Elena (66 años) aprendió a leer en tres meses
10.01.07 @ 20:00:00. Archivado en De mi vida, Mayores, Psicología, Enseñanza
A primeros de octubre inicié una experiencia muy excitante: enseñar a leer a una persona mayor. El 22 de noviembre realicé un informe en este blog con el título: "Jubilada analfabeta aprende a leer en tres meses". Se trataba, está claro, de un farol –mejor llamarle reto–, ya que programar una fecha límite nos estimulaba a ambos. En vuestros comentarios a aquel post, varios sugeristeis un informe posterior ("De seguro que quienes hemos leído esta historia quedaremos pendientes del informe final"). De eso trata la nota de hoy. Por cierto que la fotografía que preside este escrito, y que tomé hace ya muchos años y no recuerdo dónde, sospecho que representa a un bachiller escribiendo una carta para una persona sin estudios.
Acaso se trate de un homenaje a Ramón de Campoamor, autor del celebérrimo poema "¡Quién supiera escribir!", que escenifica artísticamente la trágica historia de tantas mujeres, y de tantos hombres, que, a lo más, sabían dibujar su firma. Campoamor falleció en 1901, cuando nada menos que dos tercios de la población española era analfabeta. Recordemos la primera parte de aquellos emocionantes versos:
QUIÉN SUPIERA ESCRIBIR
–Escribame una carta, señor cura.
–Ya sé para quien es.
–¿Sabéis quién es porque una noche oscura
nos visteis juntos?
–Pues.
–Perdonad; mas....,
–No extraño ese tropiezo.
La noche..., la ocasión...
Dadme pluma y papel. Gracias. Empiezo:
Mi querido Ramón:
–¿Querido?... Pero, en fin, ya lo habéis puesto...
–Si no queréis...
–¡Sí, sí!
–¡Qué triste estoy! ¿No es esto?
–Por supuesto...
–¡Qué triste estoy sin ti!
Una congoja al empezar me viene...
–¿Cómo sabéis mi mal?
–Para un viejo, una niña siempre tiene
el pecho de cristal.
¿Qué es sin ti el mundo? Un Valle de amargura.
¿Y contigo? Un Edén.
–Haced la letra clara, señor cura;
que lo entienda eso bien.
–El beso aquél que de marchar a punto
te dí...
–¿Cómo sabéis?
–Cuando se va y se viene y se está junto,
siempre... no os afrentéis.
Y si volver tu afecto no procura,
tanto me hará sufrir...
–¿Sufrir y nada más? No, señor cura,
¡Que me voy a morir!
–¿Morir? ¿Sabéis que es ofender al cielo?...
–Pues sí, señor: ¡morir!
–Yo no pongo morir.
–¡Qué hombre de hielo!...
Regresemos a nuestra historia. Elena no ha faltado un sólo día a la cita. Como el método era árido, aburridísimo, lo amenizamos alternándolo con la lectura de un atractivo cuento de letras grandes y muchas ilustraciones. Por las Navidades, su nieto mayor, de trece años, le ha acompañado entrañablemente en la lectura. Y los otros nietos le han regalado alguno de sus cuentos más divertidos... Su marido, respetuosamente, le ayuda encantado cuando ella se lo pide.
Asegura Elena, entusiasmada y agradecida, que esto es lo más grande que le ha pasado en los últimos años. Ya puede ir leyendo los nombres de las estaciones de metro, descubriendo las cualidades de los productos del supermercado, los destinatarios de los números de teléfono de su agenda, los carteles de la televisión... A través de la lectura se le abre un universo nuevo y fascinante, acaso también internet. Se siente rejuvenecida, como si acabara de nacer...
Feliz 2007, Elena. Año nuevo, mirada nueva...
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Nicolás de la Carrera
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