Nostalgia de otras noches de Reyes
08.01.07 @ 20:00:00. Archivado en De mi vida, Mayores, Psicología, Poesía
Las pasadas fiestas me trajeron a la memoria antiguas veladas de mis siete hermanos (cinco chicos, dos chicas) y consortes, apretados en torno a mis padres la noche del cinco de enero. Se fue creando un hermoso ritual. El Padre-poeta iba desgranando su alma, con emoción y gracia, en consonantes versos. Tímidamente asomábamos los hijos nuestra cuartilla y, con voz temblorosa, jugábamos a risa y ripios. Esta liturgia se inició hacia 1970 y perduró hasta el fallecimiento del paterfamilias en 1986. Siempre iniciaba su parlamento describiendo con afilado bisturí simpáticos avatares de cada familia:
Voy a exprimir mi cacumen,
y con mucha discrección
he de hacer de cada unión
un brevísimo resumen.
Algunas veces se apagaba la puya y se encendía la ternura. Como cuando describe a la Esposa-Madre. No faltan pinceladas de cierto humor negro:
Y tampoco he mencionado
al primer protagonista:
la gran dama catequista
que se sienta aquí a mi lado.
Es ella humilde y callada,
una madre excepcional,
esposa sin parigual,
amante y sacrificada.
Un modelo de alma sana,
de modestia y eficacia,
íntegra ante la desgracia
y ejemplar como cristiana.
Es el paño de mi llanto
que suele ser abundante.
Me ha hecho feliz como amante,
y tanto la quiero, tanto,
que cuando ella se ausente,
si supervivo, en su viaje
quiero que me den pasaje
detrás de ella, por vía urgente.
Y reconoceré hoy,
lo afirmo con mucho gusto
por ser homenaje justo,
que le debo cuanto soy…
Con tanto escribir os causo
cansancio tan reprimido.
Y yo, por favor, os pido
para la madre un aplauso…
Hace balance de su vida y presume de anciano para justificar que los reyes de este año no sean más generosos:
Malogré mi vida entera
trabajando como un negro,
y en la ancianidad me alegro
porque lo que pretendiera
lo he conseguido, pues creo
que sois felices en todo.
Y en mi ataúd me acomodo
y, feliz, desde él os veo…Siento la desilusión,
pero hoy no puedo ofrecer
más que mi mucho querer
de este viejo corazón…
El aguinaldo que todos esperábamos, y que tan bien nos venía, llega por fin. Aunque aún tenemos que soportar un primer show de duda existencial, antes del cheque de la generosidad:
Sufro más que Don Cicuta,
ese ser tan hosco y vil
con ciento cuarenta mil
que siguen las misma ruta
fuera de cuentas corrientes:
mas sufro porque quisiera
que una cifra mayor fuera
para veros sonrientes.
Pasad por contaduría.
Recoged vuestro aguinaldo
que constituye hoy el saldo
de mi cuenta, que está al día.Y, sin hacer más cumplidos,
aceptad los siete sobres
que estos abuelos, ¡los pobres!
os entregan complacidos.
Cada sobre sólo tiene
de los verdes veinticinco.
Alguien pegará un brinco
porque de perlas le viene…
Un año nos dejó compuestos y sin cheque... El regalo consistió en un libro piadoso. Pero tenía truco...
Ahí tenéis sobre la mesa
–¡qué terrible desengaño!-
mi regalo de este año:
OBRAS DE SANTA TERESA.
Procurad leerlas a solas,
ya que la Doctora Santa
proporcionó gloria tanta
a las letras españolas.
Por las solapas de cada libro se descolgaron, como un maná, veinte mil pesetas.
No quisiera terminar esta extraña confidencia sin ofreceros el visionado de mi power point "Amo a Dios" (pulsar). Es un privilegio y una responsabilidad haber vivido en una familia cristiana unida y creativa. Gracias, Señor, gracias.
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Nicolás de la Carrera
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