Por la abolición universal
25.09.06 @ 19:11:04. Archivado en Opinión desde la traducción
Robert Badinter, ex presidente del Consejo Constitucional francés y antiguo Ministro de Justicia, en lucha constante por la abolición de la pena de muerte, acaba de publicar en la editorial Fayard el volumen “Contra la pena de muerte”, cuyo prólogo, aparecido en Le Nouvel Observateur, transcribo seguidamente.

Una derrota para la humanidad
La pena de muerte no protege a la sociedad de hombres libres, más bien la deshonra. Se apropia de la práctica del asesino, asesinándolo a su vez. Cae en la trampa secreta que le tiende el crimen. La de verter sangre con la denominación de castigo. El hombre es un animal que mata. No para asegurarse su alimento, sino porque la conciencia y el control son, en algunos seres y en ciertos momentos, impotentes en parar las pulsaciones de la muerte. Si se quieren reducir no hagamos la ley de la calle.
Sacrilegio contra la vida, la pena de muerte es, además, inútil. Nunca, en ningún lugar, ha reducido la criminalidad violenta. Reacción, en lugar de disuasión, no es más que la expresión legal del instinto asesino. Nos rebaja sin protegernos. Es venganza y no justicia.
El rechazo de una justicia que mata es un principio universal, como los derechos humanos. Y es en ellos donde se apoya la abolición. El primero de los derechos humanos es el derecho a la vida. En este límite, infranqueable en una democracia, se detiene el poder del Estado. Exigencia primera que vale para toda la humanidad. Es decir que la causa por la abolición de la pena de muerte es universal.
En 2005, de 191 Estados que forman la ONU, 118 son abolicionistas. Es mayoría la abolición en el conjunto del planeta. Reina en el continente europeo, a excepción de Bielorrusia. En el continente americano la abolición es la regla común, a excepción de Estados Unidos y Cuba. En África y Asia, los progresos de la abolición son constantes. Desde hace un cuarto de siglo se suceden protocolos, tratados, declaraciones que prefiguran la abolición universal de la pena de muerte.
La lista roja
Paradójicamente es en la primera gran democracia de los tiempos modernos, Estados Unidos, hoy día primera potencia mundial y modelo cultural dominante, donde se lleva a cabo la batalla decisiva por la abolición universal. Y no es que Estados Unidos sean los primeros en la lista roja de los países en los que todavía hace estragos la pena de muerte. Los chinos ejecutan miles de condenados cada año. Más allá de las ejecuciones públicas con puesta en escena macabra, ¿cuántas liquidaciones secretas se llevan a cabo en las prisiones?. Nadie lo sabe con precisión.
China reivindica, a menudo, su derecho a una concepción específica de los derechos humanos. Pero ningún Estado puede pretender respetar los derechos humanos cuando realiza ejecuciones en masa o clandestinas.
Con ocasión de los Juegos Olímpicos de Pékin 2008, se acerca el momento propicio para lanzar una vasta campaña exigiendo moratorias sobre las ejecuciones.
El problema planteado a los abolicionistas por los Estados islamistas es de otro orden. Irán es, después de China, el mayor productor de ejecuciones capitales. Arabia Saudita y los Emiratos árabes exigen la charia para fundar su práctica siniestra: ahorcamiento, decapitación, lapidación, los suplicios son variados. Se trata de hacer respetar la ley divina mediante la muerte.
El caso americano
Estados Unidos, vieja democracia, se ejerce todavía la pena de muerte. En 1972 su práctica casi había caído en desuso por lo que la Corte Suprema declaró contraria a la Constitución la pena de muerte. Se creía ya abolida. Sin embargo no fue así, el aumento de la criminalidad, el culto a la ley y el orden condujeron a cambios legislativos así como la instauración de nuevas técnicas de ejecución, específicamente las inyecciones letales de veneno. A partir de 1977 las condenas y ejecuciones recobraron fuerza, especialmente en los Estados del sur, Texas, Virginia, Florida. La culminación se produjo en el año 2001 con 112 condenas y 66 ejecuciones. Texas, cuyo gobernador era George W.Bush, iba a la cabeza de este fúnebre palmarés. Estados Unidos se convirtieron en la referencia política de todos los partidarios de la pena de muerte en el mundo. ¿Cómo convencer a los Estados asiáticos o africanos, o incluso a democracias como Japón, para abolir la pena de muerte si Estados Unidos se vuelcan con celo?.
Sin embargo los Estados Unidos están avocados, como todas las democracias, a la abolición. Y antes de lo que pensamos. Recordemos primero que no hay consenso sobre la pena de muerte en Estados Unidos: 12 Estados sobre 52 permanecen abolicionistas. Además que comprobarse que no protege del crimen, el número de condenados a muerte reconocidos inocentes es cada vez más elevado, 122 desde 1973 (y se trata de condenados salvados antes de la ejecución). !Cuantos inocentes ejecutados se descubrirían si se reabriesen casos recurriendo al ADN!
La amenaza terrorista
El terrorismo internacional organizado es hoy día una de las principales amenazas contra la paz mundial. Numerosos Estados han adoptado legislaciones excepcionales, en muchos casos con menosprecio a las libertades fundamentales.
En lo que concierne a la pena de muerte, la experiencia prueba que lejos de prevenir o reducir el terrorismo, no hace sino agravarlo. Imposible creer que amenazar con la muerte va a hacer retroceder aquellos que estrellan aviones contra edificios con ellos dentro o accionan bombas con su propio cuerpo en lugares públicos. Bien al contrario a los ojos de los partidarios la pena de muerte transforma al terrorista ejecutado en héroe que habrá sacrificado su vida por la causa. Resulta significativo que grandes Estados democráticos, como Reino Unido cara al IRA, o España con respecto a ETA, no hayan restablecido la pena de muerte.
De cara al terrorismo la abolición concede a la democracia una dimensión ética esencial. El terrorista mata víctimas inocentes en nombre de su ideología. La democracia defiende la libertad y reconoce que toda vida es sagrada. De cara al crimen y al ultraje, la justicia de una democracia debe rechazar la venganza y la muerte.
!Viva la vida! Grita el hombre de libertad en respuesta al !Viva la muerte! del fascista.
Viva la vida es la esencia de la abolición de la pena de muerte, última victoria del hombre sobre si mismo.
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Blanca Vázquez Fernández
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