Namasté India

El pasado presente

20.06.08 | 22:52. Archivado en Costumbres, BOLIVIA

Las comunidades altiplánicas siguen rigiéndose por las leyes morales y éticas que sus antepasados indígenas tenían en la etapa precolonial

Matar, mentir y robar merecen la muerte como castigo, no hay otra salida; esta es su máxima, como lo era hace 1000 años. Lo peor de todo, es que en pleno siglo XXI siguen conservando estas normas y otras mucho más atroces.

Actualmente, la Justicia Ordinaria, las fuerzas de seguridad del Estado, o las Autoridades políticas, no tienen ningún poder sobre las acciones de las comunidades andinas.

Sin ir más lejos,hace un par de años en un pueblo de La Paz, el gobernador fue colgado de la Plaza Mayor, quemado vivo y apaleado hasta la muerte, porque presuntamente había traicionado la confianza de sus conciudadanos.

Otro ejemplo de estas prácticas fue el linchamiento popular de dos turistas peruanos, en otra pequeña localidad, porque habían sido acusados por un vecino de robar dos garrafas de gas.

Tradicionalmente la cultura Aymara y Quechua estaban basadas en actos sanguinarios, ya que para ellos es muy importante ofrecer sacrificios a la Pachamama (Madre Tierra), quien sólo se alimenta de sangre, incluso humana.

De ahi, que actualmente, se siga practicando el Tinku, una danza que en las pequeñas poblaciones (no en las demostraciones folkloricas o en ciudades) sigue siendo como en aquel entonces. Los hombres del pueblo se golpean hasta que alguien muere a causa de los golpes, en cuanto muere una persona se para la danza mortal y se entrega como sacrificio a la Pachamama en un ambiente totalmente festivo.

En otra localidad paceña, si alguien infringe alguna de los tres delitos máximos es asesinado y toda la comunidad se come el cadáver.

El peso de la comunidad es tan grande, que ni la familia es independiente en autoridad con respecto a sus integrantes. De ahi, que en una ocasion un niño tomó un par de frutas de un árbol y la comunidad exigió a la familia de este niño, que le azotaran con el cinturon en la plaza del pueblo delante de toda la población, porque ellos tenían que responder ante la comunidad por los actos de su hijo.

Con estas prácticas, podemos ver como Bolvia esta sumida en una dualidad que no permite su desarrollo en ningún sentido, pues la tradición extremista choca con los valores de un Estado de Derecho, en el que no hayan asesinatos impunes, ni maltrato, ni oposición a la tecnología, a la educación, a la sanidad... Hasta que este sector de la población no se integre en la mentalidad del cambio, del progreso, Bolivia seguirá luchando contra sus propios demonios.


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