Entrevista a Elvira Lindo: Mi vocación es la de ciudadana particular.
28.06.07 @ 15:41:45. Archivado en ENTREVISTAS EN MOSAICO

Aunque nacida en Cádiz, sus genes presentan ya un carácter muy madrileño (se trasladó a Madrid siendo una niña) y se nos aparece tan castiza como su travieso personaje Manolito gafotas, que confiesa ser su alter ego. Empezó a trabajar en la radio, precisamente como locutora de su famoso personaje que pronto trasladará al papel con varias historias. Le siguieron otros cuentos con un cambio de personaje: Olivia, y así pasamos de que Olivia no quiere bañarse, a Olivia tiene cosas que hacer pasando por algún que otro fantasma.
Además de la narrativa infantil, género con el que Lindo ha conseguido el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil en 1998, ha tenido mucho éxito con sus novelas, guiones de cine, teatro y ensayos. Desde que en ese mismo año publicara la novela El otro barrio, ha seguido imparable con Algo más inesperado que la muerte (2002) y Una palabra tuya (2005), Premio Biblioteca Breve. Valiente, le gusta probar con todos los géneros.
Uno que se le da francamente muy bien y que le hace muy popular y querida entre muchos lectores es su articulismo. Colabora asiduamente en diversas revistas y diarios, como El País, donde con su pluma saca migas jugosas de cualquier simple anécdota, para lo cual hace uso de su particular y aguda mirada de múltiples ramificaciones y mucha, mucha imaginación. Sus tintos de verano están hechos con las mejores añadas, 2001, 2002 y 2003. Desde luego no le falta don de gentes para ganarse al personal lector.
P1: Las cartas de los lectores le han dado jugo para su reporterismo especial con respecto a las pasadas elecciones municipales. ¿Es consciente que atender a lo que le dice la gente la hace muy querida y cercana?
Siendo sincera le diré que ha sido para mí una sorpresa escribir teniendo como fondo las cartas de los lectores. Como dije en algunos de los artículos de campaña el tono general era de buena educación e ironía. En cuanto a la opinión generalizada que tienen de los políticos es decepcionante. La gente espera más de quienes están pagados por su pericia para dirigir un país o para estar en la oposición. Ya sé que es peligroso hacer una generalización de lo que se ha leído en veintitantos días de campaña, pero teniendo en cuenta que leía como unas trescientas cartas que me remitieron del periódico, sí podemos decir que es significativo. Por otra parte, no era distinto a lo que oigo todos los días en boca de gente ajena a los medios y a la política. El resumen sería: nos merecemos algo más. Y ese “nos merecemos algo más” en muchos casos se ha traducido en abstención y votos en blanco. En cuanto a si soy cercana a la gente, bueno, no me hace falta, porque yo no me siento en el otro lado, yo podría ser una de esas personas que escriben a un periódico. Mi vocación es la de ciudadana particular. Y no es una afirmación populista, es que el hecho de ser así me ha permitido siempre el curiosear en las vidas de la gente anónima, que es lo que a mí me gusta y me sirve para mi trabajo.
P2: Estoy segura que mucha gente apostaría por usted si le tirase la política, claro. El naturalismo, la sinceridad y vivir la realidad de la calle se hecha mucho de menos entre los candidatos.
La política como profesión no me interesa, aunque en algunos momentos de mi vida he estado cercana a ella y me inicié muy precozmente: a los quince años me afilié a las Juventudes Comunistas de mi barrio. Pero le voy a confesar una cosa, si alguna vez he pensado en puestos políticos que me tentarían siempre están relacionados con la ciudad. Si tuviera otra vida no me importaría ser alcaldesa de Madrid. Es una ciudad a la que quiero mucho, y más ahora que sólo vivo en ella la mitad del año. Pero el hecho de vivir en Nueva York la otra mitad me ha permitido ver claramente que Madrid tiene mucho carácter, es una gran ciudad. Los americanos la adoran. Tal vez los socialistas olvidaron que Madrid necesita un candidato que declare su amor incondicional por esta ciudad para compensar los furibundos ataques que recibe a diario. Dicen que los habitantes de Madrid no tienen orgullo identitario, eso hace que la ciudad sea más libre en muchos sentidos, pero también lo es que el madrileño aguanta estoicamente el que se relacione su ciudad con la tensión política. Madrid es muchas más cosas. Tal vez esas afirmaciones parten de quienes sólo se mueven en terrenos políticos, mediáticos y del cogollo cultural y jamás han saboreado Madrid como cualquiera de sus habitantes o como cualquiera que viene a la ciudad a hacerse un hueco en ella. Por otra parte, me preocupa muchísimo el crecimiento desordenado de Madrid. Creo que es una ciudad que necesita urgentemente ideólogos que la reinventen, la humanicen, la urbanicen, controlen su crecimiento y no hagan de los suburbios lugares sin personalidad conectados por autopistas. Ese futuro me horroriza.
