Pequeños milagros de la Navidad y la familia
01.01.08 @ 15:05:00. Archivado en Espiritualidad, Poesía

Impresionados todavía por el sunami de familias (se habla de un millón largo de personas) que han desbordado generosamente el pasado 30 de diciembre la plaza Colón de Madrid y sus alrededores, sugiero para hoy, 1 de enero de 2008, unas reflexiones poéticas sobre dos figuras hogareñas: la madre y el hijo. Una madre que besa como sólo María de Nazareth sabía hacerlo, y una niña que juega, que juega con la estrella de Belén, se incendia con ella y la derrama sobre el mundo...
Veamos inicialmente un poema de Pedro Miguel Lamet sobre los primeros apuros de María, sus primeros cuidados. Acaricia a su hijo, le canta canciones, le besa... Pero la creación está pendiente de esos temores de primeriza, de esos mimos de madre tierna. Como de los arrullos de todas las madres del mundo, incluyendo animales con sus cachorros cuando dan amor a sus pequeños. Se realiza el milagro que anunció María en su visita a Isabel (Lucas 1, 51-53). El mundo es un poco más bueno, más hijo amado de Dios... Habla la Madre al Hijo de sus entrañas:
SONETO DE MARÍA AL DAR SU PRIMER BESO AL NIÑO JESÚS
Cuando al tocarte hoy por vez primera
vi en tu carne temblar el infinito,
todo el cosmos lloraba con tu grito
y todo el mar rozaba mi ribera.Cuando al cantar mi nana prisionera
de este tiempo que nace ya marchito
te arropé en el pesebre, tu bendito
mirar desheló el frío en primavera.Pero al chocar mis labios con tu frente,
transparencia de Dios, flor de la sierra,
en la cárcel saltó de gozo el presoy el pobre se hizo rico de repente.
Un milagro de luz nació del beso,
y un chasquido de amor quemó la tierra.
LA NIÑA QUE ROBÓ LA ESTRELLA DE BELÉN

Gabriela Mistral, en su infinita dulzura, ha escrito un visionario cuento de Navidad de una ingenua pequeña que, como si se tratara de una mariposa, atrapa, jugando, una estrella. Y se convierte en estrella... Me llega nostalgia de versos lorquianos ("Por el cielo va la luna / con un niño de la mano")... Y me resuena por el corazón el fervoroso rapto de Valentín Arteaga, cuando confidencia al Señor: "En la diminuta catedral de la sonrisa de un niño, ¡ahí me esperas!". No por casualidad, para la adoración litúrgica del Niño, se sustituye tantas veces el Infante de talla o escayola por llorones, risueños recién nacidos...
ESTRELLA DE NAVIDAD
La niña que va corriendo
atrapó y lleva una estrella.
Va que vuela y va doblando
matas y bestias que encuentra.Ya se le queman las manos
se cansa, trastabillea,
tropieza, cae de bruces,
y con ella se endereza.No se le queman las manos
ni se le rompe la estrella
aunque ardan desde la cara
brazos, pecho, cabellera.Llamea hasta la cintura
la gritan y no la suelta,
manotea sancochada,
pero no suelta la estrella.–Como que la va sembrando
que la zumba y la volea.
Como que se le deshace
y se queda sin estrella.No fue que cayó, no fue.
Era que quedó sin ella
y es que ya corre sin cuerpo,
trocada y vuelta centella.Como que el camino enciende
y que nos arden las trenzas
y todos la recibimos
porque arde toda la Tierra.
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Nicolás de la Carrera
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