Nepotismo a lo Wolfie: "con ética y buena fe"
20.05.07 @ 15:07:09. Archivado en Sin permiso de sus Señorías

Hombre de maneras suaves y sumamente exquisito en su educación, nombrado a comienzos de 2005 cabeza del Banco Mundial, con la oposición del 90% del personal del Banco, Paul Wolfowitz, títere neocon de la Casa Blanca, a quién Bush susurra con ese inglés masticado, Wooolfie -como si de una mascota se tratara- ha sido expulsado, si bien convenientemente disfrazado el percance de dimisión. Aunque mal me pese decirlo por sus connotaciones racistas, a la manera de esos judíos que mantienen una relación sanguínea con el dinero, ha exigido recibir su sueldo (nada desdeñable) durante un año.
Para sorpresa de muchos de los presentes el hecho de descubrírsele agujeros en sus calcetines, inevitable visión en la visita a una mezquita, en Turquía, parece conjugar muy bien con su arbitraria gestión (llena de agujeros) en un Banco Mundial que no sabemos aún muy bien para que sirve, aparte de para untar económicamente los think tank de nuevos movimientos conservadores que pretenden mantener la hegemonía mundial.
Este precursor de la cultura de la gran burocracia es controvertido hasta el hastío. Y demasiadas son las razones, entre ellas el ser uno de los principales arquitectos y partidarios de la guerra de Irak, socio fundamentalista en aportar democracia (al estilo american corruptus) a Irak. Este intelectual del conservadurismo americano tuvo la osadía de promulgar un salario de paraíso fiscal a su actual pareja Shaha Riza, británica de ascendencia libanesa. Fue lo último que, como noticia de prensa rosa, vocearon sus detractores -hartos ya, probablemente, de otros desmanes- a los medios. Lo que demuestra este “me toreo las normas“, para un vigilante de las mismas, es que taladrar agujeros tiene algunos límites, incluso aunque estés instalado en el trono del BM.
El traspaso, ante el escándalo, de su pareja al Departamento de Estado, paseando pasillo arriba, pasillo abajo, un sueldo superior al de la propia Rice, fue otra mala previsión de nepotismo ilustrado.
Pura ética neocon la de Wolfowitz, a quien se le llena la boca con la palabra corrupción, de la que se ha hecho absoluto administrador, ocasionando la furia y enfado del personal del Banco.
Ya de nuevo en la calle, se la recolocó, (a la tal Riza), a prestar servicios (por supuesto no a la comunidad, ni gratis) sino más concretamente a una de esas fundaciones que tanto empeño tienen en fundar (valga la redundancia) mentes con neurosis dominativa. Fundación Para el Futuro, es la nueva dirección laboral de esta chica libanesa, que a buen seguro no es de las que han sufrido los bombardeos israelíes del pasado verano, ahora encargada de contribuir a la misión de llevar la libertad y democracia a Oriente Próximo y el Norte de África.
Al parecer la arrogancia de Wolfowitz producía un eco irritante por los pasillos del banco. Hombre cuya imagen pública presenta muy buen cartel corporativo: corteses maneras, mirar pausado y atenta escucha. Este intelectual fichado para el Pentágono por Donald Rumsfeld en la Universidad de Hopkins, en Washington, cumple a rajatable con la cartilla de todo neoconservador que se precie, a saber: haber pasado de fiel seguidor de causas izquierdistas (Martin Luther King es un ejemplo) en los años 60, a convencido defensor del Proyecto del Siglo de la Nueva América. No sé que carajo pasa en el mundo político de este recién estrenado siglo, que se está produciendo un trasvase en línea recta de cierta izquierda idealista de los años sesenta, a la derecha más ultra liberal de la actualidad. Interesante para un estudio antropológico.
Poco conocida es la estancia de Wolfowitz, de tres años, (década de los ochenta), en Indonesia, la quintaesencia del Tercer Mundo, donde sus prédicas contra la corrupción se las pasó por alto con el régimen de Suharto. Hay que puntualizar que actuó “con ética y buena fe”, plática moral que se quedó grabada a machamartillo.
Al parecer su problema, ya sea en el Banco Mundial o en el Pentágono, eran sus deficiencias a la hora de dirigir. No hay doctrina Wolfowitz, le achacaban tanto sus amigos como sus enemigos. Quizá sea comparado con MacNamara. Los dos tienen cosas en común: ambos llegan al Banco directos del Pentágono, y ambos están relacionados con guerras impopulares. Pero las similitudes se acaban ahí. McNamara usó el Banco como expiación propia, cosa muy alejada de las maneras Wolfowitzianas, quien al igual que sus camaradas de la Casa Blanca, nunca ha admitido responsabilidad alguna en la debacle de Irak.
Se le presupone encaminado a dirigir (quizá después de un cursillo intensivo en management) cualquier Fundación, lo mismo da, de esas salvadoras del mundo. Y quizá, puesto que se va pegado a su sueldo, estrene calcetines nuevos, aunque sean comprados de saldo.
Por su parte, el BM espera el sustituto. Se han barajado varias opciones, entre las que destacan Tony Blair, perfecto felpudo de la Administración Bush, y Joseph Stiglitz, Nobel de economía 2001 más crítico con Bush y conocedor, de antemano, de los entresijos de esta institución cuya misión proclama ser la lucha contra la pobreza. Paradojas del mundo libre.
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Blanca Vázquez Fernández
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