Málaga cine: Concursante, lección de economía con virtuosismo audiovisual
11.03.07 @ 19:31:50. Archivado en Día del espectador

El Festival de cine de Málaga está arrancando con calidad. Aún siendo pronto para sentenciar, lo visto hasta ahora aviva la voluntad de consumir en las salas, además de palomitas, más cine de la tierra. Hoy domingo ha desembarcado el quinto título en competición, uno de los platos fuertes, Concursante, del gallego Rodrigo Cortés (1973) y presumo que ganadora de algún premio, sino a la mejor película, sí que parece acumular muchas papeletas para el trofeo al mejor actor (siempre que deje el camino libre Roberto Álvarez), por la energía con que Cortés ha exprimido el arco interpretativo que despliega, en una exhibición casi sobrenatural, uno de los actores más atractivos del panorama español, Leonardo Sbaraglia. Porque chupaito nos lo ha dejado, como hemos comprobado en la rueda de prensa, y no es para menos después de cruzar ese maremagnun de malabarismos fílmicos que es 
Concursante, utilizando un tejido narrativo en deconstrucción, (con lejanos aromas a Memento de Christopher Nolan y a la más clásica Sunset Bouvevard de Billy Wilder), su experiencia con videoclips y ciertos guiños del mundo de la publicidad, mundo en el que es ducho Rodrigo Cortés, por sus piezas publicitarias, sus premiados cortos y sus creaciones en Internet.
Abre los ojos, además de la obra de Alejandro Amenábar en la que ha participado Cortés (realizando un videoclip) es también el leiv motiv de este su primer trabajo en largo. Despertar de la ceguera funcional en la que estamos inmersos viene siendo el mensaje denuncia revestido de mucho humor negro y virtuosismo audiovisual, ante nuestra actitud hacia el dinero. Y viendo lo que le depara el mayor premio jamás concedido en la historia de la Televisión al protagonista de Concursante, vamos a pensar que es mejor tener Un millón de amigos a un millón de euros, como se nos propuso en la película sorpresa (Fernando Merinero) del comienzo del Festival.

“Crónica del ascenso y caída de un hombre normal. Muestra de como una persona puede morir aplastada por su propia fortuna. En esta película, el qué es el cómo, y el cómo es el qué” describe Cortés, en pocas palabras, pero contundentes, la cinta. Y así comienza, sin ningún misterio, el aplastamiento, real, muy real, de Martín Circo Martín, con el que el director ha realizado una vuelta de tiovivo hasta con el nombre, al igual que en algunos quiebros más de cámara. Jugar con la cámara es algo que le gusta a Cortés, y ello se le da bien. Sátira despiadada del funcionamiento financiero, ¿tal vez una crónica “antiglobalización económica”? le pregunto al director, más que eso, habla de un mundo con las reglas amañadas, pero sin pretensiones mesiánicas. En todo caso lo que ofrece Concursante, además de un excelente, trepidante y vertiginoso acabado audiovisual, valiéndose de recursos epilépticos para identificar las emociones del personaje, (para lo cual conjuga diferentes formatos, fotografía estática, momentos oníricos en blanco y negro, música electrónica, remezclas con el color y la luz y movimientos de cámara vanguardistas), es una revisión de la materia aprendida sobre economía mundial, (con una buena patada a las teorías de macroeconomía de Keynes), donde el protagonista es el dinero invisible, el dinero fantasma; Sí, sí, ese que los bancos dicen que tienen pero que no tienen. Dinero, !ay! maldito y bendito símbolo, por el que Martín se libera y por el Martín se vuelve loco finalmente.
Junto a Leonardo, se puede disfrutar de los talentos de Chete Lera, Miryam Gallego, o Fernando Cayo, que hacen de Concursante una estimulante producción, un estallido de energía y talento a raudales.
Película arriesgada, que para más Inri está financiada por el BBVA, aunque, según los productores, firmaron antes de leer el guión.
Ha desembarcado un chico portentoso en las salas de cine, Rodrigo Cortés, que trae calidad a la producción española y demuestra que nuestro cine va recuperando salud.
Absolutamente recomendable esta improbabilidad estadística, como la califica el padre de la criatura, que coge al espectador por los hombros y le da una buena sacudida. No pretende dar respuestas, pero si plantea muchas preguntas, y produce mucho desconcierto la idea de ver donde nos hemos metido desde que el hombre empezó a intercambiar huevos por tomates.
Parece que este año el Festival viene con cine cargadito de denuncia.
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Blanca Vázquez Fernández
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