Miguel Hernández 1942. Turbio y definitivo marzo (3)
17.03.08 @ 20:05:00. Archivado en Espiritualidad, Psicología, Poesía, Miguel Hernández
El próximo 28 de marzo celebraremos el aniversario de la muerte del pastor de Orihuela en el Reformatorio de Adultos de Alicante. Presentar a Miguel Hernández como poeta malogrado en las prisiones de España, idea que se vendió interesadamente en la transición política, parece ignorar que, más allá de la derrota biográfica, puede latir una victoria existencial. En la noche oscura de su celda de prisionero, escribió Juan de la Cruz el más bello poema de amor, un Cancionero de ausencias del Amado. Miguel, en su afonía postrera, nos regala, desde la dura escribanía de un catre de dos ladrillos y medio de ancho, los más dulces versos de amor, vida y muerte.
Sólo la muerte, no la prision, acallará su voz de piel y sangre. La Década Prodigiosa literaria de aquel pastorcillo por el Nacimiento madrileño (1931-1941 en su último poema desde Ocaña), se cerrará definitivamente en la enfermería de una prisión alicantina, ojos muy abiertos a la Luz última, un 28 de marzo de 1942.
Dos meses antes, había manuscrito su última carta para el amigo y hermano Carlos Rodriguez Spiteri:
"Vicente me anticipó la noticia de la muerte de tu padre y el mío... Consuélate de todo, y lo importante, que no hay nada importante, es dar una solución hermosa a la vida."
¿Qué hermosa solución estuvo dando Miguel a su vida durante los cerca de tres años de cárcel? En esta misma epístola transcribe unos conocidos versos de Machado: "Todo pasa y todo queda...". Recordemos la estrofa completa: "Todo pasa y todo queda, / pero lo nuestro es pasar, / pasar haciendo caminos, / caminos sobre la mar."
SE DESVIVÍA POR TODOS
Pone Miguel a disposición del más necesitado la pobreza de sus zapatillas, el conejo que un día le pudo guisar Josefina, del que saboreó dos muslos, el hígado y la cabeza... Antonio Ramón Cuenca, que compartió celda con Miguel más de dos meses con las colchonetas pegadas, recuerda:
"Su generosidad y su bondad llegaban a límites increíbles. En aquellos meses anteriores a su enfermedad y a su ingreso en la enfermería, pudimos comprobar cómo se desvivía por todos. No podía ver a su lado, sin remediarlo, a quienes estuvieran faltos de algo. Y no es que él estuviera sobrado, ni mucho menos: es que a veces daba sus propias ropas, su propia comida. Un día... le presté mi chaqueta porque él había dado la suya unos días antes.
No es por decirlo, es la pura verdad, que una vez le vi sacar de un cubo de desperdicios unas zapatillas rotas porque había prometido dar las suyas a uno que estaba en la galería con nosotros, casi sin familia, y se encontraba muy necesitado de ellas. Y daba la parte de su comida, y de sus ropas, y escribía cartas a algunos que no sabían y se lo pedían..."
Valeriano Basilio Marquina, compañero de armas e ilusiones, después de referir algunas anécdotas de Miguel como hombre bueno en el Congreso Internacional de 1992, concluye:
"Total, que todo lo que se recorre de él es de un verdadero santo, de un verdadero Jesucristo de esa España humillada, ultrajada."
Leopoldo de Luis arriesga también la sugerencia de cierta identificación entre Miguel y los pobres a quienes se dirige Jesús en el sermón del monte, cuyo principal modelo fue Él mismo:
"La poesía de guerra y de postguerra de Miguel Hernández puede verse a la luz de la dialéctica marxista de la lucha de clases, pero sus sentimientos hondos de justicia social coinciden igualmente con las bienaventuranzas según San Lucas o San Mateo.
Bienaventurados los pobres -"lo que haya de venir aquí lo espero / cultivando el romero y la pobreza"-. Bienaventurados los que son aborrecidos -"sólo por amor odiado, / sólo por amor"-. Los que sufren persecución de la justicia -las cárceles en que él mismo murió-. Y de querer situarse en un punto de vista más próximo, la poesía de Miguel puede verse bajo el enunciado de los derechos humanos: el trabajo, la libertad, la justicia, la solidaridad, la paz."
No encalló el poeta, desarbolado, en las mazmorras de Franco; siguió navegando a todo Viento hasta la primavera de 1492 (¡perdón, 1942!), para arribar definitivamente a las playas del Misterio. A este luminoso y solidario viaje de vida, amor y muerte sugiero llamarle, más allá de rejas, cementerios y ausencias, Presencia de amor y libertad, Azahar entre hielos, Resurrección.
Victor Frankl, superviviente de campo de concentración nazi, reflexiona en su obra El hombre en busca de sentido sobre la libertad y el sentido de la vida:
"Los que estuvimos en campos de concentración recordamos a los hombres que iban de barracón en barracón consolando a los demás, dándoles el último trozo de pan que les quedaba. Puede que fueran pocos en número, pero ofrecían pruebas suficientes de que al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa, la última de las libertades humanas: la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias, para decidir su propio camino."
Decide Miguel un camino personal de libertad y entrega... Y morirá en la cárcel con dignidad y orgullo. Sobreviven sus versos y su vida en la memoria de todos
Comentarios:
ANITA GUZMAN. ME HABLO DE MIGUEL HERNANDEZ
COMO DE SU HERMANO DEL ALMA-SI ALGUIEN SABE DONDE DESCANSA POR FAVOR ME AVISA.
OLGA TAPIA 16/01/2011
Saber de su solidaridad con los compañeros me confirma más en la imagen que tengo formada sobre el poeta.
Un saludo, Nicolas. Ya estoy de vuelta para vivir la Pascua en familia. Felices Pascuas.
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Los comentarios para este post están cerrados.
Nicolás de la Carrera
autor
Contacto


