
Al cumplir 21 años, pensaba Hernández que podría escaparse del negocio familiar alistándose en el Ejército Pero quedó exento de cupo. Y tuvo que explorar otros pretextos para zafarse del pastoreo. En esta nueva etapa prosigue frenéticamente su sorprendente noviciado de escritor. Pero ahora sus versos son más expresivos y personales, se estrena, con notable calidad, en la composición dramática, y hasta construye en plena República un importante Auto Sacramental. La alegría vital y el desbordamiento imaginativo del mocito cabrero siguen asombrando a los oriolanos. Y hasta llega a viajar varias veces a la capital, y ya empieza a sonar su nombre en la movida madrileña. Hoy le acompañamos con la lectura de varias composiciones de madurez con acusados rasgos hernandianos. En imagen, el cartel anunciador de la Cruz de Mayo de La Peña El Re"b"uelo, que nos ambienta un bello poema de Miguel.
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La modesta vivienda de la calle Arriba, adonde se trasladaron cuando Miguel tenía cuatro años, de una sola planta, disfruta de pequeño patio con pozo, que Miguel ha ido convirtiendo en jardín, con higuera, limonero, morera, pitas..., y geranios, claveles, rosales... Se levanta aneja a la casa una pequeña construcción con establo, que podía albergar hasta cuarenta cabras y unos cuatro machos, y vivienda para Vicente y Miguel. En este huerto de paz, en esta humilde arcadia, devora letra impresa, y sueña, sueña... "Leía sobre todo por la noche
-explica su hermano-, cuando todo el mundo estaba acostado, en el cuarto aparte que nosotros ocupábamos. A veces mi padre lo sorprendía y se levantaba para apagar la luz. Entonces se producían escenas terribles, que nos dejaban aterrorizados..."
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A medida que iba escribiendo páginas sobre el tema "Poeta en la cárcel", me fueron animando varios amigos a seguir investigando y dando a conocer otras peripecias biográficas de Miguel Hernández, y su humanísima, y apenas conocida, expresión literaria (se conservan más de 600 poemas que irá escribiendo a lo largo de su corta vida -murió a los 32 años-).
El niño que véis en esta fotografía es Miguel, con unos doce años. Está a punto de pasar al Colegio de jesuitas de Santo Domingo, en Orihuela. Es un jovencito muy inteligente y trabajador. Le gusta jugar en el patio a misas y procesiones con su hermanita Encarnación. Y ayuda como monaguillo en el templo... Cuando su padre le retira despiadadamente de los estudios de bachillerato y le envía, de quince años, al monte con las cabras, se hace muchas preguntas sobre Dios, sobre la vida... Las va escribiendo sobre papel de estraza y en una libreta escolar, donde refleja, imitando a poetas que va conociendo, su personal visión de espabilado jovencito...
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Deslumbrada por su veterano profesor de literatura David Kepesh (un Ben Kingsley genial), Consuela Castillo (Penélope Cruz en estado de gracia), una joven estudiante muy hermosa, coquetea con el viejo lobo de mar que tan bien aprendió en su mocedad (mayo del 68, hace exáctamente cuarenta años) el arte del placer erótico, la fiesta del éxtasis sexual descomprometido y juguetón. Pero la cubana Consuela le rompe esquemas. La pura belleza física y el sexo fácil se le revelan ahora a David insuficientes y efímeros.
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Los Estudios Blue Sky, responsables de "ICE AGE" y "ROBOTS", realizaron para la gran pantalla una extraordinaria versión del popular cuento del doctor Seuss "HORTON". Un paquidermo grandullón y torpe pero de gran corazón, con memoria de elefante y, sobre todo, con sensibles orejas de elefante, escucha gritos de socorro en una diminuta mota de polvo. Y se aproxima a ella con curiosidad y compasión. Allí descubrirá un universo lleno de vida, y llegará a saber de una comunidad que se encuentra en grave peligro de desaparición... Sus amigos de la selva no le creen y el elefante ensaya mil y una estratagemas para comunicarse con los habitantes y poder ayudarlos.
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Acabo de visitar, en el Museo del Prado, la exposición "GOYA en tiempos de guerra", impresionante galería gráfica del genial pintor aragonés en el bicentenario del inicio de la Guerra de Independencia (1808-2008). Es conocido el catálogo de ilustraciones que realizó como, diríamos, reportero de guerra, dibujando y grabando al aguafuerte brutales escenas de crueldad y deshumanización agrupadas bajo el título "Desastres de la guerra". En la exposición podemos admirar una extraña serie de bodegones (8 cuadros) también de violencia y muerte. Este vez no contra el hombre sino contra los animales. Títulos: Aves muertas. Pavo muerto sin pelar. Liebres muertas. Pato muerto. Tres chochas muertas. Pavo muerto pelado y sartén de sardinas... Impresiona, como repique funerario de campana, la grave repetición de la palabra muerte.
En imagen: "Cabeza de cordero y costillas". Carne poco fresca, troceada para la despensa o la cocina, realizada, a la vanguardia del impresionismo, con amplias y decididas pinceladas. Observad cómo la cabeza del animal, humanizada, contempla los despojos costillares con ojos vidriados... ¿Qué millonario colgaría hoy este dramático bodegón en el comedor de invitados, para abrirles el apetito?
