"Expiación". No es fácil reparar el mal causado
16.01.08 @ 21:35:00. Archivado en Espiritualidad, Iglesia
Se ha estrenado ya en España el importante film "Expiación: más allá de la pasión" que, por cierto, acaba de conseguir el Globo de Oro a la mejor película. Robbie y Cecilia viven un secreto romance en una señorial mansión victoriana en vísperas de la Segunda Guerra Mundial. Briony, de sólo 13 años, denuncia por celos al novio de su hermana Cecilia, acusándole falsamente de una grave violación ocurrida en los alrededores. Las consecuencias son catastróficas para todos. Robbie es detenido y encarcelado. Algún tiempo después estalla la guerra y son movilizados...
La película, basada en una novela de éxito de Ian McEwan, a pesar de su larga duración, es entretenida, emocionante. Los efectos visuales y la interpretación de Keira Knightley (Cecilia) y James McAvoy (Robbie) son excelentes. Como los decorados (el desembarco de Dunkerque de las tropas aliadas, inolvidable). Sin olvidar la música de Darío Marianelli (dramático el rítmico teclear de la máquina de escribir de Briony como latidos de su acelerado corazón)...
Me gustaría detenerme en la trascendencia del título: "EXPIACIÓN" ("Atonement", en inglés). Así lo explica Txapulín:
Atonement significa literalmente expiación, o sea, es el concepto católico por el cual uno se purifica, limpia sus pecados. Psicológicamente también es la liberación que uno siente al confesar algo que le atormenta. Pues de eso va la película, de una confesión que la narradora, una escritora, nos hace de unos hechos de nefastas consecuencias que ocurrieron en su infancia y de la cual ella es culpable.
En plena adolescencia, Briony denuncia a Robbie como si se tratara de un juego, de una inocente venganza. Pero la Justicia no juega, y la ilusionada vida del inocente muchacho, y de su propia hermana, se arruinan brutalmente. Basándose en la novela original, expone muy bien Erasto Antonio Espino la búsqueda de paz interior de la protagonista delatora, que se alista como enfermera en la conflagración bélica y pretende aliviar así el espanto de su alma atormentada:
"Basta observar las cavilaciones de Briony, que llevando el peso de su insensata, falsa y sostenida acusación de violación contra Robbie, trata de expiar su culpa en los suplicios oblatorios de la enfermería.
“Briony sintió que la culpa conocida la perseguía con un furor renovado... restregó a fondo los armarios vacíos, ayudó a lavar bastidores con ácido fénico, barrió y enceró los suelos, hizo recados en el dispensario o en el centro de asistencia social... Pero sabía que no servía de nada. Por mucho que fregara y por muy humildes que fueran sus ocupaciones de enfermera, y por bien que las cumpliese o lo duras que resultaran, por más que hubiera renunciado a iluminaciones académicas, o a las vivencias de un campus universitario, nunca repararía el daño. Era imperdonable”.
La joven muchacha, de temperamento estético, se debate entre la conciencia de su culpa y las dotes narrativas que le sirven de catarsis. He aquí uno de los nudos argumentales que atarán al lector, retando su sensibilidad y asombro."
REFLEXIONES FINALES
No aparecen en el film planteamientos éticos de signo religioso. Ha madurado Briony, y asume su responsabilidad en la falsa delación y sus consecuencias. No me parece respetuoso hacia el lector adelantar el final de la película, absolutamente creativo, sorprendente. Únicamente sugeriré que la salvación de la fabuladora, imaginativa protogonista, se encamina hacia lo literario, que la redime y reconcilia.
Me queda la duda de si realmente acudió la muchacha al juez a declarar la verdad y asumir sus consecuencias. Pocas veces es posible reparar el mal causado. Y habría que sustituirlo por una acción equivalente. Me viene a la memoria el episodio de Gandhi en huelga de hambre en Calcuta, cuando un hindú, que había asesinado a un niño musulmán, le preguntó qué podía hacer... Y el sabio maestro le sugirió adoptar un niño musulmán...
Me vienen, de pronto, al pensamiento los crímenes de Eta y el fracasado proceso de paz. Se hablaba entonces alegremente de perdón más que de justicia. De traslado y liberación de presos, más que de reconocimiento y expiacion de culpas... Deberían tener siempre las víctimas una palabra que decir, aunque no sea la última.
En ningún caso se han tomado la justicia por su mano y puede resultar una necesidad psicológica para las víctimas que vean que se castiga proporcionalmente al culpable de la violencia que sufrió, con lo que ese castigo se impondría también como elemento reparador.
"Mi tesis al respecto -afirma Xabier Echeberria- es que avanzamos en humanidad cuando vamos restando relevancia de necesidad a estos procesos psíquicos y se la vamos dando a otros en los que la pena se impone, no en funcion de la proporcionalidad del daño, sino en función de la necesidad de que no se reproduzcan las violencias y con apertura a la reintegración social del victimario. Si se asume esto, medidas de gracia inspiradas en el perdón resultan totalmente pertinentes..."
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Nicolás de la Carrera
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