P3: Como participante, dígame, ¿por qué El País ha movilizado a todo su personal columnista para las elecciones municipales, consiguiendo que se se les lea más que a los propios políticos y sus peroratas de campaña?
Creo que, evidentemente, moviliza a sus columnistas para atraer la atención de un público al que cansa la pura información política. Y que conste que yo leo la información política. A mí la información sin adjetivos, es decir, sin opinión, me atrae mucho. La opinión me suele parecer más previsible. Puede sonar raro que lo diga yo precisamente, pero a pesar de que el periodismo no atraviesa su mejor momento, me parece una profesión fascinante, tanto, que era lo que yo quería ser desde muy joven.
P4: Ser la esposa de Antonio Muñoz Molina, ¿impone?, ó ¿debería imponerle a él ser su marido?
Pues no, francamente. No puedo imaginarme el estar casada con un hombre cuya presencia me “impusiera”. No comparto la vida con un hombre por lo que representa públicamente sino por cómo es esa relación en la intimidad. De todas formas, estas son cosas que nos suelen preguntar más a las mujeres que a los hombres. También es una cuestión de carácter. Por esa cercanía que usted dice que yo transmito la gente se atreve más a preguntarme por cosas de orden personal. Yo llevo trabajando desde los diecinueve años, disfruté mucho de mi trabajo en la radio, en el mundo del micrófono y las redacciones, escribiendo guiones, interpretando personajes. Luego me retiré a casa a escribir y también encontré a un público para mis libros o para mis guiones de cine. Fue difícil pero finalmente encontré mi lugar. Así que para mí fue extraño acostumbrarme, cuando comencé a publicar libros, a que se me preguntara siempre por mi marido.
P5: ¿Muchas críticas a sus columnas que amarguen el cafelito de la mañana, o de la tarde? Es que tenga en cuenta que no sabemos a ciencia cierta de que va usted.
Pues yo voy de lo que van muchos ciudadanos. Soy independiente, intento juzgar los hechos sin tener mi opinión predeterminada, intento expresar a los demás mis dudas, no asumo todo lo que dice el partido al que voto, no tengo por qué votar siempre al mismo partido, creo que tengo la obligación de ser crítica con quién gobierna, creo que quien gobierna tiene que aceptar las críticas porque eso es la muestra de su fortaleza, por eso no me explico que los gobiernos siempre tengan ese batallón de empleados destinados a afear la conciencia crítica, también hay que ser crítico con la oposición, que generalmente en España es desastrosa, y, por supuesto, algo que se ha convertido en el punto más difícil, creo que hay que ser crítica con los partidos nacionalistas, que a menudo despliegan una autodefensa victimista.
P6: Seguro que recibe más peticiones que críticas, como si fuera usted la virgencita Elvira. ¿Cuántas veces habrá quedado usted como una desgraciada (y no es mi intención insultarla, lo ha dicho usted misma)?
Bueno, el problema de la cercanía…, el eterno problema. Algunos lectores creen que te conocen, creen que es fácil dar el paso a la relación personal y, claro, las relaciones se hacen de otra manera. Aunque le confieso que he acabado teniendo amistad con dos o tres… , pero no me sentí obligada, es que me cayeron bien.
P7: Siguiendo con eso de las críticas, ¿cómo llevan los políticos eso de las críticas en América? Porque aquí ya vemos como se las gastan.
Pues yo creo que los políticos deberían aceptar las reglas democráticas antes de presentarse a unas elecciones, es decir, asumir que la crítica está incluida en el sueldo.