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¡Qué sencillo y hermoso el gesto de levantar las manos hacia la alta luz, hacia el azul dintel del cielo! En imagen una estatuilla orante modelada y cocida al fuego y al corazón por la escultora amiga Sagrario Núñez.
Una primera metáfora que me viene al sentimiento ante esta imagen de arcilla es la creación del hombre. Sopla Dios en el barro, pone alma en la materia. Con qué fuerza expresó Miguel Ángel este fundacional momento. La energía divina enciende el barro. Y la mano alzada del hombre transmite al corazón y a todo el ser la llamarada de ese fuego. El hombre y la mujer que hoy elevan manos de adoración y súplica, en la intimidad de su alcoba o en el fervor de un grupo de fe, también reciben de lo alto bendiciones blancas de amor y luz...
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Sangrando por tres heridas, escribe Hernández su "Cancionero y romancero de ausencias": la herida de la muerte (fallece un hijo de meses), la del amor (separación de Josefina) y la de la vida (pérdida de libertad, condena a muerte, enfermedad terminal...). Su derrota política y social es absoluta. ¿Pero lo fue también su derrota humana, su aniquilación literaria? Rotundamente, no. Me atrevo a sugerir en este post que, a pesar de la sangre derramada, latía bravo su luminoso corazón grande, grande, y sus años finales no fueron de fracaso existencial sino de amorosa y fecunda conciencia de hombre libre...
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En el post de hoy vamos a comentar dos interesantes poemas que arrancan, como tantas veces, de la vida de Miguel, de Miguel en la cárcel de Torrijos, en el primer ejemplo. Por los primeros días de setiembre de 1939, a pocas fechas de las Nanas de la cebolla, compone este esperanzado, ascensional soneto alejandrino. Castigado, con algún amigo, a corte de pelo al cero, barrer el patio y limpiar letrinas durante dos semanas, porque a lo largo de la misa, así lo explican ellos, "se les iba el santo al cielo con las golondrinas", en las fatiguillas de tan humilde oficio se le dispara una metáfora: la escoba es una palmera cabeza abajo, de las abundantes en Orihuela ("Alto soy de mirar a las palmeras"). Es como si Dios bajara a la tierra a ser crucificado de nuevo para elevarnos a su cielo, limpios del mal. La juventud es esa brava escoba que ha de barrer, con alegría y pureza, la basura del mundo. ("Si yo tuviera una escoba / ¡cuántas cosas barrería!": Sirex.)
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El poema Antes del odio nos introduce en otra Presencia del Cancionero: la del amor frente al odio. Aún alborotan por nuestros oídos aquellas terribles maldiciones (Sonreídme): "Habrá que ver la media vuelta fiera de la hoz ajustándose a las nucas, / habrá que verlo todo noblemente impasibles, / habrá que hacerlo todo sufriendo un poco menos de lo que ahora sufrimos bajo el hambre..." (nos resuenan ecos de Neruda, fervores comunistas). Efectivamente: había que ganar la guerra por amor a los humildes, a los hambrientos, y la eficacia exigía mano dura, corazón duro. Insiste Miguel, casi sollozando, en la pureza de sus motivaciones últimas: la justicia, el amor. Pero le cae encima la ley del vencedor: ojo por ojo, muerte por muerte.
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Miguel, que ha visto tantas veces parir a los animales, al cantar la generación humana construye una grandiosa teología expresada en extenso tríptico de arte mayor (120 versos). La mujer (LUNA) y el hombre (SOL), en prodigioso ritual cósmico, engendran un maravilloso ser nuevo (HIJO DE LA LUZ Y DE LA SOMBRA).
Padrazo boquiabierto ante el milagro de la vida, oliendo a sangre y pólvora, a victoria y esperanza, compone el poema a la fecundidad del amor más bello de nuestra literatura.
Sugiere Agustín Sánchez Vidal que con estos impresionantes versos "culmina, a manera de amplio despliegue polifónico, la más acabada y cernida formulación de la cosmovisión hernandiana". (El género BLOG no admite amplias disertaciones, así que me veo obligado a reducir a la mitad la sorprendente maravilla de esta trilogía. Pero podéis admirarla completa pulsando aquí).
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14.04.08 @ 13:00:00. Archivado en Iglesia, Política

En imagen, una escena de la película "Todos estamos invitados", de Manuel Gutierrez Aragón, estrenada este fin de semana. Xabi (un espléndido José Coronado), profesor universitario que reside en Donosti y que, a preguntas de sus alumnos, no oculta su pensamiento sobre el chantaje de Eta, pasea por la playa de la Concha con su novia italiana Francesca (Vanessa Incontrada). Como es peligroso decir la verdad sobre el terrorismo, es amenazado por otro miembro de la Sociedad Gastronómica de la que Xabi es miembro: "¿Te han gustado las cocochas? Porque son las últimas que vas a comer en tu vida..." A instancias de su novia, solicita protección a la Policía. Y a partir de entonces tendrá que compartir una vida cargada de amenazas, terror, soledad..., con dos guardaespaldas , y se sentirá señalado públicamente como objetivo terrorista, situación que le obligará a cambiar de hábitos de vida, reducirá su libertad, y le arrastrará, con cierta lógica, a sospechar paranoicamente de todo y todos...
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