acerca su mano al fruto; pero reacciona hacia su niñez, hacia Dios, con el sentimiento doloroso, el presentimiento de que se le acaban ambos..." ¡La sexualidad le alejará definitivamente de la Divinidad, al encenderse un cuerpo que arde y exige!
Una visión tan negativa del sexo le lleva a nombrar despectivamente al miembro del amor como "carne de orinar". Le está haciendo bueno, porque privarse del placer le está haciendo mártir por Dios (Primera lamentación de la carne):
La desgracia del mundo, mi desgracia
entre los dedos tengo,
¡oh carne de orinar! activa y mala,
que haciéndome estás bueno.
Cuesta creer que el poeta, atormentado, en sus fervores católicos, por la urgencia del sexo y su imposible contención, al descubrir los torrenciales versos de Neruda, recuperando el cuerpo para el orgasmo y la intimidad, escribiera con tabernaria plebeyez a su admirado García Lorca:
"Quisiera tener, Federico, un miembro de orinar para cada una de estas mujeres que se malogran y consumen como velas dentro de las rejas y los templos con los ojos y la boca amargos de deseos. Es un tema digno de tu misericordia de poeta inmenso..."

MASTURBACION E INTERNET
Visión de conjunto (Sexo-Sexualidad). Pulsar aquí.
Orientación moralizadora (padre Loring). Pulsar aquí.
Comentarios:
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Los comentarios para este post están cerrados.
Nicolás de la Carrera
autor
Contacto


