La noción de comunicación lleva implícita la imposibilidad de establecer una idea verdadera que no esté relacionada con ella por causa de su naturaleza humana. Quiere decir que la comunicación además de desarrollarse a través de los sentidos también abarca otra multitud de sentidos.
En este sentido tan amplio, la noción de comunicación plantea nuevos problemas que desafían las teorías del siglo XX que no tomaron en cuenta la importancia de evolucionar a la velocidad de los cambios tecnológicos vinculados a la ciencia de la comunicación.
Hay corrientes de pensamiento que disientan acerca si la comunicación es una ciencia y cuestiona su naturaleza humana, lo que ha quedado demostrado en multitudes de estudios, investigaciones y artículos profesionales, acerca del papel fundamental de la comunicación en la creación y sostenimiento de las redes sociales.
Cuando dos o más disciplinas (por ejemplo: psicología, biología y comunicación) se interrelacionan al unir sus métodos y teorías generando una sinergia de fuerzas interdisciplinarias que sirvan para crear y recrear la realidad y dar respuesta a las nuevas realidades. En este aspecto, la comunicación contribuye a organizar el trabajo, la vida familiar y en general a la colectividad, ésta, dentro del pensamiento biosocial y psicosocial al conformar un sistema similar a un organismo red; identificado en la era industrial como sociedad orgánica y en la era digital como sociedad red (Castells, 2004).
Además de su naturaleza humana (pseudoorgánica) la comunicación es de naturaleza técnica si se toman en cuenta los medios de comunicación y la estrecha relación entre los aparatos de la comunicación y los usuarios de los mismos.
De lo expuesto se deduce que la teoría fundamental que explica la comunicación es de origen funcionalista (McLuhan, 1977) en la conformación de sistemas de comunicación como agentes de transformación y cambio, desarrollo humano y socioeconómico a través de nuevas ciencias que se adhieren al estudio de la comunicación en forma interdisciplinaria (Braduel, 1994).
Además de la naturaleza humana y la naturaleza tecnológica de la comunicación se debe considerar su naturaleza política al servir los medios de comunicación como vector en la difusión del pensamiento de los líderes de opinión en la conformación de la opinión pública. Consecuentemente se piensa en la libertad de expresión como derecho fundamental del hombre como parte de su naturaleza humana.
A principios del siglo XX la comunicación era materia de estudio de las ciencias sociales y posteriormente por las ciencias naturales. Ernest Haeckel citado por Matelart (2005) define la ecología como la ciencia de las relaciones del organismo con el entorno. Quiere decir que la comunicación trata de relaciones orgánicas (individual y social) que pueden denominarse ecología humana, comunidad orgánica.
Al respecto, Charls S. Peirce, fundador del pragmatismo y de la semiótica, indica que la comunicación surge en la mente de las personas en forma de ideas que toman forma de símbolos que representan dicho pensamiento o la recreación de la realidad.
El pionero en el estudio de la comunicación por medio de su propio método de investigación, fue Harold Laswell, quién reconoció la naturaleza biológica de la comunicación pero se concentro en la gestión de la comunicación humana como manifestación de democracia. Laswell se interesaba en los temas de propaganda, opinión pública y elecciones.
Así surge, en 1948, la fórmula funcionalista de Laswell: ¿Quién dice (Análisis del emisor) qué (Análisis de contenido) por qué canal (Análisis de medios técnicos) a quién (Análisis de la audiencia) y con qué efecto (Análisis de los efectos de la comunicación)? (Who, What, Why, Whom, Where). Según este autor, el proceso de comunicación cumple tres funciones principales en la sociedad: la vigilancia del entorno, la puesta de relaciones y la transmisión de la herencia social.
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