Una muerte anunciada
09.10.06 @ 19:01:15. Archivado en Sin permiso de sus Señorías

Artículo del semanario Time de abril de 2003.
Anna Politkovskaya, corresponsal del quincenal Novaya Gazeta de Moscú, estaba en Los Ángeles en octubre de 2002, recogiendo su vestido para una ceremonia de premios de periodismo cuando recibió noticias asombrosas desde Moscú: terroristas chechenios mantenían secuestrados a 850 rehenes en un teatro. Las autoridades rusas trataron de enviar negociadores, sin embargo los terroristas se negaron a verlos. Preguntaron por Politkovskaya.
Por lo tanto Anna se apresuró a cubrir otro episodio de una de las guerras más sucias y largas del planeta, que esta vez se sucede en Moscú. Los terroristas, dice la periodista, “querían alguien que diese una información verad. Mi trabajo en Chechenia hace creer a su gente que no miento. Pero poco más pude hacer por los rehenes”. Les llevó agua y zumo de frutas, e informó al mundo de su abatimiento y sentimiento de fracaso. Dos días después, las fuerzas especiales rusas asaltaron y gasearon el teatro, matando 129 rehenes y 41 terroristas.
Politkovskaya, de 44 años, (48 en octubre de 2006), se hizo un nombre escribiendo detallados, certeros e intensos reportajes sobre la situación de la población civil en Chechenia, atrapados en el horror de la guerra desde 1994. Habla de gente que es sacada de sus casas durante la noche y nunca vuelve; sobre ejecuciones extrajudiciales; sobre los hambrientos refugiados de los fríos y húmedos campos. “Fue el problema de los refugiados la gota que colmó el vaso. Cuando la segunda guerra chechena estalló en 1999, miles de refugiados comenzaron a inundar los improvisados campos de refugiados. Fue algo horrible estar entre los refugiados, allí en el terreno, en octubre de 1999, y ver como volaban los misiles sobre nuestras cabezas”, recuerda Anna.
Cuando estos misiles cayeron en un mercado de Grozny, el hecho fue cubierto por periodistas como Politkovskaya que obligaron a los mandos rusos a enviar ambulancias y sacar a los refugiados. “Nuestro trabajo es una palanca para ayudar a la gente en todo lo que nos sea posible”, afirma. Pero puede también causar problemas. En febrero del 2000, la FSB (antigua KGB) arrestó a la periodista en Vedeno, distrito de Chechenia. La mantuvieron en un foso durante tres días sin agua ni comida.
“Era importante no dejar que me mataran el primer día”, dijo. Un año después, un oficial ruso, de quién Politkovskaya denunció crímenes de guerra, amenazó con matarla. La publicación Novaya Gazeta tuvo que esconderla en Austria por un tiempo. El oficial está ahora a la espera de juicio con los cargos por crímenes de guerra cometidos en Chechenia que la periodista denunció. “Sin embargo no me siento victoriosa” dice ella, “solo creo que vivimos dentro de una gran tragedia“.
Sus editores han tenido que hacer frente a presiones del Kremlin, enfurecidos ante los reportajes de Politkovskaya. Novaya Gazeta se encuentran al borde de un cierre forzoso. “Bueno, eso va con el trabajo”, se encoge de hombres. Politkovskaya ha aprendido a controlar sus miedos y ansiedades.
Mientras prepara otro viaje a Chechenia, admite que ahora es muy conocida para ser un blanco del FSB. Aunque realmente no piensa ya en esas cosas. “Si no tienes la fuerza suficiente para controlar esas emociones, no eres de ayuda para la gente que vive continuamente el dolor y el miedo. Solo les añades más a su carga”.
Cuatro disparos con una pistola Makárov acabaron el sábado 7 de octubre con la vida de Anna Politkovskaya, crítica con la política del presidente Vladímir Pudin en Chechenia y en el Cáucaso. Tenía en marcha la publicación de varios artículos sobre la tortura.
Se demuestra una vez más que el periodismo de compromiso con la verdad sigue siendo uno de los trabajos más peligrosos del mundo.
Y como dice Josep Ramoneda nos encontramos ante una Rusia profundamente enferma donde "Putin ha construido su Estado personal, en el que se persigue a cualquier medio de comunicación que no acepte el juego del Kremlin; se destruye a los empresarios que no forman parte del núcleo de amistades; se somete al poder legislativo, convirtiendo a cualquier oponente en invisible; se aplica la justicia sumaria a los que estorban; y se ejerce -conforme a la tradición rusa- un nihilismo de Estado para que nadie olvide que el material humano es, para el poder, carne de basura...cuando política, justicia y dinero se conjugan en una misma persona, la democracia languidece, el poder se concentra y los matones campan a sus anchas. Y cuando se juega, como ocurre ahora en el mundo, con las doctrinas de homogeneidad étnica y con la apología del comunitarismo nadie está a salvo de esta deriva. Politkovskaya nos lo recordó mil veces y nadie le hizo caso. Ella está muerta. Y Rusia profundamente enferma".
Y también: Construyendo una nueva Roma en Rusia
Comentarios:
Aún no hay Comentarios para este post...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Los comentarios para este post están cerrados.
Blanca Vázquez Fernández
Contacto


