Cittáslow, disfrutar de la lentitud
10.11.06 @ 18:03:09. Archivado en Sociedad y cultura
Hace una semana apareció un reportaje en EPS acerca del despertar a la belleza de lo lento. Ya publiqué, en abril pasado, este mismo texto que reedito debido a la vuelta a la actualidad de las ciudades europeas que estan intentando entrar en la denominación de Cittá Slow (originario de Italia). Desde que escribí el artículo, ya se han sumado más pequeñas localidades españolas a esta red de resistencia al ritmo de vida que llevamos marcado por la dictadura de la velocidad y que nos impide disfrutar adecuadamente de la vida, además de cansarnos, deprimirnos y aíslarnos.
Cittáslow es una respuesta lógica y a la vez un ataque a todo eso. Y ¿qué es Cittáslow (ciudades lentas)? Es una asociación de municipios con menos de 50.000 habitantes cuya finalidad es decir STOP; es un intento de resistencia frente a la vertiginosa aceleración del ritmo de vida moderna y sus deletéreas consecuencias

Cittáslow es también un conjunto de políticas en materia de desarrollo urbanístico (tan necesario hoy día en vista de los desafueros que salen a flote), transportes y áreas peatonales, defensa del pequeño comercio, de la agricultura biológica, de las tradiciones locales...es un movimiento que quiere salvar el precioso bagaje de experiencias, valores y conocimientos que reside en los pequeños centros, en las provincias, en las periferias del mundo moderno, y preconizar esa vida vecinal tan olvidada.
Cittáslow nació en Orvieto, un municipio del centro de Italia, en 1999, al cual se han ido añadiendo otros municipios. Fuera de Italia el movimiento ya cuenta con Ayuntamientos afiliados en Alemania, Reino Unidos, Noruega, Polonia, o Portugal. Y ¿en España? localidades muy interesados en formar parte: Pals, Palafrugell y Begur (Costa Brava), Mungia y Lekeitio(País Vasco), o Rubielos de Mora (Aragón), Bigastro (Alicante) y Pozo Alcón (Andalucía).
El primer teniente de alcalde y coordinador del proyecto Cittáslow en Palafrugell, Juli Fernández, afirma tajante: “Hay que entender que poner límites al crecimiento urbanístico masivo y apostar por la calidad de vida es algo rentable incluso económicamente”.
En ocasiones no resulta fácil el camino, y hay que hacer concesiones, como el caso que cuenta Vicente Verdú sobre Bigastro: La recuperación de la huerta abandonada por sus tradicionales agricultores se realiza mendiante un canje de campo por edificabilidad. Los constructores están autorizados a levantar un ático más, fuera de los planes, a cambio de entregar una hectárea agrícola que formará parte de los llamados "huertos de ocio". Increible lo que hay que hacer para conservar algo de nuestra naturaleza.
Además de ampliar las zonas peatonales y limitar el uso del coche, (un domingo al mes hay prohibición total de circulación en Orvieto), las ciudades lentas multiplican los puntos de encuentro y descanso en el área urbana, prohíben las alarmas sonoras, los letreros de neón, y protegen los pequeños comercios y la comida slow-food.
Pero la cuestión no es ralentizar el mundo entero, sino hacer cada cosa a su velocidad adecuada, observa Carl Honoré en su Elogio de la lentitud. Ya el éxito de este libro denota un repentino deseo de lentitud por la sociedad actual. Claro que este deseo no es baladí y viene avalado por algunos datos: las primeras causas de muerte en España son las enfermedades isquemias del corazón (40.353 fallecimientos en 2003), las cerebrovasculares (37.225) y las insuficiencias cardiacas (19.863). En cuarto puesto está el cáncer de pulmón y bronquios, y más abajo en la lista se encuentran muertes por enfermedades hipertensivas (6.228) y por accidentes de tráfico (5.478).
El truco de una vida de calidad está en tomároslo con calma.
Foto: Palafrugell
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Blanca Vázquez Fernández
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