Buscando a Dios entre la niebla
05.05.07 @ 21:05:00. Archivado en Espiritualidad, Poesía
Hace años publiqué un ensayo lírico: "Buscando a Dios entre las luces" (BAC, 2000). Dios se nos acerca, nos incendia el alma si nos dejamos amar, nos deslumbra la mirada, si le descubrimos en su creación, porque Dios es Luz... Pero también es misterio, trascendencia, niebla... "Como perro olvidado que yerra por los caminos, como niño perdido en una fiesta –escibe Antonio Machado– así voy yo, borracho melancólico, guitarrista lunático, poeta, y pobre hombre en sueños, siempre buscando a Dios entre la niebla." El animalito que ilustra esta entradilla ventea una presa. No la ve, pero la huele. No vemos a Dios pero le adivinamos, le olfateamos, sentimos el leve roce de sus caricias, nos alcanzan latidos blancos de su Corazón...
En los últimos días he recopilado e ilustrado seis poemas de búsqueda de Dios. Son sus autores Luis Alberto de Cuenca, Vicente Gaos, Griselda Álvarez, María Elvira Lacaci, José María Valverde y Antonio Machado. Si os atrae el tema y os gustaría leerlos y sentirlos, os invito a visitar Nido de Poesía, pulsando aquí.
No me resisto a cerrar este ramillete poético sin saborear un par de títulos magníficos del asturiano Carlos Bousoño que, con sólo 22 años, ya había escrito y publicado estos admirables versos, dentro de su primer libro "Subida al amor" (1945):
Buscando luz¡Ser un instante luz, sólo un instante!
Sopla y enciéndeme, Señor, cual árbol
resplandeciente entre la noche oscura.
Mira mis verdes que se extienden largos,
mira mis ramas de quejidos: crecen
en la noche, tu fresca luz buscando.Baja, Señor, y sopla entre mis frondas.
Tóquete yo con mi pequeña mano,
con mi pequeña sombra triste. Soy
un niño sin descanso.Mi corazón golpea contra el tuyo.
Un débil junco puede ilusionado
golpear un gran sol, un mar de tierras:
¡Heme aquí golpeando!¿Y no responderás a un niño? Mira
cómo hasta ti levanto mis dos brazos
queriendo reposar sobre la hierba
de luz de tu regazo.Baja, Señor, y posa tu caricia
en mis cabellos de la tierra, amargos,
y deja un surco luminoso en ellos;
un reguero de cielo dulce y largo.
Admiremos finalmente otros versos de Bousoño, uno de los más desgarradores poemas sobre la búsqueda de un Dios/leona:
Salmo desesperado
Como el león llama a su hembra,
y cálido al aire da su ardiente dentellada,
yo te llamo, Señor. Ven a mis dientes
como una dura fruta amarga.Mírame aquí sin paz y sin consuelo.
Ven a mi boca seca y apagada.
He devorado el árbol de la tierra
con estos labios que te aman.Olfateo los aires como fiera
que presiente y no sabe, y luz no alcanza.
Soy animal sin luz y sin camino
y voy llamándola y buscándola.Voy oliendo las piedras y las hierbas,
voy oliendo los troncos y las ramas,
voy ebrio, mi Señor, buscando
el agrio olor que dejas donde pasas.Dime la cueva donde te alojaste,
donde tu olor silvestre allí dejaras.
Queriendo olerte, Dios, desesperado
voy por los valles, las montañas.
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que su "angel" a través de la niebla nos lleve a ver la luz del sol de su amoroso rostro. Un saludo Nicolás. Entrar en tu blog es como llegar a un remanso de agua cristalina, como reposar en las verdes praderas que describe el salmo 22. Alguién que fue un muy buen amigo y que después por errores de los dos y de terceros dejamos de serlo, solía decir que para él, el cielo era un gran lago precioso y cristalino y que la eternidad se la imaginaba como una continua conversación con Jesús, sentados a la orilla del lago. Siempre nos deciamos que cuando mueriesemos nos encontraríamos con Jesús en el Lago. Bueno, después por los distintos acontecimientos el lago se convirtio en una charca y el amigo fiel en un sapo (no, es broma). Dios que todo lo puede algún día puede que haga que los dos amigos nos encontremos junto a Jesús en las orillas del precioso lago. Justo después de disiparse la niebla. Un saludo nicolás y buenas noches.
Es como si a veces, o al menos esa es mi experiencia, quisiera darnos una lección por cuando nos olvidamos de Él. Desde luego, cuando más cerca sentimos al Señor es en las pruebas que nos pone la vida, en las dificultades, en esos duros momentos el Señor está más cerca. Lo más dificil de esos momentos es lo que yo suelo llamar "el terrible silencio de Dios", ese espacio de tiempo en que el señor guarda silencio y no ves ni sientes ningún tipo de señal o respuesta. Yo las llamo las "lecciones de Dios", quizá esté equivocado pero creo que como padre bueno que es, alecciona a sus hijos, para que aprendamos a ir por el camino recto. De todas formas aunque haya oscuridad o tan solo una leve niebla que tranquilizador es saber que el Señor está ahí, aunque sea "escondidito" entre la niebla.
Su libro "Subida al amor" fue premio Adonais de 1.945. Un premio de solera durante muchas generaciones poéticas.
El resto de los seleccionados por Nicolás, son autores dispares e interesantes en el universo de las letras.Vale la pena conocerlos.
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Nicolás de la Carrera
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