Málaga cine: Hotel Tívoli, historias varias bajo la mirada de un mechero
14.03.07 @ 20:03:45. Archivado en Día del espectador

Con los rostros ya un poco cansados (hoy ha costado arrancar las preguntas a la prensa y muchas son las secciones a visitar), los periodistas y reseñistas encaramos este miércoles un tanto cenizo, en cuanto al clima, en la de habitual soleada Málaga, que está haciendo su agosto en estos nueve días cinematográficos. Porque al fin y al cabo de dinero va este jaleo, no solo de arte, el séptimo en concreto, y las arcas de Málaga se están llenado con la muestra y mercadeo de nuestros próximos estrenos. Balón económico que está ayudando especialmente al sector hotelero, donde los bares del círculo cinecitá están a rebosar de personal, luminoso con su collarín de prensa, y de todo empresario con ojos de dolar puestos en el mundo del cine y la producción. Bares y hoteles que rodean el circuito histórico de la Alcazaba y la Catedral, dos estrellas a las que de seguro no importa perder un poco de su glamour para cedérselo a los monumentos artísticos de carne y hueso.

También mi cansancio ha hecho que esta mañana no acudiera a la cita temprana con un largo de los que presiento carne de premio, Yo (Me) de Rafa Cortés. Opera prima escrita por el propio Cortés y el actor protagonista, Alex Brendemühl, ganadora del Premio FIPRESCI (premio especial de la crítica) en el Festival de Rótterdam, uno de los más importantes en cuanto a “descubrimientos” en cine. En todo caso espero conseguir verla antes del cierre del Festival.
Y volviendo al mundo hotelero, la segunda cinta del día, cuenta la peripecia de un insignificante objeto, el mechero publicitario de un hotel, y como puede ser testigo de diferentes historias y riquezas del vivir de nuestro planeta babel. Once historias, once cortos ensamblados constituyen la arquitectura de Hotel Tívoli el último trabajo del que fuera letrista y cantante de Os Resentidos, Antón Reixa (vuelve al cine desde su anterior El lápiz del carpintero). Alimentado en la videocreación y el mundo multimedia, además de la radio y el periodismo, Reixa ha conseguido reunir, para esta hazaña viajera del mechero, (que parte de las manos de un rico financiero y acaba en las pobres manos de los niños de las calles de Argentina) a un buen grupo de buenos actores, formando lo que se conoce como película coral de historias más o menos cruzadas.

Actores (solo por nombrar algunos de los 34) de la talla de Luis Tosar, Mabel Rivera (la conmovedora hermana en Mar adentro), Ginés García Millán, Adolfo Fernández, un guiño del cantante Mikel Erentxum y la modelo Cristina Piaget, Luis Zahera (magnífico, aún estamos asombrados desde Concursante), Judith Diakhate (que curiosamente rodó antes esta cinta que La noche de los girasoles), o un Nancho Novo que se está merendando el Festival, después de medio salvar Tuya siempre, en Hotel Tívoli nos deleita con un casi improvisado papel, y asombra, según los rumores, de nuevo en la película Pudor de los hermanos Ulloa, que se estrena el viernes.
El ovillo de lana comienza a deshilacharse en un hotel de Portugal, donde un Ginés García Millán, hombre de negocios triunfador y enganchado al sexo por internet, tiene el curioso hábito de apropiarse de pequeños objetos sin valor allí donde aparca. Y a través del traspaso del mechero se van sucediendo diferentes historias dependiendo de a que manos llega. Pasamos de un idioma a otro, de una ciudad a otra, de un paisaje a otro, entre los que sobresalen con protagonismo propio el Museo Guggenheim de Bilbao, la fría y alejada Groelandia, Portugal o Argentina. Una historia que surge de la inicial idea de escribir un cuento para Intermón Oxfam. El recorrido global de un mechero o como a pesar de las paradojas y diversidad cultural todos somos muy parecidos, siendo un poco de amor lo que todos queremos a fin de cuentas.
Bastante irregular, la cinta podría verse como una serie de cortos muy distintos que han coincidido en la misma exhibición. Porque al fin y al cabo, cada uno es de una madre. Algunas historias resultan muy divertidas (personalmente la de las dos niñas del grupo de recibimiento del Papa es sencillamente desternillante, al igual que la sucedida en Bilbao con la cena de dos parejas y un Nancho Novo en estado de gracia); otras son aburridas y fallidas. Algunos tramos son de una enorme simpleza y lo que realmente constituye una equivocación de tono muy infantil es esa especie de ángel de la guardia en femenino que de vez en cuando aparece dando explicaciones que no son necesarias.

Coinciden estas historias en que todas tienen un mensaje que muestra su esquina políticamente incorrecta, lo que es de agradecer y donde sale a relucer la rebeldía contestataria del director ex-cantante. Pareciera, asimismo, y en clave de humor que todo este tinglado le da un corte de mangas a la ley antitabaco.
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Blanca Vázquez Fernández
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