P8: Ha comentado por ahí, que en los taxis neoyorkinos no funciona eso de la alianza de civilizaciones. Y a lo que parece en las universidades tampoco. ¿Qué le ve a la sociedad norteamericana que saca al desequilibrado que hay en uno?
Es una mezcla de una sociedad en la que la soledad y la autosuficiencia forman parte de su cultura, ese estilo de vida combinado con la venta libre de armas produce monstruos, como se puede ver.
P9: New York arriba, New York abajo. ¿No echa de menos la tortilla española?. Por cierto ¿saben los neoyorkinos donde está España?
Lo que no echo de menos es la tortilla, porque en mi casa se hace y muy bien. Y paella los domingos.
Los neoyorkinos saben dónde está España, y muchos han estado varias veces, pero Nueva York no representa al pueblo americano, es una anomalía.

P10: De El otro barrio, a Algo más inesperado que la muerte y Una palabra tuya, tres estupendas novelas con una tierna y comprensiva mirada a los de abajo. ¿Respeto con su atención a los que siempre pierden?
Yo nunca he sentido que mire hacia abajo. Mis padres eran de clase media bien situada pero siempre nos relacionamos con gente de todo tipo y mi padre en Madrid nos llevó a vivir a un barrio. Las familias de mis amigos solían tener menos dinero que la mía. Nunca ha supuesto para mí un problema. Me cuesta entender más a la gente que tiene mucho dinero. Mi terreno es el de la clase media en toda su amplitud. Y en cuanto a la mirada comprensiva hacia mis personajes, por supuesto. Nunca juzgo a los personajes, les dejo explicarse, respirar, mis novelas no son ideológicas.

P11: Manolito gafotas es algo así como nuestro Charlie Brown. Cuénteme de donde le vino la idea o la anécdota que dio lugar al comienzo de este personaje y sus historietas.
Manolito soy yo. Es una falsa biografía: yo no era un niño, mi padre no es un obrero, no tuve un abuelo como el suyo, pero… hay algo en el alma de Manolito que se parece muchísimo a cómo era yo a su edad.
P12: ¿Está embarcada en alguna otra historia de Manolito Gafotas o una próxima novela? Por cierto, hablando de libros, ¿qué lecturas tiene en sus manos en estos momentos?
Estoy escribiendo una novela (de adultos) situada en Nueva York (era lógico ya). Estoy leyendo los cuentos de Alice Munro, una escritora que me fascina
P13: ¿Nos va a sacar a la mesa este verano para saciar nuestra sed su Tinto de verano?
¡Quiero descansar! Además para mí aquella es una serie terminada.
P14: ¿Contaremos con su presencia en alguna película española de próximo estreno, con ese aire de pasotilla que tan bien se le da?. La recordamos perfectamente en las ocho por las que se ha asomado, especialmente Cachorro (2004).
Pues espero volver a escribir para el cine, que es algo que me gusta mucho, pero como actriz, jajaja, creo que mi carrera está acabada.
P15: Y para acabar, como ve Internet, ese vuelco que la población, más o menos joven, está dando a la manera de estudiar, leer las noticias, disfrutar, hasta ligar?
Pues me parece que, en principio, amplifica el mundo. Yo no podría vivir sin Internet cuando estoy fuera de España, pero creo que en un país como el nuestro, tan sociable, se puede convivir con Internet de una forma más sana que cómo se hace en Estados Unidos. Aquí, en una sociedad tan marcada, como le he dicho, por la soledad, Internet se convierte en sustituto de la relación humana. Francamente, una sociedad en la que tienes que echar mano de Internet para tener un amigo porque eres incapaz de comunicarte con la gente de tu trabajo o porque las relaciones están tan reguladas que la gente tiene miedo a comportarte con naturalidad no me parece el mejor ejemplo a seguir. Internet, en esta sociedad, agudiza la rareza de los raritos, los solitarios, los abandonados. En ese sentido, en España la vida “real” nos ofrece muchos más recursos, hasta por esa familia de la que tanto nos quejamos.
Gracias Elvira por tu amable disposición a contestar desde Los Ángeles.
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Blanca Vázquez Fernández
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