Noviembre, mes de los difuntos
07.11.07 @ 12:05:00. Archivado en Mayores, Espiritualidad, Iglesia, Poesía
Es tradición en la iglesia católica dedicar un mes a honrar la memoria de nuestros seres queridos. Se confunden, no sin intuiciones teológicas, dos entrañables fiestas: Todos los Santos y Día de los Difuntos. En una sociedad que esconde vergonzantemente la realidad de la muerte, evocamos los creyentes el recuerdo luminoso, vivo, la invisible Presencia de antepasados que ya nos precedieron. Y nos sentimos muy próximos a ellos en la conciencia de que la iglesia militante y la iglesia Triunfante son una misma realidad. Celebrar la muerte no es un ejercicio masoquista de desprecio a la vida, sino un hermoso acto de fe en la trascendencia.
Me vais a permitir acercaros dos bellos poemas sobre la muerte. Con su desenfadado estilo mitad monje mitad soldadote, Luis Alberto de Cuenca sueña un amor que crece y se eterniza del otro lado del sepulcro:
VOLVEREMOS A VERNOSVolveremos a vernos donde siempre es de día
y los feos son guapos y eternamente jóvenes,
donde los poderosos no abusan de los débiles
y cuelgan de los árboles juguetes y tebeos.En ese hogar de luz que no hiere los ojos
volveremos tú y yo a decirnos bobadas
cogidos de la mano, viendo morir las olas
sin agobios ni prisas, donde el sol no se pone.Y viviré en tus labios el amor que la Tierra
sintiera por el Cielo cuando el mundo era un niño,
y el tiempo dejará de salmodiar su lúgubre
canción de despedida mientras nos abrazamos.
Y ahora es José Bergamín quien suspira por un alma libre y feliz más allá del cuerpo y su ceniza:
Amigos míos, os pido
que escuchéis mi último ruego:
el día que yo me muera
no vayáis a mi entierro.Porque yo no iré en la caja
en la que me lleven muerto;
ni mi alma irá tampoco
siguiendo el triste cortejo.Me echarán la tierra encima,
pero sin dejar un hueco
por donde pueda escucharse
cómo se ríen mis huesos.No pondrán losa, ni nombre,
ni flores en mi recuerdo.
Sólo una cruz y su sombra
en la desnudez del suelo.Y nadie busque mi alma
perdida en un cementerio;
porque mi alma estará
en otra parte, muy lejos.Estará en el Purgatorio,
el Paraíso o el Infierno:
pero no estará en el sitio
donde se le pudre el cuerpo.
SIETE POEMAS ILUSTRADOS SOBRE LA TRASVIDA
A lo largo de la historia, ha trascendido la humanidad, desde su corazón, lo que descubren los ojos (la putrefacción de la carne), sospechando en otra dimensión definitivas alegrías. Os enlazamos siete apuestas de felicidad, siete aldabonazos, siete gritos de hombre mortal que adivina definitivos paraísos.
Disponéis de treinta días de noviembre para meditar reposadamente los cálidos destellos de luz de cinco maestros del alma:
Primavera amarilla, de Juan Ramón Jiménez
Astros, de José Jiménez Lozano
Algo más, de José Luis Hidalgo
Esta noche, de José Luis Hidalgo
En el sepulcro, de José Jiménez Lozano
Jardín, de Rafael Morales
Oración del moribundo, de Teodoro Rubio
Dirección para hacer trackback a este post:
http://blogs.periodistadigital.com/btbf/trackback.php/125503
Comparte esta información
Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
¿Por qué no encontré este rincón antes?, antes de saber que no se sabe de nadie ni el nombre que me dijo, que tiene en su alma negra mil pecados, que le gusta tenerlos encerrados, para que sean perros que le muerden y dolores en el cuerpo que se inflige por amor, amor a un ser que no le espera, que no le conoce siquiera ....
Educar para la Resurección sería lo ideal.
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Nicolás de la Carrera
autor
Contacto








