Blackwater y el burdel de maduritas
10.05.07 @ 14:21:55. Archivado en Sin permiso de sus Señorías
No recordamos grandes investigaciones, ni escándalos de buena salud mediática desde el ya mítico watergate de la década de los setenta, por lo que supone casi una celebración cuando una miaja del entramado de corrupción (la que mueve el mundo como sentencian en la estupenda película Siryana) que rodea el entorno político-económico de la gran potencia, resbala de vez en cuando entre las páginas de algunos diarios, por muy blockbuster mediatico-empresariales que sean. Intuyen, quizá, que sacian en algo ese escepticismo que muchos llevamos de mochila, dudar siempre del gran poder, de todos los poderes asentados en su trono.
Irak está desarrollando y engordando un (de por sí ya próspero) negocio, que no se centra solo en los aromas derivados del petróleo y el mercadeo armamentístico -con el que va ligado como siamés-, me refiero a las empresas de seguridad, grandes sociedades de responsabilidad bien anónima que se nutren de las guerras, que aspiran vida de ellas, que ellas son su principal y grandiosa razón de ser (fuera y dentro de la bolsa).

Blackwater se alza en el paradigma del parásito engordado a costa del monstruo irakí. Se han subido al último tren precario y han decidido contratar mano de obra más barata. Recogen sus mercenarios de Latinoamérica, donde reciben un cursillo intensivo a vida y muerte para jugársela más tarde en el polvorín de Oriente Próximo. Rudos securatas, a los que acreditan, pasado el periodo de prueba, como soldados combatientes, armados hasta los dientes, de peso tonelítico sumado entre sus carnes y los enseres cortaire de su equipaje de mano. Puede ocurrir que alguno de estos Rambos no lean la letra pequeña hasta que sea muy tarde para retroceder, y mordiendo el polvo irakí comprobarán que donde decía 4.000 dólares al mes, se le une la coletilla: sujeto a posibles cambios a discreción de la dirección, lo que traducido viene a significar: perdón, quisimos decir 40 dólares al día.
Blanckwater y Cias. deben tener el lomo terso ante la sola perspectiva de una retirada de tropas de Irak; carajo! en ello les va el floreciente negocio.
Mientras los altos funcionarios, senadores, cargos periodísticos y demás ralea (todos de alta graduación, desembolsadores de cash pagadero a servicios "fantasías"), unidos un palmo a la piel de aquellas seguras empresas, andan un tanto agitados porque a la vez que alimentan la maquinaria de matar y el merceranismo, le hacen ascos legales a la permisividad de burdel. Aunque, éstos bien conocedores de la letra pequeña, no hacen ascos a utilizarlo para uso y disfrute, especificando (como ya proclamó en su momento Clinton sobre los enjuagues sexuales) que sus servicios en realidad no son sexo. Resulta que acaba de salir a la luz, desde las tinieblas de las grandes esferas, una de esas madames, Jeane Palfrey, que en legítima defensa de sus ahorros blanqueados (manteniendo lugar común -al lavado me refiero- con nuestra espantoja tonadillera) ha emulado a la otrora famosa Heidi Fleiss, Madame de Hollywood, provocando algún que otro divorcio y derrumbamiento profesional. Más matizadamente moderna, esta madame de Washington alega que los servicios de compañía de sus maduritas (a los altos estandartes de la política le ponen las experimentadas) sólo eran servicios de masajes de relajación, con la opción a fantasía. Claro que todo ello, que suena a dulce rosa menú coqueto, no bajaba de los 300 dólares la hora y media. Y la agenda de la madame, aunque sea del color rosa más hortera del planeta, es ya un valioso tesoro, a la caza de los piratas.
En fin, dónde vamos a ir a parar cuando aquél haz el amor y no la guerra, se ha transformado en un haz la guerra y cuécete de fantasías.
Es lo que hay, adaptarse a los tiempos. Bien lo sabe el sepulturero de mayo del 68, el pequeño gran ambicioso Napoleón del XXI, Nicolas Sarkozy, libertador de los oprimidos por los impuestos, el nuevo revolucionario que, a su manera y la de sus pudientes amistades, ha entendido la alarma de parar el cambio climático, como parar el mestizaje problemático, quién va a procurar que trabajen más sus conciudadanos y que cobren aún menos, exhibición insultante de las desigualdades. El propulsor del cambio ha barrido con la Santísima Trinidad de la Republique, que ya tiene otra lectura: seguridad, seguridad y seguridad.
Las franquicias de Blackwater se están frotando las manos, y delirando de fantasías.
Comentarios:
Y queda demostrado que el 53% del electorado frances quiere sepultar el mayo de 68 y vivir en paz y con seguridad. Por lo menos no hay que ir muy lejos a vivir, si en 2008 vuelve a ganar la salvaje izquierda española.
Un saludo
Pasaba un momento para saludarte y felicitarte por el artículo....!!! ya sabes donde hay mierda, oscuridad y humedad salen los champiñones o no hay mal que por bien no venga !!!.
Un besito
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Blanca Vázquez Fernández
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