Los gemelos diabólicos
02.07.07 @ 12:53:35. Archivado en Sin permiso de sus Señorías

Vaya como se las gastan los nuevos gobernantes polacos de ínfulas decimonónicas que vigilan para que la pequeña Polonia, que no llega a los 39 millones de habitantes, no colabore con el mal, como dirían nuestros cardenalicios. Orgullosos de lucir escudo “antes muerto que pasar por el aro” han provocado la conjura de los irritados, como afirma Joseph Ramoneda, en el revisionismo de la nueva Europa, ese lugar más mental que físico. Para aquellos ciudadanos polacos, también europeos, que no votaron Kaczynski, es decir el 75% del electorado, la fama de pistoleros altaneros les va a venir gratuita. Y es que estas élites gemelas de Polonia le han sacado las ojeras a los mandatarios europeos, y cierta inquina enemiga a más de un vecino. Entre corrillos de pasillo bilaterales, o trilaterales, y visitas a despachos unilaterales la matrona Merkel, que a toda costa y con ferviente tesón se erige en Juana de Arco salvadora de la invisible cosa europea, despliega una infinita paciencia femenina. La que le falta a Sarkoturbo que desde que ha metido la sexta se hace unas curvas de miedo, (ahora entendemos sus reponedoras estancias en monasterios flotantes), temiendo todos le vaya a dar un síncope, al estilo entusiasmo primerizo papal. No les ha quedado otra que recurrir, quién lo diría, al cansado talante del presidente Zapatero, y a los ingleses que mal que así soportan a esta hermana bastarda con la que no comulgan ni en divisa; tal es el berrinche de los gemelos diabólicos.
La cuestión es si ahora, renovado el maquillaje, con el nuevo lifting que presenta la vieja Europa va a ser vista, finalmente, por aquellos que no la ven, o sea, una gran parte del mundo. Un mediterráneo para el que parece no es nada. O la etiqueta de inexistente que Estados Unidos le ha colgado, por no decir de la potencia Rusa que ve a Europa más volátil que el gas que le vende. Sólo Turquía muestra interés por la enferma.
¿Todo este baile de pasillos servirá al menos para eliminar esa incertidumbre y desinterés con que el ciudadano mira a esa idea diluida de una Europa que parece más virtual que real?. Una Unión que se concreta en interminables documentos manoseados y firmados durante dos días con sus dos noches, retocados, doblados, moqueados y tachados por todos los estadistas, entre bostezos, algún que otro basta ya del espectáculo a lápiz alzado, y suponemos que litros y litros de café y algún que otro pedo.
Los ocho clavos ardientes (que se supone la van a dinamizar y modernizar ) resultado del rifi-rafe de los veintisiete habitantes de la casa, estaban, curiosamente, en la Constitución: un cambio de término de la misma, por Tratado de Reforma (me pregunto porqué produce tanto desasosiego el término Constitución en los primitivos europeos, como Francia y Holanda, por no decir las burlas que siempre le hace la Gran Bretaña); Unanimidad en materias técnicas y garantías jurídicas comunes, dando especial importancia al cambio climático, y la seguridad y cooperación policial; Nuevo sistema de votación que los Kaczynski han logrado que no se haga efectivo hasta 2.014, lo que traducido del polaco significa, en 2.017; Creación de un mandamás que dispone de un alto estanding laboral y salarial para aumentar los gastos, de por sí enormes, de la burocracia a la europea, denominado Alto Representante de Asuntos Exteriores, bien mirado quizá el resto del mundo tenga un teléfono donde llamar; Le sigue el subdirector de su señoría, es decir, el Presidente del Consejo; la Carta de derechos fundamentales será aplicable, pero no. Es decir, vinculante pero sin dar la lata, especialmente a la Gran Bretaña; desde luego cada uno en su casa es muy dueño, y Holanda lo deja bien claro, si algún menú no le va a la salsa holandesa, fuera ostias; y finalmente, si casi nadie distingue una Europa clara, para que hacen falta los símbolos, lo único que se consigue es marear la perdiz con tanto himno, bandera y divisa. Así las cosas, el empeño de Angela Merkel porque no se produzca otra caída de Europa, a lo muro de Berlín, tiene su mérito, aunque sea cambiando palabras aquí y allí, y jugando un poco a escondo este término y me saco del diccionario tratadista este otro. Y todos los miembros más o menos contentos. Esto es lo que hay. Una Europa sin Europa.
En fin señores, no nos hemos quedado como estábamos, pero igual. Esperemos que esto sirva para atraer al ciudadano al nacionalismo de talla grande que encierra Europa. Pero, eso sí, no se hagan ilusiones, que aún quedan por ratificar estos acuerdos nocturnos y la cosa pinta más bien hacia el desencanto.
Imagen: El rapto de Europa, por Rubens
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Blanca Vázquez Fernández
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