Necrológicas

John K. Lattimer, dueño del pene de Napoleón

23.05.07 | 01:06. Archivado en Personajes

(PD/Agencias).-Era urólogo y poseía objetos personales de Hitler, Göring o Lincoln. Hay dudas de la autenticidad del miembro, que John K. Lattimer podría haber adquirido por interés científico.

John K. Lattimer, uno de los coleccionistas con objetos históricos más dispares, ha muerto la semana pasada en EEUU.

Lattimer, que falleció en Englewood, Nueva Jersey, era el propietario de reliquias militares tales como el pene de Napoleón, una ampolla de cianuro de Hermann Göring o el cuello de la camisa ensangrentada con la que murió Lincoln.

El coleccionista, antiguo profesor en la universidad de Columbia, poseía además armaduras medievales, rifles de la guerra civil americana y dibujos de Hitler, según informa el diario The New York Times.


LA PERIPECIA DEL GRAN PENE DEL GRAN CORSO

Se supone que el pene había sido amputado por el sacerdote que administró la extremaunción a Napoleón, para convertirlo en souvenir. Napoleón vivió y murió en una época en que los restos físicos de los famosos ejercían una fuerte atracción sobre el público.

Subraya Judith Pascoe en The New York Times que Shakespeare no se convirtió en Shakespeare hasta el comienzo del período romántico, cuando se escribió su biografía, se comentaron sus obras teatrales y se buscaron y conservaron sus pertenencias personales.

Los árboles que crecían junto a las casas donde había vivido el bardo fueron talados para proporcionar la madera necesaria para crear cofres de té y tapones de pipa.

Después de la derrota de Napoleón en Waterloo, sus posesiones viajaron por toda Inglaterra. Cuando Napoleón murió, los árboles que bordeaban su tumba en Santa Elena fueron literalmente hechos astillas para hacer con ellas souvenirs.

En la época en la que le fue extirpado el miembro al todopoderoso general, los objetos personales y partes del cuerpo eran muy valorados y ayudaban a construir un mito de grandes personalidades.

Tras su muerte en la isla de Santa Elena, "los árboles que bordeaban su tumba fueron literalmente hechos astillas para hacer con ellas souvenirs", según cuenta el diario estadounidense.

Estos hábitos, que hoy nos parecen extraños, responden a la creencia de que los objetos que rodeaban a una persona estaban impregnados de su esencia.

Así lo creyó Mary Shelley, que guardó el corazón disecado de su marido en su escritorio.

La autenticidad del pene de Napoleón ha sido puesta en duda en muchas ocasiones, al igual que algunas otras pertenencias del estadista, como trozos de intestino o dientes.

Aunque el doctor Lattimer, que era urólogo, podría haber aducido un interés profesional en los órganos genitales de Napoleón, no ocurre lo mismo con su anterior dueño, el librero A. S. W. Rosenbach de Philadelphia, y tantos otros propietarios, que contribuyeron a las idas y venidas del miembro desde Europa hasta América durante dos siglos.


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