Fishing expedition
28.02.07 @ 11:43:56. Archivado en Sin permiso de sus Señorías
Miró sus zapatos, mientras esperaba que llegasen los demás para embarcar. Sonrió, había tenido suerte con el regalo de Anna, solo le rozaban un poco la piel por debajo del tobillo, bien poco teniendo en cuenta que se los había comprado sin probarlos primero. Los regalos sorpresas son muy habituales y parte importante de su vida conyugal. Siempre le gustó mucho el detallismo de su esposa. Hacía quince días que había echado un ojo a ese par de italianos de buena piel. Ahora podían permitírselo. Los extras de este 2002 le habían dado quebraderos de cabeza, pero también más dinero. Y andaban necesitados con las dos hipotecas y el disparado aumento de gastos. “Adoptar medidas oportunas”...palabras de los informes de cocina que seguían bullendo en su cabeza desde hacía dos noches. Muchos cambios habían explotado desde hacía nueve meses. El año anterior el horror había inaugurado una nueva era, estaba seguro. Con el amago de una media sonrisa, reconoció que le gustaba haber ascendido, y esperaba que esta misión, a pesar de sus matices ambiguos, le reportara cierto reconocimiento. Ante este pensamiento el pardo de sus ojos giró de tonalidad. Dio un par de vueltas a la estancia aún vacia.
“Adoptar medidas oportunas”...volvían las palabras como una oleada o como un escalofrío, no sabía muy bien. En su frente se dibujó una sombra de entrecejo, casi imperceptible. No hacía frío, aunque abril estaba siendo muy lluvioso, y la lluvia no le gustaba. Aquella mañana había amanecido con niebla, una niebla pegajosa, que se escurría por cada requicio de su cerebro. Y encima les caen 13 sujetos, no es que fuera supersticioso pero.... Su expresión (planchada como le pinchaban sus compañeros) seguía impertérrita, a pesar de la novedad del trabajo. Sacó un cigarrillo, dudó un instante antes de encenderlo, miró el reloj y vio que aún tenía unos minutos antes de que llegasen Paco y el representante de la Embajada. Recordó que siempre tenía que dar explicaciones por lo de seguir fumando, aunque no llegasen a cinco los pitillos que se ventilaba al día. Explicaciones, la justas son las que había recibido con respecto a este vuelo. Asintió con la cabeza, y de repente se percató de que no estaba solo. Este secretismo lo incomodaba un poco, le daba un brillo perlado, que no conocía, a su frente. Miró a los dos pilotos que charlaban con un mecánico en los hangares.
Comprobó de nuevo el reloj. Se rió por dentro, pescar, pensó, vamos a sacar las redes. Llevaba en su maletín la lista de preguntas bajo un sello de alto secreto, que le habían pasado de los despachos intocables, como él los llamaba. Volvió a concentrarse en las risas de sus hijas, que le devolvían a su realidad con los incansables juegos infantiles. Esperaba mucho de este encargo, de esta misión con el particular consejo de inteligencia exterior, y la cobertura diplomática, no hacían nada reprochable, no hay discrepancias, no era más que un intercambio de información, para saber nosotros aquí, había que apretar allí. ¿Por qué demonios sentía, entonces, ese mariposeo en las entrañas?. Demasiados think tanks en estas decisiones. Le sudaban las manos, y sus estómago empezaba a pedir café muy negro, no sabía cuantas veces había bendecido y maldecido esta profesión. “Adoptar medidas oportunas”...dentro de una docena de horas le rozará aire húmedo y caliente, aire caribeño; el par de italianos, regalo de Anna, pisarán las galerías de Guantamo, y mirará directo a los ojos de esos diablos. Le sigue sin gustar el número 13. Carajo! que medida se encierra en las medidas oportunas.

El vértigo era insoportable, subía a gran velocidad entre la oscuridad. Se incorporó de golpe en la cama, poco a poco volvió a la realidad de su habitación y su cama. Anna dormía. Sudado y con el corazón latiendo alocadamente se levantó. Su boca áspera y seca le pedía un trago. Se acordó que hoy, 6 de Febrero de 2007, tenía la maldita reunión con los inspectores.
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Blanca Vázquez Fernández
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