3 de febrero. Un único corazón que te lleva..
06.02.07 @ 14:05:00. Archivado en De mi vida, Política, Poesía
"Se vende casa de Premio Nobel". Así titulaba ayer La Razón una información sobre el edificio de Velintonia 3, donde vivió y murió Vicente Aleixandre. No acaban de ponerse de acuerdo en lo económico los herederos con el Ayuntamiento de Madrid, la Comunidad y el Gobierno Central. Esta noticia me evoca aquellos perfumados años de mi juventud, cuando, descubriendo la poesía, adquirí, con 19 años, el último poemario de Aleixandre, "Historia del corazón", que me deslumbró, inaugurando en mi proyecto vital un camino de sensibilidad que no abandonaría nunca.
Hoy quisiera compartir con vosotros la intensa evocación de unos versos de Vicente que, sorpresivamente, me resonaron en la memoria del alma, el pasado sábado, desfilando por la Castellana. Y me llevaron a releer nerviosamente, ya en casa, el poema "El poeta canta por todos" en aquella primera edición de Espasa Calpe (año feliz de 1954) que aún conservo subrayada con el grueso lápiz, azul por un extremo, rojo por el otro, que tan profusamente utilizabamos los estudiantes, y tan desvergonzadamente empuñaban los censores de la dictadura.
Ante una abigarrada multitud de gente que pasa, desciende Vicente Aleixandre de los altos vuelos de su feliz olimpo y se integra cordialmente, uno más, en la corriente de vida que desborda la calle. (El ciudadano se aproxima a la multitud en manifestación y un movimiento interior irresistible le arrastra a ser bendita gota de la riada humana.)
El poeta canta por todosAllí están todos, y tú los estás mirando pasar.
¡Ah, sí, allí, cómo quisieras mezclarte y reconocerte!El furioso torbellino dentro del corazón te enloquece.
Masa frenética de dolor, salpicada
contra aquellas mudas paredes interiores de carne.
Y entonces en un último esfuerzo te decides. Sí, pasan.
Todos están pasando. Hay niños, mujeres. Hombres serios. Luto cierto, miradas.
Y una masa sola, un único ser, reconcentradamente desfila.
Y tú, con el corazón apretado, convulso de tu solitario
dolor, en un último esfuerzo te sumes.
Sí, al fin, ¡cómo te encuentras y hallas!
Allí serenamente en la ola te entregas. Quedamente derivas.
Y vas acunadamente empujado, como mecido, ablandado.
Y oyes un rumor denso, como un cántico ensordecido.
Son miles de corazones que hacen un único corazón que te lleva.
En un segundo momento, el poeta canta con el pueblo. (El manifestante ciudadano grita pareados, recita letanías, acunado por el calor nutricio de mil y mil gargantas comprometidas.)
Un único corazón que te lleva.
Abdica de tu propio dolor. Distiende tu propio corazón contraído.
Un único corazón te recorre, un único latido sube a tus ojos, poderosamente invade tu cuerpo, levanta tu pecho, te hace
agitar las manos cuando ahora avanzas.
Y si te yergues un instante, si un instante levantas la voz,
yo sé bien lo que cantas.
Eso que desde todos los oscuros cuerpos casi infinitos se
ha unido y relampagueado,
que a través de cuerpos y almas se liberta de pronto en tu grito,
es la voz de los que te llevan, la voz verdadera y alzada
donde tú puedes escucharte, donde tú, con asombro, te reconoces.
La voz que por tu garganta, desde todos los corazones esparcidos,
se alza limpiamente en el aire.
El ciudadano avanza borracho de luz y afónico. El rojo y amarillo de la bandera, los colores màs brillantes del espectro, deslumbran y excitan el fervor de todos. 24.000 globos, en tres zonas de fulgor (rojo, amarillo, rojo), se alzan al cielo y se pierden en el azul. ¡Y la música! "Libertad sin ira...", de Aguaviva... ¡Y el Himno Nacional!, llenando de armonía y fuerza la glorieta de Cibeles hasta la Puerta de Alcalá. (Podéis bajaros, por cierto, dos interpretaciones en MP3 de nuestro Himno: la versión instrumental, facilitada por el Ministerio de Asuntos Exteriores (890K en 1 m.), que hemos escuchado tantas veces en competiciones olímpicas, y la versión cantada, con letra de José María Pemán, marcial y electrizante (858K en 1m.45seg.).
Me pregunto por qué la izquierda española es tan extravagante en esto de exhibir y venerar la bandera y el Himno patrios. No ocurre así en países más desarrollados que nosotros como Inglaterra, Francia, Alemania, Estados Unidos... ¿No amarán a España los que, proclamándose socialistas, sólo portan banderas autonómicas? A mi lado, un vasco flameaba una original señera compuesta por dos banderas cosidas, la ikurriña y la española. La España de las autonomías integra los dos amores, en abrazo constitucional generoso y solidario...
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Menos mal que nos quedan los poetas que suelen traernos visiones más ecuánimes.
Un abrazo.
Hasta que la vida nos reúna, no seamos enemigos.
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Nicolás de la Carrera
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