Economato presupuestario
04.10.07 @ 15:38:15. Archivado en Izquierda impertinente
Atrapados como estamos en una red financiera de incertidumbre globalizada con un muy variado surtido de anzuelos cuyo gusanillo de la angustia se nos queda bien atrapado en la garganta, los presupuestos aprobados por el Gobierno para el 2008 parecen cantar jotas, vivas y soluciones como tirititangas. Hace un par de días hablada del constante mal humor que lleva el personal a sus espaldas, que soporta el peso de una crisis que hace bien real, como todo lo que duele, la invisibilidad de todos los bienes y servicios bursátiles volátiles.
La alegría es un preciado artículo elevado a la categoría de lujo, y pocas veces asoma en sociedad, a no ser en casos impuestos por el status comerciosimbólico del momento: Navidades, vacaciones, despedida de soltero y demás gaitas.
No, decididamente hay un ambiente de desconfiada desazón, a pesar de las “quítame ahí esas pajas” de los ministros y sus caramelos presupuestarios alivia-pobres. Los fundamentos macroeconómicos comienzan a tambalearse en Norteamérica, Europa, -¿quién cree que aquí no pasará?- y no consiguen autoabsorber (al modo de aquellos mensajes-Bond que se autodestruían en segundos) la burbujeante mercantilización de lo subprime.

Sufrimos el Alzheimer sobre nuestros derechos conquistados con esfuerzo de sangre. Sea quizá esta meta económica la que ha instalado la tristeza y escepticismo que ya va pegado a nosotros. Ni recortes fiscales, ni ayudas al alquiler, ni el pago dental, ni la pecatta minuta a la natalidad, amansan nuestros miedos a la carrera desbocada de los beneficios individuales a costa de los sociales.
Pedro el que moja la tostada todas las mañanas en presupuestos con leche, saca la tarjeta amarilla a sus compis ministros, a los que advierte que no se les vaya tanto la lengua, ni la mano electoralista. Qué aún queda mucha campaña por delante y la cartera es frágil. Hombre sensato y contenido con la cuenta, este Solbes. Ya me lo imagino cenando con él, y exigiendo el pago a escotilla.
Este vivir entre perpetuas turbulencias interesadas y monopolizadas nos mantiene en un circo de cuerdas flojas, estrangulados cada mes un cm. más. Esto es un sin vivir, como diría la Santa Teresa del siglo XXI, reconvertida a la religión monoteísta imperante: la bursátil financiera hipotecaria Subprime. Y nosotros, pobres almas, sin poder disfrutar de la cosa hipotecada como mandan los cánones hedonistas de nuestro tiempo, por culpa de la bicha de la desconfianza.
Por mucho optimismo que muestren nuestros ministros con malabarismos lingüísticos de bolsillo, ya no nos creemos a salvo. Lo sabemos, lo intuimos: ¿cuántos van a perder sus casas por no poder pagar unos préstamos que las finanzas de casino han convertido en un lodazal?.
¿Dónde está la salida, el escape de este inmenso engaño, señores políticos mediáticos? Este consumo que nos consume, que hace de nosotros meros peones intermediarios, hormigas pagadoras que solo transportan y engordan el oscuro objeto del poder, la economía...de otros. Los beneficios patronales son históricos, y nuestros salarios adquieren bajas históricas. Las infraestructuras no gozan de buena salud y la formación ha perdido fuelle, y de postre, no alcanzamos los niveles vecinales europeos.
La alarma ha empezado a saltar en Estados Unidos, ya nadie está a salvo, el “gigante bonachón” ha sido tocado.
A las puertas del Northern Rock, las colas de desconfiados han ocupado las calles. Se han hecho con su dinero, antes de que se los coman corralitos de la Gran Bretaña.
Hasta el más firme defensor a fe ciega del libre mercado, Nicolas Sarkozy no le hace ascos a una buena dosis de proteccionismo actualizado, para evitar que manos extranjeras se hagan con lo mejor de la industria francesa.
¿No íbamos camino del mejor de los mundos?, ¿dónde nos perdimos? ¿cabe la posibilidad de dar marcha atrás y encontrar la buena dirección?, piensen altos cargos, pues por ello cobran, pero, por favor, con la cabeza deseslectoralizada.
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Blanca Vázquez Fernández
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