Ayer, domingo, Cosme cumplió 65 años (y 2). Queda poco tiempo
25.05.07 @ 13:00:00. Archivado en Mayores, Espiritualidad, Psicología
Nos asomamos, en el pasado post, al Pregón jubilar de Cosme Puerto por sus 65 años de matrimonio con la vida. Nos centramos entonces en la reproducción de sus reflexiones de jubilado dominico sobre la sexualidad. Proseguiremos hoy en la tarea de acercaros nuevos párrafos igualmente sinceros, ejemplares, apasionados: “La jubilación es un adiós necesario… –se lee en su escrito–. Necesitamos romper con todo nuestro pasado para evolucionar, aunque cuesta hacerlo, ya que si no despedimos el atardecer del pasado, no puede llegar el nuevo amanecer del presente y del futuro... Al llegar a esta edad, en este momento histórico, cuento con unas esperanzas y opciones apasionantes de las que no había pensado ni imaginado hasta ahora. La ciencia me dice que en el futuro, podremos vivir más de ciento diez años, un montón de tiempo para planificar, fantasear y explorar. Yo pienso y me conformo con la media actual de 83 años, y que pueda vivirlos con la calidad con que los vivió mi madre.”
Queda menos tiempo de vida. Queda poco tiempo. Y el pensamiento de la muerte sobrevuela el gozo de vivir:
Desde que inicié la década de los sesenta, la idea de la muerte se ha ido haciendo cada vez más presente en mi pensamiento. Cada día soy más consciente de que un día tengo que morir; pero, aún así, no acabo de creerlo. La pregunta sobre el más allá, a veces, me resulta inquietante. Creo que me falta fe, y que tal inquietud es su resultado. Por ello, le pido a Dios cada mañana que me la aumente y fortalezca.
Cada día retorna a mi mente el recuerdo de la buena muerte de personas creyentes, que tuve la dicha de compartir apretando sus manos, y la pregunta que me hacían: "Cosme, ¿qué habrá allí adonde voy? Esto me consuela y me confirma que todos tenemos las mismas dudas y las mismas preguntas a la hora de enfrentarnos a la propia muerte.
HACE OCHO AÑOS, CUANDO FUI SECUESTRADO POR TERRORISTAS...
Recuerda Cosme la terrible experiencia de su secuestro político, y el frío sudor de una muerte anunciada:
El año 1999, en un viaje por Irán, fui secuestrado por un grupo terrorista afgano, que pretendía la liberación de algunos de sus presos. Yo, en cierto momento que me pusieron una pistola sobre la sien, cerré los ojos y acepté, en mi interior, que había llegado el final de mi vida. Me confesé con el sacerdote que tenía al lado, perdoné a mis secuestradores, pedí perdón por mis propias faltas y me puse en manos del Padre Bueno, confiando, más que en mis méritos, en su infinita misericordia. Esto me enseñó que al corazón no lo detenemos con la voluntad; si nos matan, no hay voluntad de morir.
No es necesario ser creyente para aceptar que hay un final. "Al venir al mundo –expresa en su Pregón–, todo ser humano tiene dos grandes asignaturas que aprender: vivir y morir. Mi voluntad de vivir y de ser la he ido desarrollando y haciendo mía con el paso del tiempo. Lo que me gustaría, ahora que cumplo los 65 años, es aprender a morir y aceptar voluntariamente este momento final de la vida."
Pienso que para aceptar la muerte y la pérdida definitiva de la sexualidad no es imprescindible creer en un más allá. Creo que, si uno ama esta vida y la sexualidad, además de responsabilizarse con ellas, llega a aceptar la muerte como algo que también forma parte de la vida, como el capítulo final del libro más importante que se ha escrito: mi propia vida sexuada, sexual y erótica y que representa el descanso y la liberación de toda posible esclavitud o egoísmo para siempre.
Cumple Cosme los años en Domingo, el día de la Resurrección de Cristo. Si resucita con Él, ya venció a la muerte. Y el tiempo que resta hasta el encuentro definitivo es, para el creyente, un tiempo de luz y alegría. Aunque Dios no existiera, ¿por qué no disfrutar de todo lo bueno como una nueva oportunidad, como un último regalo de la vida?:
Hoy, 20 de mayo de 2007, es domingo. Tanto mi cabeza como mi corazón me piden que, por favor, en este día del 65 aniversario de mi nacimiento, no piense ni hable de la muerte, sino que piense en la celebración festiva con mis mejores amigos. Que piense en la vida y en que, para los cristianos, el domingo es día de resurrección.
Pero mi vida sexual y la de los demás ¿debe estar al albur de si existe o no algo en el más allá? Pienso que no, que la muerte no debe obligarme a cambiar de página y meta. No debe llevarme a desconectar de la realidad de mi sexualidad y de la de los demás. Quiero hoy sentirme más vivo que nunca como persona sexuada, sexual, erótica y aceptar lo que me ofrece: sensaciones, estímulos, compañía, empuje, deseos, recuerdos.
Así fue. Así es. Así será.
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Nicolás de la Carrera
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