Poeta en la cárcel (y 8). Cancionero y romancero de PRESENCIAS
23.04.08 @ 13:00:00. Archivado en Psicología, Poesía, Miguel Hernández
Sangrando por tres heridas, escribe Hernández su "Cancionero y romancero de ausencias": la herida de la muerte (fallece un hijo de meses), la del amor (separación de Josefina) y la de la vida (pérdida de libertad, condena a muerte, enfermedad terminal...). Su derrota política y social es absoluta. ¿Pero lo fue también su derrota humana, su aniquilación literaria? Rotundamente, no. Me atrevo a sugerir en este post que, a pesar de la sangre derramada, latía bravo su luminoso corazón grande, grande, y sus años finales no fueron de fracaso existencial sino de amorosa y fecunda conciencia de hombre libre...
TU RISA ME HACE LIBRE

Terrible fue para los padres el zarpazo de muerte de su primer hijo. Pero el río de la vida deslizó misteriosamente a orillas de la pareja otro cestito/cuna con un nuevo moisés. Recordemos con qué ternura se dirigía Miguel a la nueva criatura (Nanas de la cebolla):
Alondra de mi casa, / ríete mucho.
Es tu risa en los ojos / la luz del mundo.
Ríete tanto / que en el alma, al oírte,
bata el espacio...Tu risa me hace libre, / me pone alas.
Soledades me quita, / cárcel me arranca.
Boca que vuela, / corazón que en tus labios
relampaguea...Es tu risa la espada / más victoriosa.
Vencedor de las flores / y las alondras.
Rival del sol, / porvenir de mis huesos
y de mi amor...
Ya que no es posible en prisión la presencia física, ¿por qué no comulgar, al menos, con el pan moreno y blanco de la fotografía? Refiriéndose al hijo, informa a su mujer: "Todos los días os saludo en la foto, y mirando sus ojos y los tuyos me doy ánimo. Es decir, que, además de la ración de zanahoria, como cada mañana una ración de ojos"...
ESTA SEPARACIÓN NOS UNE MÁS
El corazón del preso turista no está deshabitado. Una mujer y un niño lo pueblan de cálidos amores."Esta ausencia y separación nos unen más", confesará con orgullo Miguel. El Esposo Soldado se la bebe de un sorbo como un río ("gran trago de mi vida").
En sus primeros años de cárcel ya demandaba: “Veo pasar un día y otro día, esperanzado y deseoso de correr a vuestro lado y meterme en nuestra casa y no saber en mucho tiempo nada 
del mundo, porque el mundo mejor está entre tus brazos y los de nuestro hijo”. Y a pocos meses del final, seguía anhelando: “Bueno, tú puedes poner la esperanza donde quieras. ¿Por qué no la pones en mí totalmente? Por mi parte, todo lo bueno que me ha de pasar en este mundo lo espero de ti, Josefina. Toda mi confianza la tengo en ti y en nuestro hijo.”
La recatada novia de El rayo que no cesa (el rechazo que no cesa) se entregará por fin en corazón, cuerpo, labios... Besa el amante su boca llena de pájaros, en mística fusión con generaciones pasadas y venideras, con todo el universo (La boca):
Beso que rueda en la sombra:
beso que viene rodando
desde el primer cementerio
hasta los últimos astros...Hundo en tu boca mi vida,
oigo rumores de espacios,
y el infinito parece
que sobre mí se ha volcado...
Con sensibilidad eligió Serrat este poema entre los diez títulos de su repertorio hernandiano. A cuatro primaveras de mayo del 68, trasciende Joan Manuel los retozones labios de aquellos estudiantes que pedían imposibles, y los eleva a utopía de beso cósmico.
LIBRE POR AMOR
Con las risas de fondo de un nuevo hijo, acuna el poeta el corazón y el cuerpo de su mujer en el más entrañable de los abrazos (Vals de los enamorados y unidos hasta siempre). Perdió la guerra, pero ha ganado el coraje de amar más allá del tigre, más allá del odio. “Alto, alegre, libre soy..., sólo por amor.” Apagados los rayos del poeta justiciero -Viento del pueblo- que destruye a sus enemigos con la santa indignación de un Yavé que aniquila, el nuevo Miguel relaja su puño cerrado del odio y ensaya palmas abiertas para el abrazo y la ternura.
Al venirse abajo la grandiosa construcción de la España republicana (Sepultura de la imaginación), sobre las ruinas de la guerra y el odio edificará, en su propia vida, un ser amoroso de nuevo aliento (ya no viento de ira, soplo ahora de paz), al abrazo de luz de cada hermano (Después del amor):
Amor: aleja mi ser
de sus primeros escombros,
y edificándome, dicta
una verdad como un soplo.

Fantaseó Miguel un bello y dramático cuentecillo: El pájaro enamorado, que resultaría premonitorio de sus últimos años. En el cañaveral del río un pájaro canta, las noches de luna llena, “la lengua cubierta de corazón” y el pecho “temblándole como una lágrima plumífera”. Es un vulnerado canto de amor y soledad hacia la amada ausente. Le hacen prisionero, pero se niega a gorjear tras los barrotes de su cárcel...
“Ha muerto el pájaro ante los ojos envidiosos del gato de su carcelero. Ni una sola vez ha prorrumpido en trinos dentro del reducido ámbito a la expansión de su vuelo que le marcaron... Él no podía poner su voz al servicio de una casa, esclava de otra voluntad. Él cantaba, siempre, como cantamos, por enamorado y jamás por oficio. Fue un verdadero pájaro, anarquista de pluma, ruiseñor esquivo y exquisito...”
Cuando Miguel Hernández fue condenado a muerte, unos amigos escritores adictos al nuevo Régimen le visitaron repetidas veces con la tentadora oferta de libertad a cambio de colaboración (escribiendo poemas, por ejemplo, en la revista carcelaria “Redención”). Luis Fabregat, compañero de cárcel y amigo de Hernández, resume bien los términos de aquella encerrona:
“Si él aceptaba demostrar arrepentimiento -incluso un arrepentimiento simulado- ellos estaban seguros de conseguir su libertad. En el fondo, bastaba sencillamente con que él aceptara ayudarlos en sus trabajos. Relatándome el asunto Miguel, me dijo un día: -¡Me parece increíble que esos viejos amigos no me hayan conocido mejor! ¡Que hayan venido a verme para hacerme pretensiones deshonestas, como si Miguel Hernández fuera una puta barata!”
El cuento de El pájaro enamorado se cerraba con el siguiente cotilleo: “Los canarios y jilgueros domésticos, traidores a su especie, comentan a grandes silbos burlones la muerte del ruiseñor y le llaman tonto.”
Decide Miguel ser “anarquista de pluma”, jamás “traidor a su especie”, dispuesto a cantar sólo “por enamorado y jamás por oficio...” Fallecerá en la cárcel con dignidad y orgullo.
Como escribió Nietzsche, y repetirá obsesivamente Victor Frankl: "Quien tiene algo por qué vivir, es capaz de soportar cualquier cómo."
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Sería el resumen de una vida entregada por completo a su ideal.
No sé como lo haces para subir esas imágenes de tu página web. Cada día este rincón se parece más a tu nido.
Un saludo, Nicolás.
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Nicolás de la Carrera
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