A una estudiante embarazada
17.02.07 @ 21:05:00. Archivado en De mi vida, Origen de la vida, Pareja, Sexualidad, Enseñanza, Poesía
El pasado domingo se celebró en Portugal un referéndum sobre la despenalización del aborto las diez primeras semanas de gestación. De cada cuatro portugueses con derecho a voto, sólo uno dijo que SÍ a esta propuesta, aunque parece que será aprobado por el Gobierno. Casualmente en estos días días una joven escribió un comentario en mi post “Síndrome post aborto: terapia de la reverencia”. Refiere telegráficamente su pequeña historia de dos tentativas de interrupción de embarazo, la segunda más angustiosa, que felizmente se resolvió en maternidad gracias a la profesionalidad de un consejero responsable.
Escuchemos atentamente su pequeña nota:
“Dos veces me he encontrado en la misma situación. La primera fue menos trágica que la segunda. Sólo me pasó por el pensamiento. Pero después me enamoré de un casado, y se le vino el mundo abajo. Quería que yo abortara. Incluso todo el amor que me tenía desapareció. Visité varios ginecólogos buscando seguridad. Y lo peor fue que todos, excepto uno, aceptaron. Le doy las gracias infinitamente, porque me ayudó a salir de la confusión. Necesitamos ayuda y apoyo. Hay que aceptar nuestros errores que a la larga no son tan malos. Traer un hijo al mundo es hermoso. La vida hay que respetarla. Esto va para todas las mujeres que están en alguna situación parecida. Gracias por todo.”
Hace tiempo, quedó embarazada una alumna de Secundaria de mi clase. Profesores y compañeros fuimos galantes, obsequiosos, con ella. Y terminó el curso aprobando todas las asignaturas, con un pequeño entre los brazos y una gran fiesta en el aula de clase. Me emocionó la situación y escribí el poema “A una estudiante embarazada” (hay música).
Se habla en nuestros días de lo beneficioso que sería para la muchacha gestante, la sociedad y tantas parejas sin hijos, sustituir en la práctica el aborto por la adopción. Al dolor de entregar el recién nacido le sucedería la satisfacción de saber que la criatura va a ser cuidada por unos padres amorosos, por una familia volcada en su felicidad.
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Qué suerte haber tenido un profe que te reconoce divinidad amante.
Y una sociedad que te conceda un subsidio, mujer adolescente.
Fíjate que pienso que debe ser más dolorosa la adopción que el aborto. Sobre todo si éste último se realiza con el convencimiento de que no hay vida. Que es en definitiva lo que hizo aprobar la ley (durante las tres primeras semanas) y además con los supuestos de violación, peligro para la vida de la mujer...y esos puntos suspensivos que me hacen finalizar con un no al aborto, porque se ha convertido en un genocidio.
La idea de la adopción, cuando se respeta la vida y como solución a dramas personales, es un recurso que siempre se utilizó, pero también deja marcada a la madre para siempre, puesto sabe que hay un hijo de sus entrañas que anda por ahí.
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Nicolás de la Carrera
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