Esa Rosa especial le ha "domesticado el corazón"...
06.09.07 @ 12:47:36. Archivado en Sin permiso de sus Señorías
No habría cita más apropiada que la extraída del Principito de Sant Exupery para hablar de una rosa cansada, a buen seguro harto decepcionada de hacer frente a tanto desprecio artificioso, creado a base de dudas pertinentes en una montaña rusa mediática, muchas de las cuales se basan en simples conjeturas colocadas para crear la sombra desquiciada. Ahora que la tormenta parece haber amainado, quizá sería cuestión de preguntarse porque una mujer de la experiencia de Rosa Regàs, de libre albedrío progresista, liberal, avanzada a su tiempo, comprometida socialmente, que mantiene la senda de la izquierda no iba a resultar molesta a ciertos bastiones del poder. Sólo era cuestión de tiempo y que la excusa sutil apareciese como por obra de un buscador de mapamundis apropiado.
Regàs es mucha Regàs y tiene mucha vida a las espaldas para aguantar majaderías.
Innumerables han sido los artículos, comentarios, notas, apuntes, soflamas, que se han nutrido de esta curtida mujer de letras, no ya sólo ahora mismo, sino desde su misma entrada en la Biblioteca Nacional. No obstante, son muchas también las muestras de apoyo recibidas, a las que me sumo con esta nota.
¿Qué hace un alma intelectual, que con gallardía suelta en libertad sus galgos contracorriente, en los sainetes políticos de nuestra pública Biblioteca Nacional?. Tocada en pecho, finalmente. Ay Rosa! que no has sabido poner “punto en boca”, o mejor no has querido (muy fina es, casi invisible, en el hastío de un funcionario que se siente acorralado, la línea entre destitución y dimisión deseada).

La libertad de opinión, la independencia crítica al margen de directrices marcadas puede ser muy mala compañera para medrar, mujer ingenua. Ello puede llegar a ser muy incómodo para todo poder, que hoy por hoy no soporta un verbo descarriado, sin líneas de dirección. La discreción sigue siendo la máxima premisa (a una cuota debida) de toda mujer en altos cargos, eso o la hoguera...de las vanidades mediáticas.
Qué más da que los varoniles con estrella de concejal, alcalde, o subsecretario suelten sapos (auténticas barbaridades en algunos casos). Ahora bien, cuando una mujer suelta por esa boquita y llama a las cosas por su nombre, ahí arde Troya. ¿Cómo osa, esta mujer de letras, articular a contracorriente sobre autopsias de Iraq, Chávez, igualdad, las miserias del Milenio o el efecto narcótico de los medios de comunicación?
Y es que Rosa, flor de biblioteca, tenía que haberse dedicado a las “frivolidades” en serio o en serie (que lo mismo da), esas que dice la oposición ha llevado a cabo en tan seria institución. En lugar de dedicarse a ser anfitriona de una y mil cenas oficiales, portadora de diademas, collares y Chanel, atender a lo más exclusivo, y despilfarrar bien a gusto el presupuesto, resulta que se dedica a instigar proyectos: “Hemos racionalizado la estructura, hemos modernizado la gestión de los fondos, hemos empezado a digitalizar fondos... He logrado un millón de euros en patrocinios y eso que yo no soy buena para pedir dinero. ¡Y se me acusa de despilfarrar cuando no he dado una sola cena oficial! Hemos preparado el reglamento del depósito legal y el de la conversión en agencia... ¿Usted cree que eso es no hacer nada en tres años?”.
Con mucho temple cultural y justiciero se ha estrenado el Señor Ministro Molina, pero no vamos a pensar que hay cierta pelusa vengativa en afirmaciones (siempre con el resorte de negar posteriormente) de que Doña Rosa se ha echado una siesta de tres años entre libros e incunables nacionales.
Se dice, se dice, tantos dimes y diretes...de los que Regàs se ha curtido para el untuoso manto de hipocresía que rodea las políticas del nuevo milenio. Al abordaje de las elecciones había que cortar la rosa de espinas del jardín público. De una sentada. Y los Ptolomeos, desde su más allá, han venido a echar una mano...
Los lectores de tus libros, a quienes tenías abandonados, ganamos con el cambio. Quizá un libro con esa experiencia conformaría un buen vademécum.
Para acabar, unas bellas palabras de Jaume d´Urgell:
“...Una flor muy especial, un elogio al poder de la palabra, alegoría de la Igualdad... una flor que nos pensaba en voz alta y llegó a abrirnos la puerta de un lugar donde habita el recuerdo, la casa de la razón ilustrada: nuestra Biblioteca Nacional”.
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Blanca Vázquez Fernández
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