África, el resplandor de los destellos 4
15.08.07 @ 12:27:15. Archivado en Dossieres, África
El Estado exprimido
Polémico Smith. Como gran conocedor del África subsahariana se ha atrevido a decir lo que muchos callan, aunque lo piensen. Y es la utilización de la etnicidad, de la negritud como arma y como victimismo continuado. El recurso sistemático de recurrir al argumento racial, al enfrentamiento entre negros y blancos. Los fetiches identitarios sacralizados que suponen toda clase de obstáculos socioculturales al desarrollo. El inmovilismo de ciertos comportamientos y sus dramáticas consecuencias (mutilaciones genitales de las mujeres), a los que debemos y hacemos frente con su prohibición (la infancia de la inmigración en dudosas vacaciones) en Occidente bajo imposición legal.

.-Referente a este tema recordemos, remarca Ninette, que Thabo Mbeki, actual presidente de Sudáfrica, se adueñó de un postulado ideológico que fue letal para su población, del que parece haber recapacitado en la actualidad. Me refiero a su negativa de considerar el VIH responsable de la transmisión del Sida, y en consecuencia negar el suministro de antiretrovirales. El Sida supone para África su tercera catástrofe demográfica, después del tráfico de esclavos y el colonialismo. Y seguimos con más números. El número de seropositivos en el ejército era en 2003 del 40% en Sudáfrica, del 60% entre los militares del Congo-Kinshasa y Angola, y lo que resulta escandaloso: rozando el 75% en el de Zimbabwe.
El libro de Stephen Smith no da pie a relajarse. Su prosa no da respiro, no deja un hueco libre, se apelotona para plasmar toda la información que parece le sale al autor a borbotones, casi sin poder controlar. Compuesta de dos prólogos, uno especialmente dedicado a la edición española, le siguen 10 capítulos y un epílogo, donde revisa todo lo concerniente a este estado de automutiliación permanente. Desde la riqueza del continente (escándalo geológico de Congo-Kinshasa, el petróleo, carburante de guerras civiles, y enriquecimiento de una ínfima mayoría, además de una reiterada inmersión de los países ricos occidentales) y su gran pobreza. Pasando por una detenida mirada en la debilidad del Estado y todo lo que se deriva de él, siendo inexistente en algunos países, y donde en otros se le exprime como la vaca lechera del globo.
.-Un funcionarizado pringado de corrupción, (en Nigeria se descubrió que el 80%!! De los justificantes de los gastos correspondían a facturas falsas o encargos ficticios). Me recuerda Ninette.
Pero, neutralizo a mi amiga, no dejemos de mencionar, tampoco, los abusos que dan lugar a insensatos comercios injustos, como los provocados por las subvenciones concedidas a productores norteamericanos de algodón, que han hecho que Mali reciba los millones que se le niega comerciando, en ayudas. Ridículo hasta la extenuación. El “rey algodón”, que ya fue la causa de la caza de esclavos africanos en las plantaciones del profundo sur norteamericano.
.-África, reino de la falsificación de documentos, -vuelve el eco de Ninette. Desde el permiso de conducir al títulos de estudios, pasando por el carné de vacunación o de identidad. Los únicos datos fiables proceden de las org. Internacionales, Org. de cooperación o ONG, que por su parte han organizado una administración paralela.
¿Y en que lugar queda la propiedad?. La ausencia de escrituras hace que los recursos de cada país sean monopolizados por los jerarcas, los jefes de estado, y no siendo África la única en esta lindes, si que el contraste entre el faraonismo de los abusos y la precariedad de los medios es especialmente chocante, recalca Smith en su libro.
Tres graves patologías diezman el débil estado africano: la pérdida de legitimidad ante la poca garantía de unas prestaciones mínimas, (falta de infraestructuras, servicios públicos básicos o de la educación); el saqueo del Estado llevado a cabo por sus “servidores”, desde el vértice hasta la base de la pirámide; y la destrucción de la red administrativa a causa de las guerras civiles. Sin estos básicos servicios institucionales no hay desarrollo posible. No hay esperanza posible.
Foto: obra de Tania Blanco Taboada.
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*Los datos de las seis piezas de este reportaje se han tomado del libro, Negrología. Por qué África muere, de Stephen Smith, provista, a su vez, de una amplia bibliografía.
Comentarios:
La falta de esperanza obliga al individuo que no está de acuerdo con esta forma de vivir o cultura a emigrar, el "responsable" de eso es la información, el mejor ejemplo de ello es la paradoja de que en una aldea senegalesa o mauritana, puede verse un anuncio de Vogue con todo lo que ello representa: el televidente que se ríe de nuestra esclavitud económica y el que rabia por conseguirla.
(Un inciso: el día que en los poblados africanos existan frigoríficos, empezará el cambio, sangriento o pacífico)
Un abrazo.
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Blanca Vázquez Fernández
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