Aventúrate a la pesca de salmón en Yemen
31.07.07 @ 13:07:08. Archivado en Silencio, se lee

Acercarse a nuevas fuentes literarias, durante todo el año (no sólo en verano), es de lo más refrescante y saludable. Tales son las ansias de ideas nuevas e imaginativas, no sólo en el campo de la literatura, las ganas se extienden al mundo del cine, donde los guionistas se repiten cansinamente, con muy escasas historias valientes y denuncia-sistema-en-el-que-estamos-empotrados. No es este, desde luego, el caso de Paul Torday, ingeniero marino, licenciado en literatura (Oxford), y que con una primera publicación en la esfera editorial ha conseguido enamorar y encandilar al público, que ha puesto en marcha la mejor y más fiable máquina de marketing, el boca a boca.
¿Se imaginan ustedes comprando un libro, especialmente en verano cuando el personal busca menús ligeros, que se titule “La pesca del salmón en Yemen”?. Pues señores, si no les viene la imagen, deberían arriesgarse más y confiar en un instinto rompedor de barreras castradoras. Un libro con semejante título puede ser de lo más delicioso, y encandilarles de principio a fin con su salsa agridulce. Como lo hace el que tengo entre manos. Abróchense los cinturones que les propongo un viaje a los altísimos acantilados de color ocre a la luz del sol, y morados a la sombra; los wadis de Yemen.
Paul Torday, (Reino Unido, 1946), ha roto barreras con este su primer debut. Ha compuesto una novela tan insólita en su estructura como imaginativo y ácido es su contenido políticamente incorrecto. Se lee de un tirón, he de confesar. Uno se hunde tan profundamente en sus páginas que, cual Potter maniaco, se ve transportado a un set de película, (ya estoy viendo su estreno cinematográfico a no más tardar). Sinceramente, me lo he pasado de miedo, y, además, a un precio asequible. ¿Qué más se puede pedir?. Algo más, sin duda. He descubierto un mundo que me era ajeno y desconocido, el de la pesca.
¿Un libro de pesca divertido?, dirán. Ameno y entretenido a rabiar. Quizá uno de los aciertos de Torday haya consistido en la mezcla de varios géneros y formatos en la construcción de los 33 capítulos de esta visionaria y estrambótica aventura político espiritual.
El asunto es el siguiente: un jeque árabe, Mohamed ben Zaidi bani Tihama, de cultura exquisita, religioso, visionario, pacífico y tremendamente respetuoso, cree (entendido el verbo como fe, “Había empleado la palabra fe, pero se refería al hecho de creer. El primer paso era sencillo: creer en el hecho mismo de creer...”) que la pesca de salmón, deporte que práctica en sus estancias temporales en Escocia, puede ser una idea excelente a exportar a su país, el desértico y hermoso Yemen. El dinero lo puede todo, pero la fe es una energía más estimuladora a la hora de hacer cumplir cualquier convicción que se tenga por acertada, por muy imposible que, a primera vista, parezca. A través de su abogada en Londres, una joven y atractiva Harriet Chetwode-Talbot, contacta con un gris funcionario, el doctor Alfred Jones, del Centro Nacional para el Fomento de la Piscicultura, con el fin de que sea este científico el encargado de hacer realidad un sueño que parece una idea más que descabellada. Será, a partir de entonces que la anodina, fría y estable vida del doctor, envuelta en un matrimonio que da más grima que pena, dará un giro de 180º .
Claro que esta peculiar e inusitada idea no se podía quedar en manos tan solo privadas. Imposible que un proyecto que tiene relación con Oriente Medio, en un momento político en que nadie puede sostener la patata caliente de Irak, pudiera pasar desapercibido al gabinete gubernamental con asiento en el nº10 de Downing Street, que ve en la propuesta del jeque Mohamed una oportunidad para mejorar la imagen del Reino Unido en la zona.
Absolutamente delirante, pero con un perfecto engranaje, el proyecto Pesca de salmón en Yemen, se va elucidando desde los primeros e-mails, memorándum, faxes, y cartas de su puesta en marcha, pasando por su estudio de viabilidad, los fragmentos en forma de diario de los principales actores implicados, los interrogatorios posteriores, diálogos, comentarios de la prensa internacional, (“El lapso de atención de los medios informativos es de veinte minutos, y una novedad, una nueva perspectiva, suele tentarlos a soltar el hueso que tu quieres que suelten y fijarse en el hueso nuevo que tú les ofreces”, confiesa el director de comunicación del gabinete del Primer Ministro en un interrogatorio), entrevistas mediáticas, textos autobiográficos, los guiones creados para ciertas televisiones privadas, testimonios, y conclusiones, incluida la correspondencia entre un militar destinado a Irak y la abogada del jeque, Harriet, y la impresión abstracta que la censura provoca en las cartas. !Casi ná!. Sin embargo todo fluye con un orden que da facilidad a la lectura, con la misma que fluyen los alevines de salmón en las aguas claras de los ríos escoceses, motivo de no pocas disputas: “¿Sacar salmones de los ríos y enviarlos a Arabia Saurí? -dijo Tom-. Usted no conoce a la comunidad de pescadores. Antes preferirían vender a sus hijos como esclavos”. “En realidad es a Yemen”, aclaré. “Se levantaría en armas -replicó-. Les importan más esos peces que nada en el mundo. No descarto que hubiera acciones guerrilleras si intentáramos algo semejante”.
Todo ello transcurre durante un periodo de año y medio.
Este sarcástico y satírico libro es también un espejo que muestra la cada vez más ridicula manipulación del mundo de la política, convertido en mercadeo para conseguir votantes, olvidado, hace tiempo, su fin mismo, que no es otro que facilitar la vida de los individuos de a pie. No es sorprendente que la sociedad aborrezca de los sujetos políticos, enganchados a la foto de escenario preparado y a misiones cuyos intereses sirven a los intereses económicos de una élite privilegiada. El problema a que todo esto aboca, es la falta de fe, en la política me refiero.
No podían faltar en este trozo de realidad los atentados de grupos fundamentalistas, (con e-mails interceptados a Al Qaeda). Ni la mirada de un autor buen conocedor del mundo árabe, que muestra la hermosura de un país tan arcaico y rico históricamente como es Yemen: “Este país me tiene abrumado. Es de una hermosura casi salvaje, en especial los montes Haraz, donde el jeque vive normalmente cuando no está en Glen Tulloch. Una vez que entras en uno de estos pueblos te encuentras con una algarabía de gritos, una explosión de color, olores inimaginables de alcantarillas y especias, y de repente al doblar una esquina te topas con un jardín oculto detrás de las casas.”, escribe el doctor Jones en su diario. La religión forma, asimismo, parte del debate.
En resumen, este tipo de descubrimientos literarios son como un trago de agua fresca a pleno sol en el desierto de Yemen, con una construcción narrativa jalonada de imaginación en todos sus capítulos, incursión y aventura en la que a medida que se va acercando uno al final, les aseguro, que se desvanece de la realidad que le rodea. Todo un viaje.
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Blanca Vázquez Fernández
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