Filosofía, la salvacion sin Dios
10.09.07 @ 12:09:51. Archivado en Silencio, se lee
¿Por qué el filósofo y una vez Ministro francés de Educación, Juventud e Investigación Luc Ferry ha decidido un título -Vencer los miedos. La filosofía como amor por la sabiduría- que se presta tanto a equívocos ambiciosos y que a la postre es bien modesto? ¿Por qué no prometer al lector -confiesa el autor en la conclusión final- que, gracias a la filosofía, este podrá “vencer los miedos” sin esfuerzo, acabar con ellos, fulminarlos, para vivir al fin en la serenidad más perfecta? La promesa, en los tiempos que corren, podría seducir dulcemente. Doctrinas de todo tipo prometen la salvación eterna. Pero, ay! El filósofo no es un sabio, todavía menos un gurú. La filosofía es sólo una búsqueda, es el arte de la reflexión, ejercicio de espíritu crítico, iniciación a la argumentación, es un aprendizaje de la vida.
Esto y más propone este filósofo francés, (gratamente sorprendida me he visto de tremenda erudición) en su último ensayo. Un buen repaso, para aquellos que teníamos la filosofía apolillándose, guardada en los cajones traseros de nuestra conciencia. Y con filosofía me he concentrado en este repaso pedagógico que, admito, me ha venido de perlas.
En un pequeño libro de no más de 250 páginas, Luc Ferry nos recuerda que el esfuerzo de vivir y de pensar puede tener un aliado en la filosofía, doctrina de la razón humana, practicada por el hombre desde su misma concienciación de habitar, en un paso evolutivo lento, un mundo nuevo, diferente del mundo animal del que proviene. Hoy día, en una realidad que no se entiende cómo no podría no asustar, permanece olvidado (fuera del ámbito académico) este arte de pensar y argumentar por nosotros mismos, doctrina menos ilusoria que la religión y más fundamental, menos “técnica” que el psicoanálisis.
Reconozco que me he deleitado con parsimoniosa lentitud en su lectura, y que una vez acabado necesitaba de una relectura para captar, más profundamente, su esencia. Aún así, esta revisión filosófica (nada fácil en algunos tramos) ha supuesto toda una zambullida que ha reiniciado mis circuitos neuronales. Mejor que esos videojuegos para darle caña al cerebro, tan de moda.

La angustia, esa cosa tísica interna con la que convivimos todos los humanos, es el signo mismo de la lucidez. Imposible eliminarla, va donde quiera que vayamos. Los miedos, especialmente los concernientes a la agonía y defunción, la muerte no va a desaparecer por negarla vía técnica doctrinal elegida. Lo suyo sería aprender a vivir con ellos, que en sí se materializan en pérdidas. Y es lo que la filosofía puede prometer, domesticar nuestros humanos miedos.
Con la única pega de tropezarse con una traducción mal acabada en algunas expresiones, y la ausencia de un corrector antes de publicación (hay numerosos errores que quitan luminosidad a la edición), Ferry divide el pequeño ensayo en tres partes que giran en torno a tres ejes interrogativos fundamentales: 1) La teoría de la vida o hacerse una idea del mundo que pisamos, 2) las reglas de ese terreno de juego, es decir, la moral y ética, y 3) la finalidad o sentido del juego de la vida. Comienza refrescándonos que es la filosofía, que utilidad tiene como idea principal doctrinal de salvación sin Dios. Para continuar con un breve repaso a su historia desde los antiguos, concretamente el estoicismo (para los que el mundo era un orden organizado, un cosmos de amor eterno, del que seguramente copiaron los cristianos la idea del paraíso) hasta los filósofos postmodernos, haciendo un análisis más exhaustivo en Nietzsche. Pero sin olvidar en esta constelación de ideas -que el autor propone llevarse a una isla desierta- los principios aristocráticos de la ética de Aristóteles y la importancia del futuro y del pasado en los antiguos en general, a Descartes y su cogito o el comienzo de la revolución moderna de la filosofía, Rousseau y la diferencia entre el hombre y el animal, la fundación del humanismo moderno en Kant, el mundo de la técnica en Heidegger, el gran estilo y la inocencia del devenir según Nietzsche, la crítica de las pasiones tristes en la sabiduría materialista heredada de Espinosa, y algunas más que han hecho que este repaso me sepa a nata montada.
La segunda parte es muy curiosa, en tanto que se envuelve en una esfera más personal. Luc Ferry se ha propuesto aquí responder a las objeciones derivadas de su anterior y famoso libro “Aprender a vivir”, en un mano a mano con rectores laicos, además de obispos y teólogos cristianos. Esta es, a mi modesto entender, la parte más académica y espesa, porque sitúa al lector en esos contextos de comentarios escritos por academistas para academistas, algo así como ellos se lo guisan y ellos se lo comen, pareciéndome que el resto de los mortales no estamos invitados a la fiesta, ustedes ya me entiende, ¿no es cierto?
Sin embargo lo bueno de esta carretera de curvas sinuosas es que vuelve a la línea recta en el último tramo, y nos relaja un tanto las chispas eléctricas neuronales. Y es que en la tercera parte Ferry nos hace la maleta, un equipaje muy especial compuesto de las ideas más importantes y geniales para llevarnos a una isla desierta, como ya comenté más arriba. Dentro del mismo se encuentra el arte, la religión y la filosofía según Hegel, el existencialismo de Sartre, Popper y su distinción entre ciencia y falsa ciencia, la genealogía en Marx, Freud y de nuevo Nietzsche, (¿creían, acaso, que me había olvidado de ellos?), el utilitarismo anglosajón y la cuestión del derecho de los animales, (este capítulo es especialmente interesante para aquellos que amamos a los animales como a nosotros mismos), la pedagogía del trabajo y la educación, acabando con la singularidad del amor según Pascal.
Comentarios:
Valoro tus esfuerzos, ¿O son ficticios? ¿Aún te inundan las dudas juveniles?
Saludos
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Blanca Vázquez Fernández
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