Tiempo de Epifanía. Dios se hace Niño de cera, Imagen de talla
13.01.08 @ 17:08:00. Archivado en De mi vida, Origen de la vida, Espiritualidad, Iglesia, Poesía
Tiempo de Epifanía. Dios se hace visible en un Niño de pecho. Hace un par de días Bush, como lo hicimos un día tantos peregrinos, tuvo que agacharse al atravesar la puerta de la Basílica de Belén. Las religiosas Oblatas del Santísimo Redentor censervan con cariño y admiración la escultura en cera de un Divino Niño (en imagen), obra de su fundadora, la madre María Antonia de la Misericordia, institutriz hasta entonces de las hijas de la Reina María Cristina de Borbón. Hace tiempo, viviendo en la hospedería de la casa madre de Ciempozuelos, tomé la fotografía en las habitaciones-museo de esta primera fundación de Madre Antonia. Creo recordar que habíamos retirado la campana de cristal que protegía la bella imagen del polvo y la humedad.
Brinda la fundadora toda su preparación y amplia cultura al servicio de la mujer prostituida, y elabora una pedagogía personalizada y grupal, basada en el amor, el respeto y la libertad.
Es emocionante imaginar la ternura de las Religiosas célibes, el cariño de las internas, muchas de ellas jóvenes y algunas ya madres, hacia la hermosa representación del Niño de Belén, excesivamente enjoyado acaso, lujosamente vestido, no hay duda, en anacrónica liturgia tan alejada de la pobreza original, pero expresiva de devociones y afectos. Así que, al estilo del culto oriental, depositan a los pies, o en el cuerpo, del Señor, como la Magdalena, las más sofisticadas alhajas, los más bellos ropajes.
Por aquellas fechas escribí unos versitos que hoy reproduzco por primera vez, con voz muy baja y mejillas de amapola:
NANA DE LA MADRE MARÍA ANTONIA AL NIÑO-JESÚS DE CERA, OBRA DE SUS MANOS
Duerme, mi Niño de cera,
lirio temblando.
¡Ay, que ya mis pechos sueñan
poemas blancos!Abiertas las manos tienes
para el abrazo.
Y tus ojos tan azules
son cielo y llanto.De rosas y de azucenas
la miel libaron
arcángeles campesinos
para tus labios.Para tu cuello de nata
–jazmín y nardo–
las perlas de mis dolores
te fui ensartando.¡Campanita de cristal
al Niño pálido,
que los hielos de la noche
no le hagan daño!Ay, mi Niño, mi Niñito,
llega el verano:
¡se derriten tus mejillas,
lloran tus párpados!Duerme, mi Niño de cera,
lirio temblando.
¡Ay, que ya mis pechos sueñan
poemas blancos!
NIÑO-JESÚS DE TALLA, EN MIS BRAZOS
Finalizaré la entrega de este domingo con un soneto más reciente. No hablamos ahora de una imagen blanca, lujosa, en vuelo, bajo urna de cristal, sino de un Niño pesado, rugoso, oscuro... Recuerdo aquellos versos de Isaías (53, 2.5): "Como raíz en tierra seca, / sin gracia ni hermosura. / Por sus heridas hemos sido curados". Lo cojo en brazos, lo acaricio, lo mezo. ¡Con qué fuerza ha caído a mi ternura, meteorito celeste que se incrusta en lo más hondo del corazón!:
LEVANTANDO EN BRAZOS A UN NIÑO-JESÚS DE TALLA
¡Cómo pesa este Niño, ayer semilla
desde lo azul volando a cerro rojo,
y que, mordiendo rocas con arrojo,
creció nogal, solemne maravilla!¡Cómo pesa este leño, astilla a astilla
desollado, sangrado! ¡Cuánto enojo
al evocar la fronda y su despojo:
aún recuerda el horror y chilla y chilla!Como un muerto me pesa este astrolito,
este tronco con cráteres de grito.
Pero, al fin, se aligera en los abrazos.Pesa y no pesa el arca, hogar fecundo,
que flota en la marea de mis brazos,
y salva, ¡ay, Dios!, el corazón del mundo.
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