Noviembre sangriento
12.11.06 @ 17:14:53. Archivado en Dossieres, Oriente Próximo

El diccionario de la Real Academia define el término empatía como consistente en una “identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro”.
Una de las maneras, sino la única, de entender el dolor de los otros es sumergirse en la empatía para con esos dolientes. Generosos periodistas y escritores, que nos ofrecen con enorme generosidad no solo su estilismo lingüístico, también con humanidad la evidencia de lo evidente, lo que es de obligado recordatorio y lo que se esconde detrás de las palabras maltratadas de los comunicados oficiales del (también) terrorismo del Estado de Israel. Robert Fisk, John Berger, Ryszard Kapuscinski, Edward Said o Noam Chonski son algunos de los muchos intelectuales que consumen o consumieron su energía en mostrar el aplastamiento continuado de los palestinos. Importantes intelectuales de los que nos nutrimos para poner en palabras (no violadas) nuestra impotencia. Soledad Gallego-Díaz, otra generosa intelectual, ha compuesto una elegía magnífica en su artículo, “Creemos en su dolor”, claro ejemplo de empatía con el dolor de este pueblo al que ya no queda nada más por exprimir, a los que los muros de sus casas no protegen, porque son inmisericordemente derruidos, y otros muros aíslan en absoluta miseria. Gallego-Díaz hace una apropiada comparación de esta guerra sucia con los sucios bombardeos americanos en la guerra de Vietnam. Las leyes internacionales no parecen mostrar la mínima huella de existencia para el extremismo de la política del Estado de Israel. Esconden sus carnazas bajo excusas de equivocada puntería (tantos fallos tiene el ejercito israelí que parecieran unos aficionados, si no fuera porque ya no creemos en esos fallos). O quizá es que sus terminators confunden los cuerpos de las mujeres con postes de tiro al blanco, o las familias con bandadas de aves y así practicar el tiro al plato.
Sigue resultado extraño, para todos los que condenamos el nazismo que un pueblo que ha sufrido tal exterminación se convierta en exterminador a su vez. Hace cierto el temor de que el maltratado se convierte en maltratador. Un pueblo al que su inseguridad por el acoso de siglos pasados se reafirma rebajando a su víctima, poniéndola contra las cuerdas, y si no es suficiente, eliminándola.

Noviembre sangriento en este campo de concentración que es Palestina, noviembre de desesperación invencible, como describió John Berger a esa pose de los agredidos despojados incluso de dignidad. Mujeres desarmadas a las que se les dispara a bocajarro, milicianos o civiles (lo mismo da) muertos y heridos por la mano certera de misiles cerca de Jabalya. Los mismos que se lanzaron a un grupo de milicianos cerca de un jardín de infancia, matando a un muchacho, hiriendo gravemente a un profesor y ocho niños. Desesperación invencible de una mujer suicida que salta por los aires cerca de las tropas israelíes en Beit Hanoun, hiriendo a un soldado. El martes día 7 Israel anuncia que ha completado su operación en la zona, con el resultado de 60 heridos entre milicianos armados y civiles. Pero el miércoles día 8 vuelta a Beit Hanoun, ante una posible insatisfacción personal, y asesinato de 19 civiles, en una lluvia de artillería. Diez niños y siete mujeres, además de numerosos heridos. Ataques a edificios habitados por familias. Recreación de Auschwitz por Israel, coronada hoy, domingo día 12, por la muerte de un adolescente de 16 años en otro bombardeo israelí.
Practiquemos la empatía, imaginemos a nuestros sobrinos, hijos, primos, hermanos despedazados, recogiendo sus cuerpos en nuestras hogares destrozados. Sin lágrimas, solo con un dolor tan fuerte que impide escuchar nada ni a nadie. Que no oyes, como nunca has oído las condenas internacionales. Que solo oyes, como un murmullo abstracto una condena, la del Papa a la celebración del orgullo gay más allá del muro. Hagamos algo, digamos la verdad sobre las matanzas de Israel, su codicia, su racismo absoluto. Ya nos lo recuerda Maruja Torres desde la zona: El Gobierno israelí, que gobierna a Bush, presume de un vicepresidente nazi (entendido hoy como ser racista con los árabes, ultraderechista reconocido llamado Avigdor Lieberman, que postula la solución chechena para Gaza y Cisjordania y la solución chipriota para segregar a los árabes israelíes.
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Blanca Vázquez Fernández
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