Deslumbrante luz la de ese chiquillo magrebí en "Fuerte apache"
31.01.07 @ 13:52:16. Archivado en Día del espectador

Como una sesión de dj, (música celestial para sus adolescentes protagonistas) con cortes de ritmo, paradas, raspados y crujidos en la estructura del discurso fílmico, así se cuela en nuestras retinas este Fuerte apache, ópera prima del director catalán Mateu Adrover. La desesperanza y furia de los adolescentes abandonados a una vida que comienza a caminar en la cuerda floja es lo que ha trabajado y mostrado este cineasta. Para ello se ha hecho acompañar de dos estupendos actores, Juan Diego, que aquí está sencillamente “hermoso” en su papel de educador en un centro tutelado para menores y ganador de un merecidísimo Goya 2006 al mejor actor, y una Lolita que con el paso de los años, como el buen vino, se arropa de calidad en su labor artística traspasando la pantalla y dándole una réplica de altura a Diego. Además de estas dos joyas del actual cine español, que tanto promociona la vacuidad de la nena mona a lo Juani, se pasean por esta cinta un grupo de chavales adolescentes que conforman todo un jugueteo y goloso circo teatral.
Repleta de rabia y no menos violencia, Fuerte apache sorprende, no solo por su seria temática social, también por su ritmo (hip-hop) narrativo y fílmico que, podríamos decir abusa en algunas ocasiones de cambios bruscos de montaje (ya dicho en el abierto de este texto), haciendo que algunas escenas nos sepan a poco, cuando hubieran requerido alargar su discurso. Bienvenidas son las pocas escenas cómicas que dan un respiro necesario al drama princiapal de la cinta, el encauzar almas tan frágiles y heridas hacia un (cierto o incierto) futuro.
La película cuenta la agotadora tarea de un grupo de educares (gran parte de ellos acaban cogiendo la baja por depresión) en un centro en el que las autoridades depositan menores problemáticos con la justicia, con el fin de intentar una segunda (o tercera, o cuarta) oportunidad antes de que tengan la edad suficiente para ingresar en un centro cerrado, ósea, una prisión. Refleja este director novel también la segunda oportunidad en el amor, en un amor maduro, profundo y compañero.

Entre la banda de adolescentes destaca la mirada inteligente, y chispeante de un brillante actor magrebí Hamza el Hilali, que supone, quizá sin haberlo pretendido tan directamente el director, la luz que provoca los aplausos finales del espectador.
Echamos de menos un poco más de Lolita en el conjunto de la cinta y aplaudimos la elección de un Juan Diego que está en uno de sus momentos cumbres.
Una propuesta realmente interesante de nuestro cine, propuesta que deja entrever que hay cine más allá de Almodóvar y Penelopes.
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Blanca Vázquez Fernández
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